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Topografías de un presente oscuro

Jueves, enero 2, 2014

El título no es mío. Es de Álvaro Arbónes, quien un año nuevo más ha convocado en su blog The sky was pink a un grupo de mentes preclaras para que contribuyan con lo que consideran sus tres artefactos culturales del año. Estos días, en efecto, son días de listas con lo mejor del año. Pero las que coordina Álvaro se están convirtiendo en un fenómeno en si mísmas. No tienen por qué contener solo videojuegos, películas o cómics. Tendencias e intangibles (atentos a la “postdemocracia” de Pablo Vergel o el concepto de “shock” de Noel Ceballos) también tienen cabida. Allí me encontrarán también haciendo una modesta contribución. Porque la lista es larga, jugosa y fascinantes. Aquí la tienen.

Carta de una ex-auxiliar de conciertos

Lunes, diciembre 23, 2013

Como ya sabrán los más veteranos de este blog, nuestra querida Minizita ha actuado como corresponsal en varias ocasiones narrándonos realidades diferentes y distantes como los sucesos en un McDonalds en vísperas de una huelga general o la vida cotidiana en Taiwan. Ahora residente en República Dominicana, Minizita rememora sus tiempos como auxilizar de producción en conciertos de música latina, que ya nos relató en su día, y nos ofrece un hilarante relato de un exiliado, muy lejos de la bochornosa perspectiva que ofrecen los navideños anuncios de Campofrío.

Carta de una ex-auxiliar de concierto

Cuando era auxiliar de producción de conciertos de “música latina”, de cierto tipo de “música latina”, es decir, de Bachata, entre mis labores estaba acompañar a los “cantantes” a las emisoras de radio, bregar con ellos cuando se ponían pesados pidiendo un carro de heno sobre el escenario y explicarles que de dónde cojones narices iba yo a sacar un carro tirado por un caballo, el caballo y tantos kilos de paja. También le proporcionaba botellas de ron, una tras otra, para que, según sus palabras, pudieran sentirse “inspirados” al cantar. Y a lo largo de esas horas conseguían sacar tiempo para decirme: “En nuestro país o naces con una pelota de baseball o con una guitarra bajo el brazo. No hay más opciones”. A mí todo aquello me parecía tan exagerado que les daba la razón como a los locos y me largaba en cuanto podía.

En estos días me pregunto por qué no se me ocurrió ir a una pitonisa para que me vaticinara el futuro. Por requiebros del destino vivo en este país llamado República Dominicana. Sé que esto no es una gran novedad. Llevo aquí cinco meses. Pero ha sido tiempo suficiente para constatar que lo que me contaban aquellos “artistas” era en parte cierto.

