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Darth Vaders del siglo XX (III): Sayyid Qutb

Jueves, junio 14, 2007

(Pueden encontrar la lista de posts de esta serie aquí)

Una veraniega tarde de 1949 un hombre se apea del tren que acaba de detenerse en la estación de Greeley, Colorado. Deja su maleta por un momento en el suelo, oscura, ajedrezada, enorme, llena de arañazos. Echa un vistazo a la calle arbolada y recta, paralela, que se extiende ante él. Un par de altos campanarios, vehículos aparcados, todo sorprendente, nuevo, blanco, mientras trata de dar sentido al mapa cuadriculado que lleva en el bolsillo rasgado de su Príncipe de Gales. Su nombre, Sayyid Qutb, inspector de escuela egipcio, enviado por su gobierno a Estados Unidos para aprender del sistema educativo americano. Este tipo enjuto, taciturno, encorvado, con mostacho de un estilo nada popular por aquel entonces, se convertirá con el tiempo en el padre espiritual de Al-Qaeda; se convertirá en un Darth Vader del siglo XX.

Qutb había nacido en 1906. De familia adinerada, recibió una educación occidental en la Universidad de El Cairo donde se graduó en 1933, pasando después a trabajar para el Ministerio de Educación egipcio, como maestro de escuela elemental primero y como inspector más tarde. Sufría de varias afecciones respiratorias y era conocido por su carácter introvertido, depresivo y reservado. Como persona cultivada que era, dedicaba su tiempo libre a la poesía, la novela y la crítica literaria. Flirteó brevemente con el socialismo y se convirtió en activista por la independencia de Egipto. Al llegar la Segunda Guerra Mundial vertió sus preocupaciones en su obra “La justicia social en el Islam”, en la cual hacía una llamada a una sociedad sin clases.

Su altisonante voz y sus primeras inclinaciones anti-americanas le hicieron incómodo para el gobierno egipcio quien con cierta esperanza de redimirle, decide enviarle como observador a Estados Unidos. Así que parte de Alejandría un buen día de Noviembre de 1948. Durante la travesía por el Atlántico, Qutb recibe su primera revelación por mediación del asco. Una noche, una mujer, según él borracha y semidesnuda, entra en su camarote súbitamente y le hace proposiciones. El, por supuesto, se resiste. Pero el evento le marca y le previene: Caminas por tierras de salvajes infieles, hijo mío. No les sorprenderá saber que Qutb nunca llegó a casarse y que lamentaba no haber conocido a una mujer lo suficientemente “pura y discreta” que lo mereciera.

Durante su estancia en Greeley, Qutb atendió a diversas clases en la universidad local y fue invitado a las más distinguidas residencias. En aquel entonces los norteamericanos tomaban a los extranjeros por exóticos objetos de curiosidad, de una forma que imagino muy similar a por la que Borat es inicialmente tomado por sus anfitriones sureños antes de reventarles la velada. En el transcurso de su estancia comenzó la cristalización de su posterior pensamiento radical. Por ejemplo, le sorprendía que las familias americanas, a pesar de las apariencias, no disfrutaran de estar juntos. Cierto era que cuidaban sus jardines, los regaban y podaban con mimo. No parecían hacer más que cortar el césped interminablemente. Pero no se dedicaban obsesivamente a estas actividades por disfrute estético sino por la más pura y fría organización. Le parecía que nadie allí era realmente feliz. En sus escritos describiendo aquella experiencia criticó otros aspectos de la cultura americana como sus vulgares cortes de pelo, su afición por el boxeo, por el deporte en general, o por la música jazz.

