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El Síndrome de Cassandra

Jueves, mayo 15, 2008

Hace unos meses les hablaba sobre el Paradigma Preventivo, doctrina legal asumida por el mundo occidental desde el 11-S, y también de ciertos desarrollos científicos en los que este paradigma podría apoyarse para conseguir que las intenciones resulten suficientes para encausar a alguien por un crimen aún por cometer. El Reino de Philip K. Dick en la Tierra. Puede parecerles todavía una posibilidad lejana y fantasiosa. Sin embargo, aquí, ahora, los gobiernos de algunos países desarrollados (en especial ese gobierno en el que están ustedes pensando) buscan obtener nuevas tecnologías capaces de determinar si un individuo alberga o no intenciones hostiles.

El Project Hostile Intent (PHI), idea punta del Departamento de Seguridad Interior para la defensa de los Estados Unidos, cobija bajo sus tenebrosas alas una miríada de proyectos destinados a analizar y predecir el comportamiento de los viajeros que entren en territorio estadounidense, buscando precisamente eso, propósitos, ideas, amenazas, futuras o presentes. Buscan métodos remotos y no intrusivos. Haces de láser, cámaras, micrófonos, trazadores oculares, que midan e identifiquen expresiones faciales, la presión arterial, el pulso, el sudor, para a partir de estos datos determinar nuestros pensamientos y emociones. Algunas de estas técnicas se utilizan ya de forma habitual, como la identificación basada en microgestos, llamada SPOT, y que son básicamente los métodos que emplean los puertas de discoteca para adivinar nuestro nivel de alcohol en sangre. Otras, como el Sistema Cogito, ya introducido en Israel por Suspect Detection Systems (SDS), colocan al infortunado viajero en un quiosco en el que sus constantes son medidas al mismo tiempo que es sometido con disimulo a un test poligráfico. No obstante, la meta final, el sueño húmedo de HSARPA (que no SHIELD), sería la obtención a medio plazo de un sistema de seguridad externo e integrado, capaz de extraernos toda la información considerada relevante, mientras nos acercamos como corderos al mostrador en el que nos espera el habitual y adusto empleado de aduanas. ¿Una fantasía salvaje? El primer paso ya se ha dado.

Muchos dudan de que semejantes iniciativas puedan alcanzar éxito alguno. La complejidad de este Santo Grial de la seguridad es tal que el objetivo que se persigue es virtualmente imposible. Además, los procesos técnicos y legales necesarios para que estos procedimientos entren finalmente en vigor serían largos, muy costosos y difíciles de revertir. Seria de ilusos creer que las autoridades no son conscientes de estos inconvenientes. Y sin embargo, continúan adelante. Entonces, ¿qué buscan en realidad con estas medidas?

Steven Levitt, uno de los imperialistas científicos más famosos del mundo gracias a su Freakonomics, conjeturaba en una serie de artículos (uno, dos y tres) sobre las maneras más eficaces de generar terror entre la población. Su conclusión era sencilla. No hacen falta bombas sucias ni ataques grandilocuentes. Basta una amenaza absurdamente lo-tech: Veinte francotiradores, distribuidos por el país, disparando a la hora convenida, moviéndose con rapidez hasta el siguiente punto, elegido al azar, una y otra vez, dejando claro que nadie es especial, que nadie está a salvo. La moraleja: Existen infinitas formas de aterrorizar. Impredecibles e imprevisibles (hasta yo me di cuenta de ello de niño cuando imaginaba disparar un bazooka contra la M-30). Levitt concluía que la ausencia de ataques terroristas, pese a alertas y demás fanfarrias de la Fox, solo puede significar dos cosas: O bien que las fuerzas de seguridad han actuado de forma increíblemente competente o bien que la amenaza terrorista no es tan severa como nos quieren hacer creer.

Sucede que existe en los humanos la tendencia genérica a sobrestimar la probabilidad de eventos muy graves. Tendemos a creer que los desastres son relativamente más frecuentes de lo que en realidad son. Y nuestra innata dificultad para calcular correctamente riesgos suele devenir en tragedia: Durante los tres últimos meses del 2001 la cantidad de personas que en Estados Unidos dejó de utilizar el avión y comenzó a usar el coche fue de tal magnitud que al menos 1200 muertes en carretera durante ese periodo pueden ser directamente atribuibles al miedo (y también a la incomodidad de las nuevas medidas de seguridad aeroportuarias). Todo ello pese a que sabemos un ataque terrorista es extremadamente improbable y que su coste en vidas al cabo del año es ínfimo. Pero tampoco es muy probable que la niñera abuse de nuestro retoño y miren las cosas que inventan. Y es que tan solo un largo tiempo de exposición a un riesgo nos permite aprender a evaluar con cierta exactitud su probabilidad (como se ha demostrado en el caso de los conductores de autobús en Israel). Mientras ese día llegue, el miedo imperará y la ciudadanía demandará que se tomen medidas que lo alivien. No importa demasiado cuan útiles sean. Lo importante es que lo aparenten. Lo peor que le puede ocurrir a un político es parecer que no hace nada por detener la amenaza. Lo peor que le puede ocurrir al responsable de un servicio de inteligencia o de una agencia de seguridad es que suceda un ataque inesperado, sin conocimiento previo, o peor aún, que en algún lugar exista un informe desatendido que avisara de tal eventualidad. Por eso se debe aparentar que “estamos trabajando en ello”. Por ello se sobredimensionan amenazas breves o se buscan peligros inexistentes. Por eso se sale a las calles y a los noticiarios con un megáfono en la mano gritando “¡alerta naranja!, ¡alerta naranja!”. Es el Síndrome de Cassandra.