De todas maneras, sin alejarme mucho del tema, lo que quiero contar es lo más sugerente, divertido y tortuoso de vivir aquí, o más bien en mi casa: que está encima de un colmado, o lo que sea que sea, dominicano. Esto lo tengo que explicar. Voy a ello. Este colmado es una versión del pub entendido como pequeño antro donde se bebe, se habla, se baila e incluso se caza alguna que otra cucaracha. A todo esto le tenemos que añadir que venden comida y objetos de primera necesidad, que abren 18 horas al día de lunes a domingo y que como los locales suelen ser pequeños fomenta que a modo de terrazas improvisadas la gente saque sillas y mesas a la acera e incluso a la carretera. Los bailongos y beodos parroquianos del colmado comparten el asfalto con coches que pasan sin importarles un comino a quién pueden llevarse por delante, con chavales jugando al baloncesto callejero y con vigilantes de seguridad, o como dicen aquí guachimanes (versión dominicana del “watch it man”), sentados abrazados a sus escopetas, la mayoría de ellas, quiero creer, descargadas. Pues bien, en este colmado bajo mi casa, día y noche, noche y día, sin descanso, ponen, sí, eso mismo, Bachata. Hora tras hora sin parar en todas sus versiones y perversiones. Por supuesto, ninguno de aquellos “cantantes” a los que conocí en mi época de auxiliar de producción, puesto que acepté porque pensaba que estaría más cerca de trabajar en el cine (lo sé, lo sé, es una locura pero en aquel momento de desesperación, ante la mayúscula lejanía de mi sueño, tenía toda la lógica del mundo), siguen en activo. Todos aquellos cantantes están pasados de moda, ni dan conciertos ni cantan. Para ser más exactos la mayoría de ellos viven en la cárcel por llevar dentro de su cuerpo una cantidad ingente de cocaína. Una pena, porque por lo menos alguna letra de estas “canciones” me sabría. Ahora por ejemplo está de moda un “artista” que en aquellos años formaba parte de un grupo bachatero de “Nueva Yol”. Sus, digamos, canciones, me hacen pensar si el hecho de escucharlas tanto como lo hago me desgarrará el raciocinio, la ética, la moral, la cultura de la que provengo o yo que sé. A continuación voy a hacer un resumen de su “composición” más exitosa en el país y que no deja de sonar en todas las radios, colmados y karaokes: Entro en un palacio donde están dando una super fiesta y con mis pintas de mafioso latino del Bronx, es decir, gafas de sol (aunque sea de noche), pelo “topatrás” y ropa “ajustá”, busco una mujer, a ser posible guapa, aunque tampoco me importa que no lo sea porque en realidad nunca he sido quisquilloso con este asunto. Por fin encuentro una, trato de llevármela a una habitación pero se hace la dura así que me la llevo en mi super bólido deportivo y ¡cómo no! la seduzco porque, seamos claros, mola mucho y porque dentro de mis múltiples habilidades, está la de poder conducir, cantar, beber y hacer el amor todo a la vez y para colmo de los colmos me llamo Romeo. Y por si acaso, no te ofendas si estoy mamado, yo soy todo un macho. No te preocupes nena que ahora vamos a ir a 200 km/hora por una zona transitada y mientras voy a subir tu falda. Tu sentido común te puede decir lo contrario pero estás equivocada: desde el momento en que has entrado en mi carro me has dado el derecho. Y en resumen, todo me va a salir bien porque soy cantante de Bachata. Así que deja ya de resistirte y bebe.

Y esto es lo de menos, la verdad, no voy a venir ahora a ser una purista de la música y sus letras incluso cuando algunos días tenga que levantarme a las tres de la mañana para ir a trabajar una jornada de 15 horas después de haber estado escuchando toda la santa noche a este señor repitiéndome una y otra vez su “Propuesta indecente”. No, nada más lejos de mi intención censurarle (sería una labor tan magna como intentarles sacar de su fe ciega en el creacionismo) o ejercer de Santa Inquisición de sus letras (qué bien se lo habrían pasado los inquisidores con los habitantes de la isla, pero ese es otro tema), aunque he de reconocer que a veces desearía que la canción estuviese grabada en un cassette y que de tanto ponerlo se les estropease, o que por arte de magia cayese en mis manos y pudiera tirarla al océano Atlántico sin que nadie se diese cuenta. Pero siempre retrocedo ante este deseo: ¿Y si alguien la encuentra al otro lado? Es más ¿y si ese alguien la recoge, la recompone y, oh, la fatalidad, la escucha? No, no quiero eso sobre mi conciencia.

La cuestión real, el meollo de esta carta es “sólo” que me parece curioso haber terminado exiliada en este país y para más inri viviendo encima de una discoteca disfrazada de colmado. Como dice mi amiga María, debe ser cuestión de karma. Y es que como parte de mi contrato como auxiliar de producción en aquella época colaboraba en un programa de Bachata en el que yo era la voz exótica que los oyentes de allende los mares escuchaban dando las últimas noticias sobre este “género” musical. Lo cierto es que por entonces no tenía ni ganas de saber ni de prestar atención a qué coño eran y decían las canciones que poníamos una y otra vez los domingos por la tarde. Yo me limitaba a hacer preguntas inocentes e ingenuas o directamente ignorantes a los “artistas” que pasaban por el estudio. Tocaba con toda mi alegría y garbo un tambor que había comprado en una tienda de juguetes de mi barrio cuando llegaba la hora de comunicar la lista del “Top Ten”, lista que sin pudor mi jefe elaboraba según quien fuese a cantar en los conciertos que la productora tenía previsto organizar esa semana. Pero yo era feliz, sí, fui feliz. ¿Será por haber sido feliz en aquellos momentos o por justicia divina por lo que ahora vivo encima de un colmado en la primera ciudad fundada por Cristóbal Colón en 1492? ¿Será cierta la maldición que según los lugareños dejó este individuo tras de sí junto con la viruela y un montón de energúmenos y que trágicamente heredamos todos aquellos que hemos llegado a La Española en los siglos posteriores? En fin, no lo sé, prometo que no sé qué creer y mucho menos puedo decir que he llegado si quiera a un mínimo acercamiento al hecho de entenderlo.

