La noche es nuestra

A primera vista, La Noche Es Nuestra parece una película ideal para ser vista en DVD de alquiler una perezosa tarde de domingo; una tragedia griega de fachada neoyorquina, austera, frugal, casi rutinaria, poco espectacular en su representación de los ochenta. Sin embargo la obra de James Gray ofrece tesoros evidentes y soterrados. Por un lado, contiene al menos dos escenas monumentales. Una, la persecución bajo la lluvia, velocísima, gris, borrosa, filmada casi únicamente desde el interior de los vehículos, acompañada por un mínimo sonido de ambiente -chaparreo y limpiaparabrisas- y que nos conduce junto a Bobby (un veraz y atormentado Joaquin Phoenix) a la contemplación irremisible e impotente de su desenlace. La segunda, (por poco un remake de un momento análogo en Señales), la tensa conclusión en la que Bobby sale al encuentro de su Némesis en la espesura pantanosa. La niebla, la quietud, las siluetas silenciosas, amigos o enemigos, prestan fondo a esa caza de si mismo, al anticlímax en que asume por fin el destino que hasta entonces se había obcecado en eludir.

Por otro lado, el personaje de Amada (Eva Mendes) revela calladamente (además de una teta a los cinco minutos; ¡bien!) las miserias de dos comunidades patriarcales, policías y ladrones, en las que honores y pecados se transmiten originales e indelebles. Y de paso también la parte más mezquina de lo masculino, que define la valía de un hombre por la belleza de la mujer que acomoda en su regazo. A Amada apenas se le permite intervenir en los asuntos familiares o reunirse con su madre. Y finalmente se rebela. Mientras, Bobby se entrega dócil a su sino, obsesionado con una causa como solo un hombre puede hacerlo, y acaba satisfaciendo las expectativas ajenas por completo.

Algunos han entendido este desarrollo como un apoyo a los valores ultramontanos. A ello ayuda la parquedad de Gray o cierta desidia a la hora de desarrollar la historia. Pero semejante interpretación más bien demuestra que muchos aún no han comprendido que en el cine existe una aguda diferencia entre presencia y apología, entre mostrar algo y aprobarlo. Son malos tiempos para la sutileza.

~ por Dr Zito en Miércoles, Abril 16, 2008.

4 comentarios to “La noche es nuestra”

  1. Se revela cuando Wahlberg descubrimos ya rendidos ante el talento de Gray, le confiesa a su hermanito que le envidiaba Amanda desaparece y por eso funiona tan bien en la película, creo que reclcar más hubiera convertido a la historia de una persona que se pasa al heroísmo con todas sus trágicas consecuencias, en un melodrama enfático.

  2. Hay otra escena genial, que seguramente tendrá en la cabeza: la de Bobby en el ‘laboratorio’ del narco ruso.

    Por otra parte, si el objetivo del director es sólo mostrar y no aprobar, no lo consigue con el final. La película deja un cierto regusto conservador. Aun así, no me esperaba mucho cuando fui a verla y, sin embargo, salí encantado.

  3. ¡Se revela como una película de amor fraternal! Es algo así como que , para Phoenix, su hermano, Whalberg, siempre va estar AHÍ, y Amada no.

  4. [...] Un film de apariencia canónica noir, sobre atracos, dinero y tullidos morales que, como “La Noche es Nuestra” de James Gray, acaba despojándose de todo los elementos genéricos para mostrar su verdadera [...]

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