Pero tengan en cuenta algo más. La profecía del desastre produce miedo. Quien demuestre poder solucionarlo será más probable que nos gobierne. Y mientras dure el miedo durará el control.

8 comentarios leave one →
  1. Jueves, mayo 15, 2008 8:06 am

    Casualmente anoche volví a ver la película “Sed de mal” (Touch of evil) de Orson Welles donde Charlton Heston, en su papel de policía bueno, le decía a Orson Welles, en su papel de policía malo algo así como… “Claro que el trabajo policial es difícil, el trabajo policial solo es fácil en los Estados policiales”.
    Casualmente en esta película Orson Welles, en su papel de policía malo, fabricaba las pruebas necesarias para encarcelar y condenar a aquellas personas a las que su “intuición” le señalaba como culpable.
    Terminada de verla quedé pensando en como Orson Welles había realizado una especie de Minority Report de muchísima más calidad cinematográfica y sin necesidad de tantos trucos en el año 1.958. También recuerdo que Orson Welles preentaba un documental orientado a las profecías bíblicas y otro a las profecias de Nostradamus así que quizás su capacidad profética venga de allí.
    El tema, he de aclararlo, me preocupa y mucho y solía llamarse Estado de Sospecha, si mal no recuerdo, y lo defino como el Estado para el cual todos sus ciudadanos son culpables hasta que demuestren lo contrario.
    Cambiar la carga de la prueba, obligar a una persona a que demuestre su inocencia presumiéndolo como culpable es un crimen de lesa humanidad por donde se lo mire pero, lamentablemente, pareciese ser que la mayoría de los habitantes del mundo desarrollado desea sacrificar su libertad para obtener seguridad lo que, en sí, es cuasi paradójico.
    Por mi parte he aprendido gracias al mito de Pandora que una vez abierta la caja y escapados los monstruos volverlos a encerrar es casi imposible… pero la “cultura del miedo” que retrata Michel Moore en “Bowling for Columbine” parece estar dando, al fin, los esperados frutos que sus impulsores estaban buscando.
    Excelente artículo y un gran abrazo.

  2. Jueves, mayo 15, 2008 10:19 am

    “En el sistema de propaganda de Estados Unidos, Saddam Hussein pasaba en septiembre de ser un tipo malo a ser una amenaza para la existencia de EE.UU. En septiembre, de repente, los sondeos de opinión empezaron a incluir la pregunta: ‘¿Piensa usted que Saddam Hussein es una amenaza inmediata?’. Desde entonces más o menos dos tercios de la población piensa que si no paramos a Saddam hoy, nos va a matar mañana. Curiosamente, el pueblo estadounidense es el único del mundo con la excepción del mismo pueblo Iraquí que tiene ese miedo a Saddam Hussein. En países vecinos como Kuwait e Irán se le desprecia, pero no se le tiene miedo. Bueno, ¿qué pasó en septiembre del 2002? Pues se celebraron las elecciones legislativas en EE.UU. La Administración tenía que evitar que cuestiones como Enron, las pensiones o el paro fuesen temas electorales. Y cuando tiene miedo, la gente busca el cobijo del poder. Esto la Administración lo sabe de sobra. Ya lo hicieron en los ochenta. Eche un vistazo a sus currículos. Son todos hombres de la Administración Reagan y de la de Bush padre. En 1981 lo primero que hizo Reagan fue declarar una guerra contra el terror. Nos dijeron que había terroristas libios sueltos en Washington, que los rusos nos iban a bombardear desde una base aérea en la isla Granada, que fue invadida. Luego dijeron que los sandinistas nicaragüenses estaban a sólo dos días de marcha de Texas y declararon un estado nacional de emergencia porque la seguridad nacional estaba supuestamente amenazada entonces por Nicaragua…

    ¡Vaya amenaza…!