Oh, oh, hay algo que no he dicho. Desde hace exactamente una semana, coincidiendo con el día en el que el gobierno permite con motivo de la navidad que los colmados y locales similares abran las 24 horas y puedan vender alcohol sin horario (siempre que traten de no vendérselo a los portadores de armas ya borrachos) han abierto un nuevo colmado-bar a 10 metros del “mío”. Si, la pura y dura competencia del capitalismo ha aterrizado en el barrio y, por supuesto, con ella ha empezado la guerra entre colmados que no sólo se ve reflejada en la lucha de precios sino en la lucha, encarnizada, por la supremacía musical. Ah, hay otra cosa que no he mencionado. Donde caben dos, caben tres o veinte, así que a 50 metros aproximadamente en dirección contraria al nuevo colmado-bar, hay media docena de Restaurantes-Karaoke donde los más aguerridos dominicanos pugnan noche tras noche por ser oídos. Si, lo sé, pero prometo que a día de hoy podemos jurar y perjurar que la música no existía cuando vinimos a ver esta casa. Veamos, lo del karaoke no tendría importancia, me da igual que canten a grito pelao mientras comen pollo frito; están lo suficientemente lejos como para que no les escuche pero como estas calles son de casas de una o dos plantas, el edificio que hay frente a mi habitación y que tiene tres, hace de muro amplificador.

Con esta carta a la desesperación ante el destino incierto que me ha traído hasta aquí solo quiero compartir como pasé de ser una auxiliar de producción de conciertos de música latina a ser diariamente parte de ella y sin cobrar un duro. Para ser más clara, antes trabajaba en conciertos de Bachata para acercarme a mi sueño, el cine, ahora trabajo en el cine y mi sueño es alejarme de la Bachata.

La marcha

Miércoles, diciembre 18, 2013

saharaParece que este blog se ha quedado clavado en el modo autobombo, pero el caso es que vengo a hablarles de Episkaia una revista literaria aperiodica, como la definen sus propios responsables. Un nuevo ejemplo junto con Prosa Inmortal (de la que les volveré a hablar más abajo) o Presencia humana de que algo se está moviendo en la escena literaria fuera de los focos y de los canales de distribución habituales. Era de esperar. Con el declive del periodismo convencional y los medios impresos mayoritarios, con una cultura establecida a la que ya no pueden alimentan unas vacías arcas gubernamentales, ha surgido una miríada de iniciativas propias y populares que han dejado (o deberían dejar) de lado complejos o intenciones de medrar. Se trata de hacerlas cosas porque sí y de hacerlas bien.

Este número de Espiskaia que coordina Antonio Castaño esta dedicado a un tema fascinante: La vida en la frontera. Un concepto, un estado, del alma, incluso, que ha dado obras enormes como Sed de Mal, Grupo Salvaje o Atmósfera Cero, por citar unas pocas. Puede tratarse de un protectorado romano en el siglo IV, del salvaje oeste, la Manchuria de los años 20 o del Marte del 2282. Se trata de zonas desmilitarizadas, limbos, tierras de nadie, espacios indefinidos en los que no hay reglas fijas y donde a menudo un puñado de hombres conspira para imponer la voluntad sobre el resto o donde simplemente reina la extrañeza hacia El Otro. El número lo componen relatos escritos por Francisco Serrano, Alberto Haj-Saleh, Edén Barrena, Julio Souto y el propio Antonio Castaño que proponen sus visiones, todas distintas y complementarias, sobre este tema. Acompañan los textos ilustraciones de Edén Barrena, Alberto Sánchez y el inigualable Antonio Frías, de quien pueden ver aquí arriba la imagen que acompaña al relato con el que he contribuido a Episkaia y que se titula La marcha.

