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Tu futuro a buen recaudo

Miércoles, enero 16, 2013

Sé que ya les he hablado en varias ocasiones de la curiosa relación que los bancos guardan con el futuro en medio de esta crisis existencial que como civilización vivimos. y de cómo esa relación especial se manifiesta en la publicidad de las entidades bancarias. El porvenir aparece de forma habitual en sus proyecciones de imagenen las que los bancos se representan como posibilitadores de oportunidades, como galvanizadores de esfuerzos y, también, como garantes de futuro. Estas Navidades que pasé visitando a la Familia Zita, esta última faceta publicitaria de los bancos no pudo hacérseme más evidente. En la calle en la que viven, una calle comercial pero modesta de la periferia de Ciudad Mandril, no una, ni dos, sino tres sucursales bancarias mostraban en sus escaparates llamativos carteles que de un modo u otro hablaban del futuro.

Comenzamos con un viejo conocido, el Banco Sabadell, que ya nos tiene acostumbrados a hablarnos en su publicidad sobre lo que nos espera.

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Vean qué concepto más minimalista. Sin colores, pura letra, con ese “Tú” en itálica para que nos quede claro que el banco se preocupa por nosotros y que está dispuesto a diseñarnos un plan de pensiones, es decir, un futuro, a nuestra medida, el que mejor nos convenga. Para que podamos dormir tranquilos, porque el mundo está muy raro y convulso, y nunca se sabe lo que puede ocurrir. Precisamente de tranquilidad es de lo que nos habla también La Caixa en su propaganda.

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Lo primero es observar que los creativos del Sabadell deberían a estas horas haber denunciado ya a los de La Caixa por plagio. Y es que la publicidad de la caja que de momento ha capeado mejor el temporal económico no se corta un pelo a repetir la idea de que el futuro es tuyo y que debes reflexionar sobre él, con su ayuda naturalmente. Y para subrayar ese mensaje, para hacer que llegue a casa, como dicen los ingleses, nos ponen también la imagen de un atractivo madurito, que apoya un galáctico bolígrafo sobre su mentón, en un gesto de reflexión, responsabilidad y decisión. Itálicas o corchetes, lo que importa es que el futuro has de labrartelo tú y que los bancos quieren ayudarte para que no te entren taquicardias ni angustias. Para que estés seguro.

Y qué mejor para ofrecernos seguridad que una cara conocida, que una persona querida, amable, respetada, un rostro provecto pero juvenil, uno de esos de los que dices “uy, qué mayor se ha hecho de repente” y que te hace pensar que tú también, pronto, transitarás por ese mismo camino. Qué mejor que, en dos palabras, Fernando Romay. Medallista olímpico, deportista, presentador y lo que se tercie, que desde las alturas de sus 213cms te dice: Pequeñín, hazme caso, hazte un plan de pensiones en el Banco Popular.

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Aquí llegamos a una aparente contradicción: Que se recurra a una figura del pasado para vendernos el futuro. Que se recurra a una vieja gloria para decirnos cómo conducir nuestro porvenir. Contradicción aparente solo, porque como hemos dicho ya en alguna otra ocasión, el futuro que interesa a los bancos es uno muy determinado, aquel que es mera proyección del presente, el que estable, seguro, tranquilo, sin sobresaltos, en el que todos seguimos los ciclos de ahorro y gasto que nos corresponde y en el que nuestras pequeñas suman van acumulando intereses cual hormiguero acumula granos de trigo de cara al invierno.

La segunda contradicción aparece cuando nos fijamos en que gran parte del lío en el que nos vemos metidos se debe precisamente a los bancos y cajas. Aunque es cierto que los gobiernos también tienen su parte de culpa en ello, la socialización de pérdidas del sector bancario, el que entre todos debamos asumir los números rojos que deberían recaer sobre sus accionistas e inversores, convierte todo esto en una broma pesada. Díganselo si no a todos aquellos timados y engañados con el escandalazo de las preferentes. Cruel ironía que los responsables de que el presente sea un infierno por culpa de sus malas acciones en el pasado estén tan deseosos de proyectarse como parte de nuestro futuro.

Pero eso no es todo. Como quizá saben, y como acertada medida para salir del atolladero, aunque se nos haya tenido que imponer desde la UE, se ha creado el SAREB, ese famoso “Banco malo”, que absorberá los activos tóxicos, todas esas hipotecas ruinosas, todas esas urbanizaciones llevadas por la maleza y construidas en medio de ninguna parte, para que por fin el crédito pueda fluir y la actividad económica despegue. Y quién mejor, sin duda, para poner al frente de esa institución clave para nuestra recuperación y nuestro futuro que Rodolfo Martín Villa, un hombre de 78 años, un demócrata de toda la vida, hombre moderno, dinámico y actual, al que vemos  bajo estas líneas saludando a unos amigos.

Mala

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4 comentarios leave one →
  1. Jueves, enero 17, 2013 3:27 am

    Acostumbran mucho poner mucha fe en los bancos por aquellos lugares

  2. Martes, enero 22, 2013 7:21 am

    gran reflexión, quizas a tono aunque a otro nivel, me ha recordado pasajes de ‘Futuro’ de Marc Augé http://www.casadellibro.com/libro-futuro/9788492857791/2049144

  3. Sábado, noviembre 2, 2013 2:13 am

    es un muy buen relato, aun el centralismo y la regionalidad están enmarcadas.

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