    Pero hay otra explicación. Existe una nueva política global expresada abiertamente en el National Strategy Report de octubre. Éste explica con pelos y señales que, en vista de que EE.UU. tiene un poder mayor que el resto del mundo junto en cuanto a los medios de violencia, debe usarlo para garantizar el dominio del mundo ahora y para siempre. No lo digo yo, sino ellos, en el informe. Hasta explican que habrá que actuar preventivamente para que nadie desafíe ese poder. El objetivo de nuevo es que el mundo entero tenga miedo. Y una forma de hacer esto es atacar un país indefenso. ¿Y las armas de destrucción masiva? Es obvio que esta política aumenta, no disminuye, el riesgo de que proliferen las armas de destrucción masiva y también aumenta el riesgo de terror en EE.UU. La Administración sabe esto tanto como la CIA. Pero les da lo mismo. Porque creen probablemente con razón que sus recursos de violencia son tan grandes que da lo mismo lo que se diga. Michael Ignatieff (catedrático al igual que Chomsky de la Universidad de Harvard) acaba de publicar una defensa de lo que él califica como el ‘imperio estadounidense’ que dice que es el único policía global capaz de evitar el conflicto.”

    N. C.

  3. Jueves, mayo 15, 2008 3:22 pm

    Don Higro, le han poseido?? :P

  4. Jueves, mayo 15, 2008 11:18 pm

    La falta de horas de sueño ha provocado que don Chomsky haya tomado mi mente durante unos momentos. Habiendo avisado a las autoridades espirituales de la derechona y practicado el clásico exorcismo, puedo informale que, por lo que un servidor sabe, ya vuelve a tener completo control de sus facultades, que, ya sabe usted, que tampoco es decir mucho.

  5. Jueves, mayo 15, 2008 11:46 pm

    El miedo es un instrumento de poder. Si se emplea de forma directa puede producir revueltas; pero, si se utiliza de forma indirecta, fabricando un enemigo común, se une al pueblo. La masa crédula, que sólo levanta la vista cuando se le ordena, mantiene un sistema antropófago y parasitario sin ni siquiera darse cuenta. Los pocos que percibimos el juego no hacemos lo suficiente o, directamente, estamos desarmados.

    El sistema de seguridad que describe me recuerda a la Policía del Pensamiento de “1984”.

    Un saludo.

  6. Domingo, mayo 18, 2008 11:24 am

    ¿Creen que el mayor urbanista en lo que llevamos de siglo, M. Atta, hubiera permitido que le traicionara un microgesto?

    Comprueba el equipaje, la ropa, el cuchillo, tus efectos personales, tu carné de identidad, tu pasaporte, y todos tus papeles. Comprueba tu arma antes de irte (pule el filo para que pueda cortar a tu víctima) (…) Aprieta tus ropas y tus zapatos. Lleva calcetines para que tus pies no se muevan (…) Reza la oración de la mañana y medita la gran recompensa de esta oración. Haz tus súplicas después y no dejes tu apartamento a menos que hayas hecho una ablución antes de irte (…) Cuando el taxi te lleve a M [inicial de matar, aeropuerto en árabe], recuerda constantemente a Dios (…) Nada malo te pasará si sigues este camino. Ninguna tecnología te podrá perjudicar porque los creyentes no tienen miedo. Solo los adeptos de Satán lo tienen (…) Es preciso que tu rostro no muestre signos de nerviosismo. Debes estar contento, feliz, abierto, tranquilo porque cometes una acción por amor de Dios y llegará el día en que te reúnas con él (…) Cuando subas en el T [taira, avión], antes de que pongas los pies en él, reza. Recuerda que esta es una batalla por amor de Dios. Como dijo el profeta, la paz sea con él, una acción por amor de Dios es mejor que todo lo que hay en el mundo (…) Cuando entres en el T. y te sientes empieza con los rezos que hemos mencionado antes (…) Si Dios decreta que uno de vosotros tiene que ser sacrificado, deberías dedicar el sacrificio a tus padres (…) No te muestres en desacuerdo y obedece. Si sacrificas, no causas malestar a quienes estás matando porque ésta es una de las prácticas del profeta, la paz sea con él (…) Cuando entres en contacto con el enemigo, hay que decir ‘Alá es grande’ porque meterá miedo en los corazones de los infieles (…) No hay que fiarse del enemigo para que lleve a cabo un contraataque (…) Haz prisioneros y mátalos (…) Cuando llegue la hora de la verdad, la hora cero (…) Segundos antes del objetivo, debes pronunciar las últimas palabras: ‘no hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta’ y después de eso, si Dios quiere, nos reencontraremos en el paraíso bajo la misericordia de Dios

  7. Domingo, mayo 18, 2008 11:28 am

    ¿Emotioconos? Juro que han salido de forma completamente espontánea.

    Los caminos de lo grotesco son inescrutables.

  8. Domingo, mayo 18, 2008 9:07 pm

    Claro, con dios de tu lado no hay tecnologia que pueda detenerte.

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