La marcha es mi primer intento de revisitar la historia de La Transición con la gramática con la que James Ellroy revisita la de Estados Unidos de mediados del siglo XX. Algo que ya intenté hacer, aunque aplicado al terrorismo internacional, en Terror ficción. Hasta aquí las declaraciones grandilocuentes. Déjenme solo añadir lo obvio: que ese periodo de nuestra historia que media entre la muerte de Carrero Blanco en 1973 y la frustrada intentona golpista de 1985 es apasionante. Es revelador que sin embargo haya sido tan poco explorado por la ficción, y que cuando se ha visitado haya sido desde la hagiografía más o menos disimulada, como por ejemplo en Anatomía de un instante (2009) de Javier Cercas. Fue aquel un periodo tremendamente bronco y violento -repleto de conspiraciones, atentados, represión, asesinatos políticos- por mucho que se haya querido convertirlo en lo contrario. Es revelador, de nuevo, que pocos se hayan atrevido a desafíar esa visión. Solo conozco La transición sangrienta (2010) de Mariano Sánchez Soler y, desde el lado opuesto, la idea de “La transición de plomo” articulada por la extrema derecha. Mientras tanto, la elogiada y oficialista serie documental La transicion (1995) de Victoria Prego terminaba con las elecciones de 1977, soslayando así (como mínimo) ocho años de turbulenta historia de España.  La literatura puede remediarlo.

Si quieren leer La marcha y el resto de estupendos relatos incluidos en este número de Episkaia nada les detiene para visitar su página y adquirirla allí, y menos aún para acudir a la presentación de la revista que tendrá lugar mañana jueves 19 en la madrileña Catharsis (c/Valverde, 6, metro Gran Vía) a las ocho de la tarde.

Y lo prometido es deuda: Ya está disponible la versión electrónica del numero 1 de Prosa Inmortal. Literatura de la buena por solo tres euros. No podrán decir que no tienen qué leer estas próximas fiestas.

El fin de la docilidad

Lunes, noviembre 25, 2013

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Como seguramente saben, en ocasiones escribo para la estupenda revista digital Miradas de cine. En esta ocasión he colaborado en su sección de Opinión con un texto titulado El fin de la docilidad, en el que trato de apuntar que el cine parece estar haciendo reflexión y cuenta de una década, la primera de este siglo XXI, en la que los ciudadanos del mundo nos hemos visto presos de forma más o menos directa de una opresión autoritaria a la que hemos obecedido. Puede que el texto les resulte demasiado optimista. Pueden argumentar que en esta segunda década del siglo estamos siendo sometidos a otra opresión, la económica y financiera. Pero las semillas para un nuevo paradigma, de eso estoy seguro, están ya ahí. Por eso la reflexión sobre este oscuro pasado reciente arranca con la discusión de Compliance, la polémica película de 2012 dirigida por Craig Zobel y después vira hacia el futuro con una reflexión sobre los cánones superheróicos. Y es que el superhéroe,  heraldo del nuevo ser humano que está por llegar,  está transformándose en sus versiones cinematográficas y sus sagas tebeísticas mostrando que el fin de la obediencia puede que no se encuentre muy lejos.

El fin de la docilidad en Miradas de cine.

Ficción encendida

Lunes, noviembre 18, 2013

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Antes de nada, déjenme empezar por la promoción. Hoy lunes a las 20:00h en La Casa Encendida tendrá lugar una presentación de Prosa Inmortal, la revista literaria que seguro ya conocen, y de la que les hablé hace unas semanas. Serán ustedes muy bienvenidos allí. Pero es que además el evento será merecedor de su tiempo porque el insigne Noel Ceballos dará una charla sobre el tema que ocupa a este primer número de Prosa Inmortal: Los horrores de la ciencia.

Como les decía, el relato con el que he contribuído a Prosa Inmortal se enmarca en un periodo, el de las décadas anteriores al desarrollo de la bomba atómica, en el que se produjo un fenómeno que, si son habituales de este irregular blog, sabrán que me encanta:Verbigracia, la imbricación constante y fundamental entre realidad y ficción. No quiero ponerme muy pesado así que solo les diré que mi relato juega a eso y se esfuerza por borrar las lindes entre una y otra. Las historias que culminaron en ese momento de 1945 en Alamogordo, a esa explosión con la potencia de diez mil soles, fueron tan extraordinarias que no es mérito de mi prosa sino de ellas que resulte tan dificil clasificarlas como verídicas o ficticias.

No solo eso. Además existieron varios momentos, tan numerosos como fascinantes, en los que se trenzaron hechos reales con narraciones inventadas. Aquí les doy unas muestras.

