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La gran evasión veraniega (y XI): La gran evasión

Sábado, agosto 22, 2015

La gran evasión (John Sturges, 1963)

Durante los 60, John Sturges fue estrenando, uno tras otro, películas de una calidad y entretenimiento constantes, sustentadas en historias ambiciosas y elencos de relumbrón. Los siete magnificos, La gran evasión, la reivindicable Estación 3 ultrasecreto o Estación Polar Cebra. Es decir, blockbusters de la época, antes de que Spielberg inventará el concepto en los 70.

La gran evasión galvaniza y condensa muchos de los elementos del cine que hemos venido reseñando estos días. Salvo una subtrama de traidor infiltrado lo tiene todo: las celdas de aislamiento o “neveras”, las torretas con ametralladoras y focos, arena cayendo por la pernera del pantalón, arena en el techo, la falsificación de papeles, el tejido de ropas escondidas en paredes falsas, los ensayos de alemán, nazis malvados, americanos individualistas, y hasta actores que ya habían participados en otras películas de fugas como Richard Attenborough o Nigel Stock. Y por supuesto túneles, muchos túneles, hasta tres. Y súmenle por supuesto un reparto coral de actores carismáticos, todos ellos diferenciados y particulares, que una vez se consuma la fuga, se dispersan como rayps en varias tramas paralelas cuya tensión nos deja sin uñas (al que tenga, claro).

No importa demasiado que el campo de concentración parezca una plácida ciudad de vacaciones. La gran evasión es cine exacto, casi me atrevería a decir que perfecto (lo cual no es necesariamente un elogio), es un mecanismo de relojería que funciona como un tiro, y además tan icónico que resulta la conclusión impecable a un verano de escapadas y fugas.

La gran evasión veraniega (X): The password is courage

Sábado, agosto 22, 2015

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The password is courage (Andrew L Stone, 1962)

El cine británico de fugas, con sus historias de coraje y valor y sus planes exitosos, puede verse desde un prisma similar al del actioner norteamericano de los 80 al estilo de Rambo II o Desaparecido en combate. Es decir, como una reescritura de la historia que pretende transformar la derrota en victoria. Dado que la actuación británica directa en la 2ª Guerra Mundial fue más que discreta, siendo barrido con facilidad de Francia por los nazis y del Sudeste asiático por los japoneses, su cine de fugas podría interpretarse como una reivindicación de sus militares, como un elogio de su ingenio y sus principios algo que a su vez nos hace preguntarnos cómo unos oficiales tan listos y astutos pudieron ser capturados.

The password is courage se basa en la biografía del Mayor Charles Coward y en sus repetidos intentos de fuga, algunos de ellos parecer ser que inventados o realizados por otros, lo que la convierte, podríamos decir, en una versión con protagonista británico de El único evadido de la que hablábamos hace unos dias. En el curso de estos planes también habrá momentos para el sabotaje, para el hostigamiento de los nazis, momentos casi de slapstick en los que Coward y sus compañeros incendian trenes de municiones, hacen descarrilar otros, y hasta reducen a cenizas el campo de trabajo donde han sido internados. Ríanse de los comandos especiales. Es decir, una revancha a posteriori.

The password is courage es una película extraña que parece no saber a qué carta quedarse y que mezcla momentos de franca comedia, como aquel en el que Coward es condecorado con una cruz de hierro, con un entorno realista, gracias sobre todo a la fotografía de Davis Boulton. Pero llama la atención sobre todo el bello Dirk Bogarde en el papel de Coward, que otorga al personaje un carisma poco habitual en el cine británico de fugas, un caradura que sabe engañar a los nazis pero que es también divertidamente torpe y tierno, como vemos en su breve romance con la joven óptica que le ayuda en uno de sus intentos. Pero si The password is courage es recordada por alfo, aparte de por el papel del Bogarde, es por servir de inspiración evidente a La gran evasión. Escenas como la de la inspección en la estación de tren, o elementos en el tunel con bombas de aire ser verían un año después en el clásico de Sturges. Hay incluso planos de Dirk Bogarde terminando un túnel que encuentran su análogo casi exacto en otros de Steve McQueen en La gran evasión.

