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Django desenmascarado

Jueves, enero 24, 2013

djjy1yNo ocurre con la suficiente frecuencia que se estrene una nueva película de Quentin Tarantino. Al genio de Knoxville hay que ir a verlo siempre, proponga lo que proponga, porque es un director de talento mayúsculo cuyo único defecto es, en ocasiones, una cierta autoindulgencia. En cualquier caso, su Django unchained es un festín de cine. Una maravilla técnica y narrativa, en la que Tarantino combina el atrevimiento y talento formal con sus inconfundibles dotes para el dialogo y el dibujo de personajes. Como sucedía en Kill Bill vol 1 y 2 (2003-2004) y en Inglorious Basterds (2007), Django Unchained hunde sus raíces de manera nada disimulada en el cine de explotación setentero más desprejuiciado para ofrecernos algo a la vez antiguo y nuevo, no un mero coctel de referencias, sino una pieza de cine mutante que alcanza un terreno en el que esas raíces se convierten en sustento de una fantasía tan original como deslumbrante.

Por eso es por lo que Django unchained está generando críticas elogiosas y textos tan fantásticos como esta entrada del Maestro Ausente, en el que glosa los referentes fílmicos de la película, o como este artículo de Annalee Newitz quien, partiendo de las polémicas declaraciones de Spike Lee sobre el presunto criptoracismo de la película, describe Django unchained como la fantasía de todos los blancos que nos sentimos culpables por el esclavismo y el colonialismo (puede sonar desnortada, pero esta tesis la enuncia de forma explícita el Dr Schultz durante la película).

Lo cierto es que el plantel de personajes de Django unchained cubre todo el espectro moral posible. Y eso suele molestar a los simplones y a los politicamente correctos. Tenemos desde el Dr Schultz, un blanco que mata por dinero pero al que la esclavitud le repele (blanco pero europeo; “al contrario que yo, no ha estado lo suficientemente expuesto a América,” dirá de él Django) a Stephen, el maravilloso villano encarnado por Samuel L Jackson, un negro que ha abrazado su esclavitud para dominarla hasta conseguir tratar de igual a igual a su amo. En ese sentido, Tarantino se arriesga a exponer un hecho tan incomodo como cierto que ya ocupó a Lars von Trier en Manderlay (2006): Que ser esclavo no necesariamente te hacer desear la libertad. Si a esto le sumamos la violencia extrema marca de la casa, no es de extrañar que Django unchained haya despertado una estúpida polémica.

Dada la abundancia de bellos textos sobre la película, a partir de ahora me centraré en un solo aspecto del que creo merece hablarse con detenimiento: La importancia en ella de la ficción, la farsa y la teatralidad.

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(Ojo. Spoilers a partir de ahora).

Una vez Django está bajo el ala protectora del Dr Schultz y comienzan su andadura juntos como cazarrecompensas, su primera misión es encontrar a los Hermanos Brittle, tres negreros de la plantación propiedad de un recuperado Don Johnson. Ahí surge la primera ficción: Para poder entrar sin levantar demasiadas sospechas, Schultz pide a Django que finja ser su mayordomo, que interprete un papel, que se presente como quien no es: No como esclavo, sino como criado dispuesto. En ese punto Django es todavía un niño, porque la esclavitud, como cualquier forma intensa de control social, provoca la infantilización de quien la sufre. Django no conoce expresiones y palabras, como no las conoce un niño de ocho años. Y cuando se le ofrece elegir ropa, elige la ropa brillante y colorida, esa que eligen los niños sin mediacion de padres ni de la moda ni del sentido del ridiculo. Simplemente porque mola. Y así llegan a la plantación, como amo y criado, fingiendo querer comprar un esclavo. Cuando cumplen la misión, la orden de detención en el bolsillo de Schultz pone punto final a la representación teatral.

El plan de rescate de la esposa de Django, esclava en Candyland, es la segunda farsa. Presentandose como esclavistas interesados en luchadores mandingo, Djano y Schultz abordan all malvado Calvin Candie, un colosal Leonardo Di Caprio. Para ello Django cambia de nuevo sus ropajes. Ahora es un tipo duro de espuelas y cartucheras, un vaquero icónico, un Boss Nigger, hasta el punto de que su nuevo disfraz le hace ser despreciado por otros negros. El plan es de nuevo representar una pieza teatral para evitar la negativa de Candie a vender la esclava. La ficciónse rompe cuando Stephen lee a través de ella. Pero lo que viene después es otra pieza de dramaturgia. Candie vuelve de la cocina con un martillo y una calavera. Y comienza un discurso sobre las razas y la frenología. Esta dilatación de los tiempos mediante dialogos tan bellos como imposibles es marca de la casa Tarantino, lo sé. Pero resulta divertidismo imaginar al personaje de Di Caprio pensando en cómo desenmascarar a los impostores sentados en su mesa, agarrando la calavera del viejo esclavo, componiendo poco a poco su monólogo, diseñando las inflexiones de voz, planeando el uso del martillo para conseguir el máximo efecto dramático. Sin embargo, el baño de sangre siguiente se desencadena cuando las ficciones se caen y Schultz se niega a entrar en la farsa del “pacto de caballeros” y dar la mano al odioso Candie.

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Y finalmente, la última fantasía: la que sirve a Django para emanciparse. Una vez muerto Schultz, sólo, esclavizado de nuevo, de camino a una muerte cierta pero ya habiendo aprendido los trucos del oficio, Django declara su independencia creando una ficción propia e improbable que le permite vencer los últimos obstáculos y rescatar a su amada. La historia que relata a sus captores, la narración que magustralmente maneja, es tan imposible como apasionante. En ese sentido, Tarantino propone lo opuesto a Hitchcock en Los 39 escalones (1935), cuando el protagonista, para librarse de los espías que le persiguen para matarle, consigue convencer a un lechero para que le preste su ropa contándole una falsa historia sobre infidelidades en vez de la verdad. Django demuestra que una ficción absurda puede ser tan poderosa como una mentira cotidiana.

La fantasía. En último término tanto Inglorious Basterds como Django unchained son dos intentos de exorcisar la Historia mediante la ficción. El plan de los bastardos también se basaba en una impostación, cojitranca y risible. La aventura de Django es toda ella una secuencia de representaciones. Pero al contrario de lo que afirman sus críticos, el propósito de Tarantino no es frivolizar con la Historia. Al contrario. Sus fantasías de retribución y venganza nos hacen capaces de acabar con Hitler, nazis malvados, el Ku Kux Klan y esclavistas crueles que merecerían haber muerto entre sufrimientos. La ficción pone puntos y aparte. La ficción purifica nuestros fracasos como especie. La ficción es capaz de liberarnos. Como a Django.

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One Comment leave one →
  1. Jueves, enero 24, 2013 7:55 pm

    Plas plas plas! Magnifico!

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