Una, que aparece deformada en mi relato (paro ya de hablar de mí) comienza con una conferencia de Frederick Soddy, uno de los padres junto con Ernest Rutherford de la teoría atómica moderna. Soddy no era en absoluto un espíritu mediocre. Cuando en 1919 él y Rutherford consiguieron convertir nitrógeno en oxígeno bombardeándolo con partículas alfa, Soddy gritó emocionado a su colega: “¡Hemos transmutado la materia!”. La leyenda dice que Rutherford le respondió. “Por el amor de dios, Soddy, no lo llame transmutación o nos cortarán la cabeza por alquimistas.” Diez años antes, en la Universidad de Glasgow, Soddy había dado una serie de conferencias muy populares titulada La interpretacion del radio. Aparte de inspirar a muchos escritores esotericos con sus menciones sobre civilizaciónes antiquisimas, quizás destruidas por catastrofes atómicas, estas conferencias sirvieron de inspiración a HG Wells quien escribiría en 1913 El mundo emancipado, la novela en la que se usa por primera vez el término “bomba atómica” y que especula con todo un siglo de historia humana futura. El mundo emancipado se abre con un trasunto de Soddy que repite sus tesis casi palabra por palabra. Esa conferencia ficticia inspira en la novela a un joven cientifico llamado Holsten que pone en práctica por primera vez la idea de la reacción en cadena. Lo curioso es que en 1933, un científico húngaro llamado Leo Szilard, aficionado a las revistas de futurismo e invenciones y a la ciencia ficción, lector devoto de Wells, tuvo una epifanía después de leer El mundo emancipado en la que se le reveló el principio real de la reacción en cadena, principio que puede decirse por tanto que entró en nuestra realidad desde el orbe de la ficción. No solo eso. En los años 50, ya en plena Guerra Fría, Szilard planteó la posibilidad de que las grandes potencias terminarían por desarrollar la bomba de cobalto,  una bomba que podría terminar por si sola con cualquier forma de vida sobre la faz de la tierra. La idea se hizo tan popular que permeó en la cultura. La bomba-idea de Szilard serviría de inspiración a la “Máquina del juicio final” de Teléfono rojo, ¿volamos hacía Moscú?  (Stanley Kubrick, 1958) además de ser la que adoraban, decorada con unas brillantes alfa y omega, los deformes mutantes subterráneos de Regreso al Planeta de los Simios (Ted Post, 1970). Y por si quieren elucubrar aún más: Szilard vislumbró esa bomba de cobalto como una enorme botella de la que al ser detonada escaparían vapores radioactivos que terminarían envolviendo la tierra. Una imagen que, como se mencionaba en “Meditations on the atom and time,” el ensayo que cierra el seminal Apocalypse Culture (1990) de Adam Parfrey, está muy cercana a la del djinn en la botella, el demonio de la mitología árabe que intenta engañar a los humanos para que le liberen de su encierro. Lo cual nos lleva a la célebre frase Robert Oppenheimer, quien recordando la prueba de Alamogordo en una entravista de 1956 dijo “Hicimos el trabajo del diablo”. Por si fuera poco, Szilard publicaría en 1961 un libro de relatos de ciencia ficción titulado La voz de los delfines, que demostraba su amor por la ciencia ficción y con el que se completaba el circulo.

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Dos. A medida que iba quedando claro que Alemania y Estados Unidos se habían enzarzado en una (a la postre desigual) carrera por desarrollar la primera bomba atómica, la paranaoia y el secretismo hizo que la ficción se derramara sobre la realidad en varias ocasiones. En 1934, la UFA estrenó una de sus mayores y más exitosas superproducciones, Oro (Karl Hartl, 1934), protagonizada por la superstrella germana de entonces Hans Albers y la mítica y bellísima Brigitte Helm, la Maria de Metrópolis (Fritz Lang, 1927). Como era costumbre en la época, se filmó de forma simultanea una versión francesa con Helm repitiendo en el papel de caprichosa hija de un multimillonario sin escrúpulos que secuestra a un científico que ha desarrollado una reactor nuclear capaz de transmutar el plomo en oro. Según cuenta David Hull en Film in the Third Reich (1969) a los Aliados les preocupaba que los impresionantes decorados del film fueran en verdad reales y que por tanto los alemanes estuvieran mas avanzados de lo que sospechaban en su dominio de las energías encerradas en elátomo. Así que requisaron todas las copias que encontraron de Oro y mandaron una de ella a Estados Unidos para que un grupo de científicos dictaminara si las máquinas que aparecían en ella eran o no funcionales. 

