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Deja vu

Martes, agosto 8, 2017

dd14Diabolik (Mario Bava, 1968).

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Despicable me 3 (Pierre Coffin y Kyle Balda, 2017).

Deja vu especial 12º aniversario

Sábado, febrero 11, 2017

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Inauguration of the pleasure dome (Kenneth Anger, 1954)

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L’enfer (Henri Georges Clouzot, 1964)

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Neon demon (Nicolas Winding Refn, 2016)

Bestiario (IV): Basilisco

Miércoles, diciembre 14, 2016

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También conocido como “regulus”, el basilisco era el réptil más terrible que habitaba en los bestiarios animales. Como es habitual, la primera descripción del basilisco la encontramos en la Historia Natural de Plinio el Viejo, quien afirmaba que este ser habitaba en la Cirenaica. Su piel era dorada, tenía una marca de diamante en la frente y poseía una cresta similar a una corona. De ahí que se le conociera como el “rey serpiente” (no confundir con el garito de Malasaña). De hecho su nombre viene del griego y significa “pequeño rey.” Pese a no medir más de 30 centímetros, Plinio aseguraba que su veneno era tan tóxico como para matar a un caballo.

Era tan peligroso que no solo su mordisco era mortal. Su olor podía matar casi cualquier ser vivo. Su mirada era letal para cualquier humano tan tonto como para atreverse a mirarle a los ojos. Su esencia eran tan terrible como para partir rocas y provocar incendios y por eso se le atribuye la abundancia de desiertos en el Oriente Medio, que es donde los autores medievales lo ubicaron. Durante la Edad Media su fisonomía fue cambiando y se le atribuyeron patas y pico como de gallo hasta confundirlo con otra bestia mítica, la cocatriz. Con ese nombre aparece en uno de los Cuentos de Canterbury de Chaucer. También aumentaron sus poderes: en los bestiarios de los siglos XII y XIII el basilisco podía disparar fuego por la boca y producir ondas sónicas.

Se aconsejaba a los viajeros medievales que llevaran consigo una espejo en caso de que se cruzaran con un basilisco porque propio reflejo podía matarlo. El basilisco era también vulnerable a la comadreja, que es capaz de perseguirla hasta su madriguera y aniquilarla. Es por tanto muy probable que los relatos sobre esta criatura mítica se basaran en encuentros con cobras rey y sus depredadoras naturales, las mangostas.

Basilisco matando a un hombre con su aliento y siendo atacado por una comadreja

Basilisco matando a un hombre con su aliento y siendo atacado por una comadreja

Una mangosta atacando a una cobra.

Una mangosta atacando a una cobra.

Bibliografía

  • Bane, Theresa. Encyclopedia of Beasts and Monsters in Myth, Legend and Folklore.
  • Rosen, Brenda.  The Mythical Creatures Bible: The Definitive Guide to Legendary Beings.  Sterling Publishing Company, Inc., 2009.

Deja vu

Lunes, diciembre 12, 2016
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The hunger (Tony Scott, 1983).

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San Junipero, S3E4 Black Mirror.

Bestiario (III): La mantícora

Lunes, diciembre 5, 2016
XJF444379 Manticore from 'Historie of Foure-Footed Beastes' by Edward Topsell, published 1607 (woodcut) by Topsell, Edward (c.1572-1625); Private Collection; (add.info.: Topsell's zoological treatise described animals both real, legendary and mythical; The manticore is a legendary creature similar to the Egyptian sphinx; It has the body of a lion, tail of a dragon and a human head with three rows of sharp teeth; The manticore devours its prey whole;); English, out of copyright

Mantícora según la ‘Historie of Foure-Footed Beastes’ de Edward Topsell, 1607.

Una de las preguntas que surgen de forma natural cuando contemplamos bestiarios antiguos o leemos las descripciones que naturalistas pretéritos hacían de seres y criaturas asombrosas es si nuestros antepasados eran en realidad tan crédulos, mucho más que nosotros hoy en día, como para creer en semejantes historias. La respuesta tiene que ver con las teorias disponibles en cada época, que a su vez acotaban lo que era razonable. Pero eso no quiere decir que la ciencia natural no nos presente criaturas extravagantes. El topo de nariz estrellada o el pez de cabeza transparante son solo un par de ejemplos. La historia natural siempre ha transitado a lo largo de esa línea borrosa que separa lo creíble de lo increíble.

