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Homer prisionero

Martes, diciembre 4, 2012

El texto que encontrarán a continuación iba a formar parte de un especial sobre Los Simpsons que aparecería en la estupenda Miradas de Cine. Mi propuesta fue hablar sobre The computer wore menace shoes, un episodio interesantísimo de la serie creada por Matt Groening que incluía un precioso homenaje a una serie tan capital como El Prisionero, como sabrán santo y seña de esta casa. Por cuestiones diversas, el especial no pudo ver la luz y aunque la buene gente de Miradas me ofreció otro espacio para el texto, he pensado que lo mejor era que apareciera aquí en el blog. Espero que les guste.

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El ordenador que acabó con Homer, como se tituló en nuestro país al sexto episodio de la duodécima temporada de Los Simpsons, es un perfecto ejemplo de cómo la creación de Matt Groening es capaz de combinar sin despeinarse referencias a la actualidad, la ficción y a la cultura popular por encima del lugar común y del mero guiño pajero, y de construir con esos mimbres un espectáculo mordaz, socarrón e inadvertidamente absurdo. Así es como The computer wore menace shoes, el título original del episodio (tomado a su vez de un oscuro film juvenil de los 60) se cachondea de los primeros tiempos de internet, los tabloides, los conspiranoicos y de una de las series de culto más emblemáticas de la televisión mundial: El Prisionero.

Homer quiere poder recibir emails del trabajo, pero sabiendo tan poco del asunto como Jen, la jefa del departamento de informática de IT Crowd (Graham Linehan, Channel 4, 2006- ), compra un ordenador último modelo hipotecándose por quinta vez. Solo con la ayuda y paciencia de la sufrida Lisa conseguirá instalarlo, encenderlo e incluso crear su propia página web. Aquellos de ustedes que, como este comentarista, tengan padres que piden que les “abras el Google” sabrán perfectamente de lo que hablo. La página de Homer termina siendo como aquellas primeras albergadas en Geocities e indexadas en Altavista: un compendio horrista y sin sentido de imágenes apropiadas de otros. Y es que el primer acto de The computer wore menace shoes es una parodia de los albores de internet, de aquellos tiempos en los que sin rubor se la llamaba “La red de redes”, de las páginas personales caracterizadas por sus fondos amarillos o verdes, su uso indiscriminado de la comic sans, por la obsesión con el contador de visitas y, sobre todo, con explicar al mundo nimiedades sobre la vida de uno[1]. Desanimado por su falta de éxito Homer cambia de estrategia y empieza a contar chismorreos, ciertos o no, sobre los ciudadanos de Springfield, denunciando corrupciones y abusos, oculto bajo el seudónimo de Mr X, justiciero electrónico y muy hush hush con el que el episodio pretende mofarse de Matt Drudge y su Drudge Report, web  de noticias dirigida por este ínclito y libertario ciudadano norteamericano siempre dispuesto a servir al pueblo dando las exclusivas que otros no quieren dar, destapando los escándalos que otros quieren cubrir, incluido el Asunto Lewinsky que él fue el primero en revelar. El Mr X en que se convierte Homer encapsula la desconfianza y la paranoia del ciudadano medio ante los medios de comunicación, la sospecha de que nos están escamoteando la realidad, de que nos la están filtrando, porque el periodismo de verdad hace tiempo que murió al servicio del poder. Tras sus iniciales éxitos, Homer se revela en público como Mr X para poder recoger el Premio Pulitzer que le ha sido galardonado, pero al abandonar el anonimato sus vecinos dejan de ser trasparentes y sus exclusivas se agotan. Así Homer no tiene más remedio que rellenar con contenidos inventados su web como si fuera el Weekly World News, con su catálogo de noticias sobre niños vampiro, tostadas en las que aparece la cara de Satán, y alienígenas infiltrados como agentes de seguros. Porque en la Sociedad Tabloide™, como la llamaría Mike Ibañez, apenas existen diferencias entre el llamado periodismo de investigación, el cotilleo indiscriminado, las teorías conspirativas y la simple y llana mentira. Sin embargo, como Mel Gibson en Conspiración (Conspiracy Theory, Richar Donner, 1997), Homer termina dando con una noticia cierta que pone nerviosa a una organización secreta que le secuestra. Y es en este punto en el que el episodio alcanza el delirio PoP.

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Homer despierta en un extraño y paradisiaco lugar llamado La Isla donde le es dado un número, el 5, y encuentra a otra gente que como él sabe demasiado, razón por la que una misteriosa corporación con el objetivo de controlar el mundo les ha raptado. Salvo por el cambio de nombre de La Villa por La Isla, este es punto por punto el argumento de El Prisionero (Patrick McGoohan y George Markstein, ITV, 1967-68) psicotrónica y sesentera serie de culto a medio camino entre la ciencia ficción y las historias de espías tan adelantada a su tiempo que aún hoy, más de cuarenta años después de su  primera emisión, asombra al espectador moderno. El tercer acto del episodio se articula así como un irreverente pero sentido homenaje a la serie, con referencias evidentes y calcadas que incluyen decorados, música y hasta la participación de su principal artífice, Patrick McGoohan, protagonista, productor y ocasional director y guionista que aquí demuestra el humor suficiente como para recuperar su papel de Número 6, prestándole su voz y tomándose a sí mismo a chufla. El tributo es también irreverente porque se atreve a reírse de los elementos más parodiables de El Prisionero, como el engolado acento británico de sus protagonistas, las repetidas veces en las que Número 6 era drogado o del centinela Rover, un aterrador globo blanco al que Homer derrota con un simple tenedor.

El final de El ordenador que acabó con Homer está destinado a frustrar a casi todos. A los fans de Los Simpsons que lo verán como una frivolidad, como el desatino de un guionista obsesionado con una serie olvidada. A los fans acérrimos de El Prisionero porque verán burlados a sus queridos iconos y a aquellos que no conozcan la serie porque las referencias volarán por encima de sus cabezas sin ninguna guía para ubicarlas. Pero precisamente por eso hay que respetar este episodio. Relajarse, entregarse al desvarío y disfrutar del disparate.

Nos vemos en La Isla.


[1] Otro ejemplo en la ficción televisiva, pero con aún más mala leche, de este acercamiento primerizo a internet se encuentra en la serie Breaking Bad (Vince Gilligan, AMC, 2008- ) que mantiene una falsa web sobre su personaje protagonista: http://www.savewalterwhite.com

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