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El “reactor filosofal.”

El miedo a posibles filtraciones del secreto atómico no terminarían ahí. En el numero de Marzo de 1944 de la revista Astounding Science Fiction apareció un relato titulado “Deadline” escrito por Cleve Cartmill. Aunque ambientado en un planeta lejano, el relato no disimulaba ser una representación fantacientífica de la Segunda Guerra Mundial, en el que dos potencias pujan por desarrollar una bomba atómica. Lo que llamaba la atención en “Deadline” era la prolija y detallada descripción del ingenio atómico que Cartmill hacía en el. Se mencionaba el uso del uranio 235 y se detallaba una estructura esférica similar a la que en ese momento se estaba utilizando como prototipo en Los Alamos, en las instalaciones secretísimas del Proyecto Manhattan. El parecido era tan asombroso que el FBI creyó que se encontraba ante un caso de traición y espionaje. Sus agentes se personaron en las oficinas de John W Campbell, editor de Astounding y padre de la Edad de Oro de la ciencia ficción. Le pidieron que secuestrara toda la tirada de aquel número pero sobre todo le pidieron explicaciones. ¿Cómo podía tener Cartmill un conocimiento tan correcto sobre la construcción de la bomba? El FBI había iniciado una investigación exhaustiva de Cartmill y de amigos suyos entre los que se encontraban ni más ni menos que Robert Heinlein y Isaac Asimov. Como relata el mismísimo Robert Silverberg, Campbell les trató de convencer de que, como hiciera Julio Verne en su tiempo, Cartmill y él habían sacado la información de revistas científicas editadas antes de la guerra. El FBI sabía que Cartmill había estudiado en el MIT y no terminaba de creerse que fuera tan lego en física atómica como su amigo Campbell afirmaba. El caso es que Astounding ya había publicado con anterioridad relatos de temática atómica y con un gran alcance anticipatorio. En “Blows happen“, Robert Heinlein había usado material aparecido revistas técnicas para anticipar el uso de la energía nuclear y los problemas asociados con ella. Uno de sus personajes era de hecho un científico de apellido Silard, sospechosamente parecido a Leo Szilard. En otro relato suyo de ese mismo año titulado “Solution unsatisfactory” , Heinlein avanzó el concepto de “bomba sucia” y especuló con la posibilidad de una guerra total que sumiria al mundo en una pax americana dictada por un régimen totalitario. Finalmente, ante la falta de cualquier evidencia seria, el FBI dejo marchar a Cartmill aunque advirtiendo a Campbell que no editara más relatos que pudieran hacer referencia a experimentos atómicos mientras durara la Guerra.

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Estas tres historias demuestran que el poder predictivo de la ciencia ficción es por fuerza limitado. Heinlein o Cartmill no anticiparon el futuro sino que reciclaban material ya existente. Lo recombinaban y con eso creaban algo nuevo. El poder de la ciencia ficción, su verdadero poder, es el de inspirar. John Campbell sospechaba que algo estaba sucediendo en Los Alamos, que algún proyecto que involucraba a un equipo de científicos y técnicos estaba teniendo lugar allí porque un buen número de suscriptores de Astounding se habían mudado recientemente a aquella zona. Estaban, en efecto, internados en las instalaciones de Los Alamos, de donde no podían moverse, y eran, en efecto, ávidos lectores de revistas de ciencia ficción. Mi versión, especulo por supuesto, es que uno de los ejemplares que contenía el cuento de Cartmill llamaría la atención de alguno de los muchos agentes que preservaban la seguridad en el centro. Quizá lo encontró por casualidad, abandonado por su científico dueño en alguna catre o mesa, y lo leyó por casualidad atraído por su portada, un poco aburrido, hasta que las primeras páginas de “Deadline” le sumieron en la alarma. Pero lo importante en último término es que tanto Szilard como estos jóvenes físicos tenían a la ciencia ficción en su caja de herramientas mental y cultural. En las conocidas palabras del recientemente fallecido Frederick Pohl, “la labor del escritor de ciencia ficción no es predecir el automovil sino el atasco de tráfico.” Es decir, las consecuencias sociales, economicas y culturales de los avances tecnológicos. Podría argumentarse que de nada sirvió la ciencia ficción para que los científicos del Proyecto Manhattan no imaginaran las consecuencias de lo que tenían entre manos. Pero a Szilard, el más aficionado de todos, sí sirvió. Como decíamos el húngaro no tardó en en comprender las consecuencias de la explosión  de Hiroshima. Como mantiene PD Smith en su libro Doomsday Men (2007), fue su bagaje fantacientífico lo que llevó a Szilard a imaginar la bomba de cobalto, una construcción imposible tecnicamente por entonces. La idea, una vez contagiada al público general, contribuyó a convencer al ciudadano de que una guerra atómica no sería un mero intercambio de bombazos sino que representaría el fin de la humanidad completa. Por eso no es de extrañar que ahora el MIT enseñe a sus ingenieros que la ciencia ficción es clave para hacer buena ciencia.