Uno de los más importantes autores en la historia de la monstruología, al que ya hemos mencionado por aquí, fue Plinio El Viejo, que oscilaba entre un cierto escepticismo y una credulidad sorprendente. Se le consideró una autoridad durante más de quince siglos. Su obra influyó notablemente en el medievo a través de San Agustín. Sin embargo, Plinio aceptaba como cierta casi cualquier historia que se le presentaba. Entre ellas, las referentes a la mantícora, que en griego quiere decir “comedora de hombres, aunque su primer nombre fuera el persa martya. Esta bestia fue descrita por primera vez por Ctesias, que fue médico del rey persa Artajerjes II entre el silgo V y IV AC., y que la describió como originaria de aquella zona. Según Plinio, la mantícora tenía una triple fila de dientes, la cara y las orejas de un hombre, ojos grises, un cuerpo de color rojo sangre, el cuerpo de un león y una cola repleta de aguijones como los de un escorpión. Su voz suena como una ocarina, es rápida, puede saltar grandes distancias , y ha desarrollado un extremo gusto por la carne humana. De la mantícora Bartolomé de Inglaterra (1203-1272) llegó a decir que “de todas las bestias de la tierra, no hay otra tan cruel ni con forma tan asombrosa.”

¿Por qué a Plinio le parecía aceptable semejante descripción? Pues porque ya para los antiguos era cierto aquel adagio que dice que la realidad es más extraña que la ficción. En aquellos días extraños monstruos en la foma de animales exóticos, eran descubiertos en tierras lejanas. Los griegos acababan de entrar en contacto con elefantes y rinocerontes. Por tanto no era difícil aceptar la existencia de criaturas que hoy nos parecen fantásticas. Era una opción lógica.

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Bibliografía

  • Asma, Stpehen T. On monsters: An unnatural  history of our worst fears. Oxford University Press, 2011.

Bestiario (II): Leucrócotas

Jueves, noviembre 17, 2016

Continuamos esta serie que pretende convertir este blog en una wunderkammer, en un muestrario de monstruos, portentos y seres mitológicos.

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Una de las obsesiones de la mitología y las leyendas populares es la de la monstruosidad que emerge de la hibridación. Si la fornicación ya es un mal en sí, lo es mucho más cuando se practica con miembros de otras etnias o razas. El resultado -nos sugiere la sabiduría ancestral- suele ser monstruoso. Por eso mucho de las criaturas mitológicas más terribles nacían de la union contra natura de seres ya de por sí desagradables. Así por ejemplo, de la cópula entre Equidna -el ser mitad mujer, mitad serpiente- y Tifón -el engendro alado hijo de Hera- surgieron bestias como la Hidra de Lerna y el León de Nemea,  a los que Hércules hubo de asesinar como parte de sus trabajos, la Esfinge, la Quimera, el Cerbero o el Dragón de la Cólquide, aquel que Jasón hubo de matar para obtener el vellocino de oro.

Las leucrócotas son el resultado de la union entre un león y una crócota, animal mítico mezcla de perro y lobo. Dotado de unos dientes y garras fortísimas, la leucrócota poseía ademas una desasosegadora capacidad para imitar la voz humana que utilizaba para atraer a sus víctimas, por lo general pobres pastores, a las que después devoraban de modo similar al que empleaban las sirenas con los marineros incautos. Las leucrócotas tienen el tamaño de asnos y las piernas de un reno y han heredado la cola y un fuerte cuello de su progenitor león. Además de una voz casi humana, se decía que también poseían el poder de hipnotizar a sus víctimas y una boca tan ancha como su rostro y cuyas comisuras llegaban hasta sus orejas. Su sonrisa no desvelaba filas de dientes sino un espectáculo aún más pavoroso: un hueso en forma de cuchilla afilada ubicado entre sus dos mandíbulas desprovistas de encías.

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Según historiadores clásicos como Plinio el Viejo, Focio o Estrabón, la leucrócota y sus antecesoras las crócotas habitaban en la India o en Etiopia, en eso no se ponen muy de acuerdo. Plinio parecía inclinado a pensar que la crócota tenía algún parentesco con la hiena y que, como ella, era bisexual y cambiaba de sexo en años alternos. De hecho, es muy probable que viajeros y comerciates interpretaran como voces humanas las célebres risas de las hienas que encontraron en el curso de sus exploraciones. De la confusión o de la sorpresa nació la leyenda de la leucrócota engañadora. La mitología contaminó a la realidad y así el nombre científico de la hiena manchada es Crocuta crocuta. Se sabe que el emperador romano Antonino Pío fue presentado con una de estas criaturas durante las celebraciones de su décimo año de gobierno (148 D.C.) y que el emperador Septimio Severo trajo algunos ejemplares a Roma. Con la llegada de la Edad Media estos relatos más o menos basados en la realidad se difuminaron en favor de otros más mágicos. Se llegó a afirmar que los ojos de las leucrócotas eran gemas que otorgaban a quienes los poseyeran la capacidad de ver el futuro.

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Crocuta crocuta

Bibliografia

  • Rosen, Brenda. The Mythical Creatures Bible: The Definitive Guide to Legendary Beings. Steling Publishing, 2009.
  • Westerberg, Chadwick. The Esoteric Codex: Medieval European Legendary Creatures. 2015.

Bestiario (I): Cinocéfalos

Lunes, noviembre 14, 2016

Inauguramos una serie que pretende convertir este blog en una wunderkammer, en un muestrario de monstruos, portentos y seres mitológicos.