En definitiva, The passwors is courage es una curiosidad que se deja ver con bastante agrado y que funciona mejor como comedia que como historia de valor personal, una presunta frivolidad que no se le perdonó en el momento de su estreno.

La gran evasión veraniega (IX): El cabo atrapado

Viernes, agosto 21, 2015

tumblr_nt3b7u1CId1qz9ut1o1_540El cabo atrapado (Jean Renoir,1962)

En 1937, Jean Renoir filmaba La gran ilusión, una de las grandes obras de la cinematografía francesa y mundial en la que narraba la historia de un grupo de prisioneros franceses en un campo de concentración alemán durante la I Guerra Mundial. La película se centraba por un lado en resaltar las diferencias de clase entre los reclusos y por otro la libertad como una urgente necesidad humana. En 1962 Renoir revisitaría estos mismos temas con El cabo atrapado, esta vez ambientada en la 2ª Guerra Mundial, con un añadido fatalismo que impregna a los personajes, el fatalismo de un ejercito que ha claudicado casi de inmediato al blitzkrieg nazi sin apenas oponer resistencia, el fatalismo de un país colaboracionista y ocupado.

La trama se centra en las continúas tramas del cabo del titulo – interpretado por Jean-Pierre Cassel, padre de Vincent Cassel– y su amigo del alma Bacholet por escapar. Varias veces, acompañados por otros prisioneros, amigos finalmente, con los que se irán encontrando hoy en un campo, mañana en otro. Pese a lo cómico de sus intentos -como el salto del muro o la escena del funeral o la del viaje en tren- el film tiene sus momentos amargos, porque al contrario que en tantas produccione anglosajonas, queda claro que la vida en un campo de concentración aleman era bastante indigna y que los prisioneros no eran un escuadrón homogéneo de oficiales dignos y altivos sino una masa de hombres asustados y hartos de su cautiverio, algunos pobres, otros ricos, unos campestres, los otros urbanos.

El cabo atrapado brilla por su humanismo, evidente en los absurdo de los diálogos, casi cadáveres exquisitos, por personajes que se dejan llevar, que hablan de poesía, que imaginan ser libres, estar en un café, pasear por la calle de su ciudad, que fabrican ficciones de todo tipo menos prolijos planes de fuga, porque esa es su manera de sobrevivir. Fugarse al fin y al cabo es algo que sucede o que sucederá mañana. Resulta también enternecedor el breve romance del cabo con la hija de la dentista a la que acude cuantas más veces mejor. Y es que Renoir sabe combinar perfectamente lo cómico con lo grave y al final nos queda un regusto mezclado porque reconocemos que todos somos prisioneros y que hemos de perserverar en nuestros intentos de escapar, por modestos, insensatos o futiles que sean.

La gran evasión veraniega (VIII): Hoy es dia de fuga

Viernes, agosto 21, 2015

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Hoy es dia de fuga (Ken Annakin, 1961)

A falta de un “Escapa como puedas” o un “Fugados por pelotas”, lo más cercano que tenemos a una comedía en el subgénero de fugas es esta simpática pieza de primeros de los 60, pero que por su humor naïf y sencillo pertenece más bien a las ligeras comedias de los 50. Hoy es día de fuga reúne a un buen número de actores secundarios como John Le MesurierRichard Wattisy a cómicos británicos de la época como Stanley Baxter, Eric Sykes y Leslie Phillips, que llegarían a tener sus propios shows televisivos en las décadas siguientes. No aparece aquí de ningun cómico rompedor de la sátira inglesa que estaban ya a puntito de aparecer, sino de comediantes más tradicionales, de chiste, mueca e imitación.