Pero su segunda y definitiva revelación le golpeó en un momento aparentemente inocente. Por increíble que parezca, Qutb era con cierta frecuencia invitado a las iglesias de Greeley. En una ocasión, la ceremonia fue seguida por un baile parroquial. El pastor bajó las luces, conectó la gramola y pinchó el tema “Baby, it’s cold outside.” Lo que no a nuestros ojos no representaría más que un ingenuo y pacato guateque para Qutb tomó un cariz bien diferente. Según sus propias palabras, la sala se llenó de lujuria – cachete con cachete, pechito con pechito -. Allí bailaban en procaz frotamiento almas perdidas, corruptas, superficiales, que creían ser libres pero que en realidad eran inconscientes prisioneras del materialismo. Vio claro que la sociedad americana habia llevado a sus gentes a un estado de asilamiento primigenio en el que se les permitía desatar sus tendencias más primitivas y animales. Sus observaciones de todos aquellos meses culminaron con el feroz convencimiento de que esa forma de vida roía todos los lazos, los valores compartidos que mantienen la sociedad unida. Era imperativo impedir que el individualismo se extendiera por el mundo y triunfase. El método: El Islam, que proporcionaría un marco moral que permitiera mantener a raya a la hidra que amenazaba devorar al mundo, y que constituiría la única defensa contra la Nada que ya había subyugado a Occidente.

Impresionado, sacudido y de vuelta ya en El Cairo (que no Damasco), Qutb se unió al movimiento más radical existente, la Hermandad Islámica, primero como editor de sus publicaciones y después en la sección de propaganda. Criticó al gobierno títere de los británicos y apoyó el golpe de estado de Nasser. Sin embargó pronto quedó clara la intención de la nueva autoridad por mantener un Egipto laico. Esto infurió a nuestro héroe porque en su opinión el triunfo del individualismo se debía a la división, de origen cristiano, entre lo espiritual y lo secular (“Denle al Cesar lo que es del Cesar”, ya saben). La separación entre gobierno y religión representaba el sometimiento del hombre a la autoridad de los hombres. Aquel era el origen de todos los males, del fin de la espiritualidad, de la ausencia de conexión con Dios y con el prójimo. Vislumbró que la única vía alternativa posible era crear una sociedad islámica bajo la Ley del Corán; un sistema completo de moralidad y justicia cuyas normas y principios constituiría la base no sólo del Gobierno sino también de todos los demás aspectos de la vida. Así que en 1954, la Hermandad Islámica organizó el a la postre fallido intento de asesinato de Nasser. Y Qutb fue encarcelado junto con otros mil activistas.

En la prisión, Qutb fue salvajemente torturado hasta el punto de llegar a sufrir un infarto. No en vano la CIA había ayudado a poner en pie y asesorar a la seguridad del régimen. Estos maltratos ayudaron a galvanizar sus posturas radicales y anti-seculares, así como su particular interpretación histórica del Corán y del islamismo, que condensaría en su obra cumbre, “Hitos“, el equivalente islámico del “Mein Kampf“. En “Hitos“, Qutb no solo transformó la idea de Jihad y lo despojó de su carácter puramente defensivo, sino que además estableció uno de los conceptos clave de su pensamiento: La Jahiliyyah, algo así como un estado de barbarismo, caos e ignorancia que dominaba Occidente y que se extendía por el mundo como una plaga cruel, insidiosa y funesta, que penetraba y se infiltraba en las mentes de los hombres sin que se percataran, desde fuera y desde dentro, haciéndoles creer que caminaban hacia un mundo mejor. Una falsa conciencia que permea todos los ámbitos, el cultural, el económico, el militar, y que nos ciega ante la evidencia de nuestra propia enfermedad. La guerra contra la Jahiliyyah era sorda y secreta, y demandaba ser luchada por cualquier medio disponible. Era preciso liberar a los musulmanes. Para conseguirlo, pensó Qutb, era necesaria una élite, una vanguardia revolucionaria que despertara y liderara a las masas hacia la luz del Islam, liberándoles de sus banales deseos y necesidades, rearmándoles moralmente frente al individualismo. Este grupo reducido constituiría la punta de lanza en la lucha contra la Jahiliyyah. Porque los lideres que ocupaban las poltronas del poder en los países árabes también estaban enfermos, eran prescindibles y eliminables, ya no eran musulmanes.