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Peuple dess cynocéphales d’Andaman, Libro de las Maravillas, Marco Polo

Los cinomolgos o cinocéfalos son criaturas bípedas y de aspecto humano con excepción de su cabeza, que es la propia de un perro. En ocasiones se les representa como seres civilizados pero en otras se le describe como salvajes que visten pieles, ladran en vez de hablar, y se alimentan de lo que cazan por los campos.

Se supone que los cinocéfalos habitaban en los confines del mundo conocido. En la India según Ctésias o Isidoro de Sevilla, en Libia según Herodoto y en Etiopía según Solino. En los relatos de viajeros y exploradores aparecen siempre en el Oriente: más allá de Tartaria según Giovanni di Pian Carpine o en las islas de Andamán según Marco Polo. Estos viajeros de la antigüedad con frecuencia tomaban a los animales autóctonos de las regiones que visitaban como exóticas razas pre-humanas. Así Plinio El Viejo en su Historia Natural afirmaba que los sátiros vivían en las montañas de Este de la India y que eran criaturas muy rápidas, que en ocasiones caminaban a cuatro patas y en otras a dos. Por supuesto, lo que describía el romano eran primates. Por tanto, es más que probable que el orígen del cinocéfalo fueran las historias de viajeros y comerciantes que se toparon con babuínos amarillos (papio cynocephalus) en sus viajes por el África Oriental.

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La figura del cinocéfalo alcanzó una gran popularidad durante la Edad Media. Además de su conexión con los simios, el interés por esta bestia se emparenta con las ceremonias místicas en las que se utilizaban máscaras de animales, como las de Anubis encarnado en chacal en el antiguo Egipto o aquellas paganas tan bien reflejadas en The wicker man (1973). Su reputación fue tal que incluso aparecen en el relato de Colón en su primer viaje a las Indias. Estos relatos que representan a otros grupos humanos como bestias eran habituales y no solo respondían a un claro etnocentrismo sino que también facilitaban la conquista y dominio de otros pueblos en virtud de su inferioridad. En el caso de Colón, la razón de este  falso avistamiento fue algo más compleja: en su busca del reino del Gran Khan, el genovés interrogó a los indios sobre si lo conocían. La confusión entre el latín cani (gentes del Can, que es como se escribía Khan), canis (perro en latín) y cánib (los antropófagos que asaltaban las costas del Caribe) hizo el resto.

Durante siglos los teólogos cristianos discutieron sobre si los monstruos tenían alma y si por tanto podían ser redimidos y alcanzar la vida eterna. Entre ellos San Agustín era de los más caritativos. Opinaba que no importaba lo feo y deforme que fuera una criatura nacida de mujer, si era racional, era un ser de Dios, con alma y albedrío para pecar. El cinocéfalo fue expresión máxima de esta tolerancia agustiniana hacia las razas monstruosas porque el mismísimo San Cristóbal era uno de ellos. La versión con cabeza de perro de San Cristóbal, martir cristiano del tercer siglo de nuestra era, no es muy conocido entre los católicos y los protestantes pero sí es venerado por los ortodoxos. Antes de su conversión, Cristóbal era conocido por el nombre de Réprobo y según el texto medieval irlandés La pasión de San Cristóbal provenía de una tierra de caníbales y hombres con cabeza de can. Réprobo era un fiero y enorme guerrero de una de las tribus que poblaban el oeste de Egipto y fue capturado por los romanos alrededor del año 300. Lo más probable sin embargo es que fuera un bereber de una tribu de la península Cirenaica, en la actual Libia. Tras su captura fue alistado a la fuerza en una guarnición romana en Siria. Aunque no se sabe con exactitud, parece que se convirtió y fue bautizado poco después de su apresamiento y que se negó a apostatar pese a las presiones de sus superiores. Confuso y agobiado porque aún solo conocía la lengua de sus congéneres semiperrunos, La pasión nos cuenta que pidió a Dios el don del habla y que este le fue concedido por un ángel que le visitó en su celda. Con su nueva adquirida elocuencia se negó a continuar venerando a los dioses romanos y a ofrecerles sacrificios. Las autoridades romanas de Antioquía intentaron asesinarle en varias ocasiones (qumándole, despellejándole, tirándole a un pozo) pero siempre salía milagrosamente bien parado. El elocuente cinocéfalo no debía de asustar mucho a los antiocos porque al parecer todo aquel que hablaba con él se convertía al cristianismo de inmediato. Los nuevos conversos eran luego asesinados por los romanos para evitar que se extendiera la fe cristiana. El manuscrito no tiene problema en afirmar que fueron un total de 10.300 víctimas las que sucumbieron. Ante tamaño holocausto, Cristóbal accedió a ser martirizado y decapitado para evitar más derramamiento de sangre.

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Representación de San Cristóbal en la tradición ortodoxa.

Bibliografía

  • Asma, Stpehen T. On monsters: An unnatural  history of our worst fears. Oxford University Press, 2011.
  • Salamanca Ballesteros, Alberto. Monstruos, ostentos y hermafroditas. Universidad de Granada, 2007.