La trama es una particular variante del tema de las fugas y comienza en una especie de programa del tipo Esta es su vida en la que el profesor Pease, un hombre francamente desagradable, machista, pedante e inguantable, es homenajeado. Allí se recordará su estancia en un campo de concentración durante la Guerra, porque Pease inventó un aparato de detección aérea que se empeñó en probar él mismo en combate. Tan inepto es que cae del avión por sí solo. Una vez recluído en un campo de concentración, los oficiales al mando en él reciben una tajante orden de Londres. Han de ayudar al Profesor Pease a escapar como sea. No será para ellos una tarea grata, porque Pease no quiere ayuda, desdeña a todos y se empeña en salir caminando por la puerta. Algo que conseguirá finalmente usando una estratagema que parece ser fue empleada en la vida real.

Hoy es día de fuga está compuesta por retales de tramas ya vistas. Hay túneles, nazis malísimos, un traidor, un doble, y una representación de varietés para disfrute de los reclusos. Ahí no está su interés, sino en su variado helenco de personajes, en su comicidad blanca pero efectiva, y en cómo estos personajes se comportan en medio de tanto tropos del cine de fugas. En definitva, una comedia entrañable y simple que pertenece a otra época y que por eso y yace olvidada, no podemos decir que injustamente, en la historia del cine.

La gran evasión veraniega (VII): El traidor está entre nosotros

Jueves, agosto 20, 2015

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El traidor está entre nosotros (Don Chaffey, 1959)

El traidor está entre nosotros puede verse como la respuesta británica a Traidor en el infierno, aunque la trama del informante traidor tiene una importancia tal que termina por hacer de ella un atractivo cruce entre cine de fugas y whodunit. Además de este punto, la película presente el punto original de estar ambientada en un campo de concentración italiano. El detalle no es irrelevante. En el verano de 1943 los campos en el norte de Italia, aún ocupada por el Eje, fueron entregados por los italianos a los alemanes para su gestion, lo cual significaba un trato mucho más duro. Los prisioneros británicos han de enfrentarse a ese plazo para terminar su plan de fuga y al mismo tiempo descubrir al soplón y evitar que este revele los planes al malvado Capitán Benucci.

Estamos de nuevo antes un estupendo entretenimiento sabiamente manejado por Don Chaffey, que ademas de dirigir bastantes episodios de Los Vengadores y El Prisionero fue el responsable de la mítica Jasón y los Argonautas. Comenzamos in medias res con Benucci saliendo del campo. Pronto nos damos cuenta de que se trata de un doble, de un prisionero vestido para imitarle. El plan saldrá mal y a partir de ahí partirán las sospechas. El primer infeliz acusado será un oficial de origen griego que terminará apareciendo muerto. Al mismo tiempo, y ante la inminente llegada de los alemanes, la comisión de fugas idea un plan. Aprovechar una representación de Hamlet (pocas cosas más inglesas hay) para hacer que todo el campo se fuge a plena luz del dia. Porque ¿quién sospecharía de un plan tan alocado?

Destacan los papeles de un joven Richard Attenborough como prisionero de gafas y pipa y como oficial al mando Bernard Lee antes de hacerse famoso como el M de la saga Bond. También llama la atención el retrato que se hace de los italianos, por otro lado habitual en la ficción británica de la época: Benucci se pasea como un gallo con su pelo engominado y su uniforme impoluto mientras su superior siestea. Es decir, italianos traidores o perezosos, crueles o incompetentes.

Por el buen saber hacer de Chaffey, unos secundarios variopintos y un guion con buenas dosis de emoción, Traidor en el infierno, pese a tener ya un buen número de referentes a sus espaldas, resulta muy atractiva y es en último término una película estupenda.