Dejá vù

Miércoles, octubre 23, 2013

ce_183Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (2011- ).

21xJodie Foster en Elysium (Neil Blomkamp, 2013)

Prosa Inmortal

Martes, octubre 15, 2013

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Realmente no sé si, como dicen algunos, existen solo unos pocos miles de lectores entusiastas en España; que ya ni siquiera los editores leen. Tampoco sé si el libro en papel ha muerto. Si en estos tiempos de multiplicidad de pantallas es inútil, suicida e incluso subversivo pedir a la gente que lea. Solo sé lo que dicen los datos: que las ventas de libros caen pese a que todavía se edita un número demencial de títulos. Que iniciativas de calidad pensadas desde “abajo” o “afuera” – como esta o esta-  alcanzan merecido éxito. Pero si me preguntan, les diré que quizá esto sucede porque la industria editorial es previsible, idiota y porque tiende a comercializar a los autores en función su biografía (porque son hiper jóvenes o porque son viejos y solo ahora se les reconoce) y no en la calidad de sus obras.  Si me preguntan les dire que sospecho que los libros seguirán siendo atesorados en siglos por venir, hasta que se nos acaben los árboles. Y aunque el libro muera vendrán otras formas basadas en la memoria y en la transmisión oral, como en el pasado de nuestros ancestros lejanos o como en el futuro de Fahrenheit 451. Porque estamos constituidos, hechos, de historias. Por eso nos sobrevivirán. Porque son inmortales.

Con este ideario, y orgullosa desde su título, ha nacido la revista literaria Prosa Inmortal. Con el propósito de contar historias hasta el final de los tiempos. Contar, contar y contar. Editada por Fran Serrano y John Tones, y de periodicidiad semestral, Prosa Inmortal ofrecerá colecciónes de ficción dedícadas cada una a un tema en particular. La literatura de género ocupará un lugar esencial en ella. Sin prejuicios pero sin rendiciones incondicionales a sus clichés. Porque la clave siempre ha sido y será la calidad de la prosa.

Este primer número a punto de ver la luz del mundo estará dedicado a “Los horrores de la ciencia”, un tema por supuesto muy querido en esta casa. Este que escribe, su querido doctor, ha contribuido con El átomo al servicio de los brujos (premio para quien adivine el orígen del titulo). En la línea de Los hombre bestia, la idea del texto era jugar con la ficción y la realidad en torno a un periodo y un tema -el del descubrimiento y primeros usos de la energía atómica- en el que magia y ciencia se mezclaron de una forma asombrosa y alquímica hasta borrar los límites entre nuestro mundo y el orbe donde habitan las narraciones.

Pero este es solo uno de los relatos que podrán encontrar en este número Prosa Inmortal. Entre los autores, ademas de sus editores, también están Noel Ceballos, Alberto Haj-Saleh, Javi Sánchez, y Guillermo Zapata, que han aportado sus excelentes y radicales relatos sobre doctores locos, taumaturgias cientiíficas y realidades imposibles. Y de postre, se incluye un relato inédito en castellano de Cory Doctorow y un ensayo sobre el tema del sin par Alvaro Arbonés. Todo ello ilustrado y maquetado con el fantástico saber hacer de Juan García y Guillermo Mogorrón.

Prosa Inmortal pronto podra adquirirse en (limitadísima) edición física y en (ilimitada) edición electrónica. Estaremos encantados de vender cuantas más copias mejor para que el proyecto continúe en marcha. Mientras tanto, este mismo jueves dia 17 a las 19:00h tendrá lugar la puesta de largo de Prosa Inmortal en el Festival de Sitges. Vengan si pueden, y si no, no desesperan: vendrán presentaciones futuras.

¡Vida inmortal a Prosa Inmortal!

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