El que siempre espera

Hay películas que uno siente la necesidad de defender aunque no le hayan gustado. Hay otras que a pesar de habernos agradado jamás nos moverían a escribir una sola línea. Finalmente quedan aquellas de las que solo puede hablarse de modo visceral, sin colocarlas en una balanza. Y así es como quisiera hablarles de No Country For Old Men (me niego a llamarla por su título en castellano). Sin más, sin necesidad de explicar precedentes ni argumentos, sin mencionar nominaciones o éxitos.
No Country For Old Men no es un thriller. No trata sobre el tráfico fronterizo de drogas, sobre un trapicheo que sale mal, no es sólo la historia de Llewelyn Moss, hombre de moralidad confusa que acaba embrollado en él, o del implacable asesino a sueldo que le persigue. Ustedes son listos y se darán cuenta de ello. Pero para quien no lo sea siempre quedará el anticlímax: Durante gran parte de la función seguimos a Llewelyn, cazador convertido en pieza, quien precavido y sigiloso aplica su ingenio para zafarse del estrecho cerco que Chigurh ha colocado alrededor de su vida. Le vemos salir en cada ocasión indemne. Por poco. Por un cada vez menor margen. En el aire se sostiene inmóvil la certeza de un desenlace, de un último enfrentamiento, the final showdown. Quizá en un motel o en una autopista o en algún punto de las vastas desolaciones de Texas. Y sin embargo éste no llega. El sheriff Bell se nos cruza por medio con su anodina historia paralela. Un súbito cambio de punto de vista narrativo cuando la fatalidad absurda y estúpida, cuando el descuido fatal ya ha sucedido. Montaje tan sencillo y directo que dejará a más de un espectador frotándose los ojos con descrédito.
No Country For Old Men trata en cambio sobre la vejez y la muerte. Es El Séptimo Sello americano. No Country For Old Men es una fusión casi perfecta de la prosa seca y cortante y el lirismo disimulado y sostenido de la novela de Cormac McCarthy, de la dialéctica entre sus pulsiones religiosas y su visión del mundo como un lugar fundamentalmente inhóspito, con la obsesión recurrente de los Coen por lo aleatorio, por la fatalidad sin sentido. Ya sean dos personas con el mismo nombre o una cadena de eventos que se desenmaraña hasta condenarte a la silla eléctrica.

En las inmensidades abrasadas y desérticas se respira lo sublime. Lo divino. El sobrecogimiento ante lo que es más grande que nosotros mismos. Y por ellas viaja siguiéndote Chigurh. No jugará al ajedrez contigo. No hay pactos que valgan. Tu muerte es innegociable. Chigurh quizá sea vulnerable, pero jamás sucumbe. Sólo queda un cara o cruz. Toda tu vida ha convergido a este instante. Todas tus dichas, tus sufrimientos, las horas sacudidas por lo nuevo, los días contados con descuido. Cada hoja que se ha desprendido silenciosa de tu calendario conduce a este momento. Este momento en el que Él te pide que elijas. Cara o cruz. Un peldaño suelto que evitamos por casualidad, un adelantamiento apurado que aparece tras una curva. Cara o cruz. Si lo arbitrario no sucede, todo volverá a la normalidad. Esa escalera, esa curva, quedarán atrás y esa moneda se confundirá con las otras.
Quien les sobrevive a todos, el último hombre en pie, es el sheriff Bell, y con él sus sueños. Sueña que ha perdido el dinero que su padre le ha dado; mientras, Llewelyn trata de administrar como puede la fortuna sucia que el azar le ha regalado. Sueña con que cabalga con su padre, y que éste se adelanta para tal vez esperarle en algún lugar con un fuego encendido. Tiempo que no pasaron juntos. Mientras, la mujer de Llewelyn aguarda a que éste regrese a casa, como hace invariablemente. Y cuando él no regresa, quien lo hace es otro. El que siempre espera.












Lo ha clavado usted, oiga. Lo ha clavado.
Qué ganas de verla Dr. Zito.
Pues cuente lo que le ha parecido cuando la haya visto, Madamoiselle Catherine. Yo pienso repetir con subtitulos, porque a pelo y en tejano es complicadisima de entender.
Acabo de verla: es una de esas pocas películas que te dejan temblando. Magnífico post, magnífico.
Gran post, camarada.
Hacia cacho que no me emocionaba con una peli, y con esta llegue a ese estado en unas cuantas ocasiones. A mi me enamoro, francamente, y solo la falta de tiempo que tengo encima ha impedido que lleve loandola desde hace tres semanas.
Un placer tenerle por aqui de nuevo, amigo JP. Su reseña tampoco se queda manca.
Goio, esta pelicula es sobrecogedora, sin duda ninguna. Hasta grados que (supongo) solo son comparables a las experiencias religiosas.