La gran evasión veraniega (VI): El único evadido

Jueves, agosto 20, 2015

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El único evadido (Roy Ward Baker, 1957)

Después de Un condenado a muerte se ha escapado, volvemos a un film en el que el evadido no es un grupo sino un individuo. La diferencia en este caso es que los captores no son los nazis, sino los Aliados y quien se escapa un alemán. El único evadido está basada en la historia real del teniente Franz von Werra, caído en Gran Bretaña en 1940, y en sus múltiples intentos de fuga, unos más pensados que otros, que culminarían finalmente con un salto de un tren en Canada (que ofreció su suelo para albergar a prisioneros de guerra alemanes) y una travesía hasta la frontera estadounidense que solo sería el comienzo de su viaje. Von Werra no alcanzaría Alemania de nuevo hasta pasar por México, Perú, Bolivia, Brasil, España e Italia, para ser de nuevo abatido, esta vez mortalmente, pocos meses después de su reincorporación a la Luftwafe.

Aparte de lo curioso de su historia, el interés de El único evadido se sustenta en la correcta dirección de Roy Ward Baker, que en los 60 se convertiría en un director emblemático tanto de series como Los Vengadores y El Santo, como de producciones de la Amicus y de la Hammer, entre ellas su obra maestra ¿Qué sucedio entonces?, la tercera entrega de la saga Quatermass. Von Werra se presenta como desagradable, chulesco y altanero y quien les escribe no pudo evitar pensar que son su tupé rubio y su chupa de aviador, con su actitud desafiante ante la autoridad, el personaje no era más que un trasunto de los rebeldes sin causa de la época, o al menos de la visión que de los jóvenes tenía la gente de orden de entonces, o quizá una poco disimulada imitación de James Dean, quien sabe. Pero por lo demás, El único evadido, con su trama repetitiva pierde fuelle pronto hasta quedarse en poco más que un entretenimiento correcto, ideal para ver mientras uno se adormilada a la hora de la siesta para evitar la canícula.

La gran evasión veraniega (V): Un condenado a muerte se ha escapado

Miércoles, agosto 19, 2015

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Un condenado a muerte se ha escapado (Robert Bresson, 1956)

El cine frances de fugas es singular y magnífico, porque ademas de su particular factura, tiene un enfoque muy diferente al anglosajón. Tenemos que dejar fuera de este ciclo obras maestras como La gran ilusión (1937) o La evasión (1960) porque no se ajustan a nuestros estrictos códigos (fugas de campos de concentración durante la 2ª Guerra Mundial), pero nos quedaremos con otras dos que no van a su zaga, la primera de ellas es este clásico de Robert Bresson.

Como sucedía con Traidor en el infierno, resulta ardue decir algo original de una película que como Un condenado a muerte se ha escapado que consiguió trascender los presuntos límites del género y establecerse como una obra cumbre del cine mundial. Pero no por ello hay que dejar de mencionar el prodigio de la direccion de Bresson, la composición minimalista de sus planos, planos de rostros, de objetos y sobre todo de manos, manos que trabajan, manos que limpian, que escarban, que doblan, que asen objetos y los transforman en salvavidas. No podemos dejar de mencionar tampoco lo minucioso de su estructura, sustentada en repeticiones, en vueltas a los mismos escenarios que ratifican el sentido circular del tiempo en la prisión. El uso mínimo de la música, la iluminación casi expresionista, los dialogos secos, a veces brutales.

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Por todo esto, Un condenado a muerte se ha escapado se aleja de la pomposidad y artificialidad que el subgénero tomaba cuando era abordado por los británicos. Cuando uno ve The wooden horse o El traidor está entre nosotros, uno se pregunta por qué quieren escaparse los prisioneros. Los campos de concentración, con sus actividades deportivas y de ocio, sus barracones más o menos amplios, incluso el vestuario cambiante de los internos, casi sugieren que estar en un stalag era una forma de vacaciones pagadas, una forma de estar alejado del combate y de la posibilidad de muerte. En cambio, el protagonista del film de Bresson vive bajo la continua amenaza del fusilamiento, certificado cada vez que suenan los tiros, cada vez que una celda se ha quedado silenciosa, cada vez que un rostro ya no vuelve a ser visto a la hora del patio. El trato es malo, la comida peor y escaparse no es un deber militar, como se nos repite una y otra vez en el cine de fugas anglosajón, sino una necesidad, la de sobrevivir.

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