Pese a ser indultado, Qutb prefirió continuar su martirio y fue de nuevo detenido, juzgado por traición y ejecutado en 1966. Al día siguiente, un joven discípulo suyo llamado Ayman Al-Zawahiri creó un nuevo grupo radical inspirado por la idea de esa vanguardia que Qutb anhelaba. Zawahiri participó en el asesinato del general Sadat en 1981, y al igual que Qutb fue encarcelado y torturado. Su calvario le hizo interpretar los postulados de su maestro de un modo aun más febril: Si las masas no se habían rebelado tras el asesinato del vendido y corrupto Sadat era porque la población se encontraba tan enferma y contaminada de Jahiliyyah como sus líderes. Era por tanto legítimo matarles. Ese terror, que con tanto fervor se puso en práctica en la Argelia de los 90, les obligaría a afrontar la realidad. Cargado de esta munición ideológica, abandonó Egipto y viajó a Afganistán para luchar contra los soviets. Allí conoció a un joven saudí, hijo de millonarios y de quien acabaría convirtiéndose en mentor. Su nombre, Osama Bin Laden.

Mira que guapos

Hay que ver que hermosas ironias nos proporciona la Historia. ¡Canten conmigo!

(Ah, y pueden encontrar a los previos oscuros próceres del siglo XX aquí)

9 comentarios leave one →
  1. Ikke Leonhardt permalink
    Jueves, junio 14, 2007 9:36 am

    Muy buen resumen, vive Dios. Aunque echo en falta alguna referencia al documental de la BBC que vd. y yo sabemos🙂

    Corro a leer el resto de la serie.

  2. Ikke Leonhardt permalink
    Jueves, junio 14, 2007 9:50 am

    Ya he dado buena cuenta de los otros dos artículos y me he quedado con ganas de más. Espero con ansia el de Ayn Rand, la más jugosa de la lista sin duda.

    Le dejo otra sugerencia con potencial: David Ogilvy. El culpable de todo.

  3. Jueves, junio 14, 2007 10:12 am

    Se ha fijado que la mayoría de estos personajes padecen o han padecido algún tipo de enfermedad? Respiratoria, asma, neumonía, cardio… Cuando leo estas cosas me arrepiento de haber tenido una infancia tan sana. Sería más interesante si no lo hubiese sido.

  4. Jueves, junio 14, 2007 6:12 pm

    Interesantísima su serie, me acabo de leer los tres primeros capítulos y también espero con impaciencia el siguiente.

  5. Jueves, junio 14, 2007 6:48 pm

    Gracias por sus parabienes.

    Jejeje, Ikke, me ha pillado. Este articulo bebe del documental de la BBC “The Power of Nightmares”, que es encontrable en Google video. Tambien se basa en “Al Qaeda´s Greeley roots”, un articulo del 5280 Magazine, asi que como de otras referencias que he asimilado al leer sobre el tema.
    Muchas gracias por la sugerencia. La unire a la lista. Pero le prometi a Noel que el siguiente Darth Vader sera Tesla…

    Tiene toda la razon Pussy. Todos eran unos enfermos. Stalin, Churchill, Hitler, estaban podridos por dentro en mas de un sentido. Pero no eran tuberculosos. Porque ser tuberculoso te clasifica inmediatamente como guay.

  6. Viernes, junio 15, 2007 7:30 am

    Me sumo a las alabanzas sobre sus Darth Vaders. Esto es cultura y lo demás son memeces.

    Por cierto, al leer eso de “un estado de barbarismo, caos e ignorancia que dominaba Occidente y que se extendía por el mundo como una plaga cruel, insidiosa y funesta, que penetraba y se infiltraba en las mentes de los hombres sin que se percataran” me he dado cuenta de que, sin saberlo, podría considerárseme adepto de la Jahiliyyah.

  7. Viernes, junio 15, 2007 12:20 pm

    Ahi le ha dado, Higronauta. Al conocer sobre Qutb uno puede o bien apartarle por loco y pirado o bien pensar que quiza, que tal vez, que puede ser que…

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