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Lo Zombi

Miércoles, agosto 15, 2007

Schopenhauer acuñó el concepto de “Voluntad de Vivir”, un impulso primario e irreflexivo, una pulsión ciega e insaciable, sin finalidad en sí misma, que según él domina a todos los seres vivos y alrededor de la cual todo lo demás orbita, incluida la Razón. En este sentido, el zombi es la Voluntad de (no-)Vivir hecha carne (putrefacta). El zombi es incansable, inagotable, pugna por acabar con nosotros hasta su último aliento. Aunque pretenda devorar nuestra carne, no se alimenta de ésta, no alberga un espíritu, un objetivo último, ni siquiera subsistir, no percibe su propia existencia (por ello “Land of the Dead” representa una pequeña traición al concepto que el mismo George A. Romero creó). El zombi forma parte de la naturaleza cruel que nos sojuzga, esa naturaleza que nos digiere sin que le importemos lo más mínimo, todo lo que somos, todo lo que poseemos, sin que nos conozca, de manera impersonal y anónima. Ante el zombi todos somos iguales. Él es el malvado schopenhaueriano por excelencia.

Hay que ver lo que se parecía este hombre a Punset.

De otros monstruos nos fascinan los cálculos y racionalidad que imprimen a su maldad. Los vampiros, por ejemplo conspiran y manejan. En cambio, el zombi acaba con nuestra representación del mundo de un modo ingenuo, sencillo y frontal, pero no por ello menos nefasto. “Lo Zombi” -como lo ha bautizado el Maestro Ausente– esa amenaza muda e implacable que ridiculiza nuestras convenciones, con la que no se puede negociar, contra la que sólo podemos combatir a cara de perro, subraya los dramas y conflictos humanos, convierte lo larvado y latente en patente y descarnado. De ahí que la figura del no-muerto sea capaz de generar enormes obras artísticas, porque ante el zombi, el humano descubre la lucha constante que libra contra si mismo y sus semejantes.

Por esto “World War Z” de Max Brooks (zombiólogo experto y autor de “The Zombi Survival Guide”) y “The Walkind Dead” de Robert Kirkman son unas espléndidas y apasionantes obras de ficción zombi. Porque ambas se construyen a base de minucias humanas, de fragmentos domésticos, banalidades que brillan vivaces bajo la alargada sombra de los no-muertos. Sombra que además ambas obras emplean de forma maravillosa como parte de la acción.

Confieso que les hablaré de “World War Z” de memoria. Lo leí meses antes de reabrir el gabinete, cuando llenaba los escaparates frioexteriores y aún era reciente la batalla de ceros entre las productoras de Brad Pitt y Leonardo DiCaprio para obtener sus derechos. Quedó pendiente entonces y se impone saldar cuentas en este Verano Zombi.

Escrito como una pieza de no-ficción, como si se tratara de un informe paralelo al oficial de las Naciones Unidas, el libro transcribe la historia del estallido pandémico diez años antes de un virus capaz de tornar a los infectados en muertos vivientes (al estilo de “28 Días Después”), y que casi exterminó por completo a la raza humana. El libro se articula por medio de testimonios y entrevistas con los supervivientes, militares, responsables gubernamentales, ciudadanos normales. Este mosaico de puntos de vista lo convierte en un devastador ejercicio de hiperplausibilidad. La primera parte en particular despunta en lo exacto de sus predicciones: El estallido de la plaga en China, los fracasos en contenerla, el secretismo oficial y las primeras oleadas de refugiados que inundan las fronteras del Medio Oriente. Resuenan ecos de la gripe aviar, las consecuencias futuras del calentamiento global, The War On Terror. Los gobiernos tratan de ignorar la escala de la plaga, renuncian a la verdad. Filtran noticias a medias que son aprovechadas por viles corporaciones farmacéuticas para comercializar inocuos remedios. Hasta que estalla lo evidente.

Brooks teje perfectamente las declaraciones de aquellos que se las vieron con los no-muertos en el salón de su propia casa (verbigracia el otaku que ha de salir de su burbuja, súbitamente desconectada, y escapar de las fauces de sus familiares y vecinos) o de quienes poblaban los pasillos del poder. Y consigue contagiarnos de la escalada de angustia previa al Gran Pánico, el momento en el que el mundo entero vislumbra la magnitud del cataclismo, impulsándonos a engullir sin tregua una página detrás de otra.

Tras de la derrota del ejército norteamericano frente la oleada zombi y la consiguiente retirada general, el mundo se pone patas arriba. Cuba y Tibet se convierten en grandes potencias, Rusia regresa a la época feudal, China e Irán caen. Corea del Norte desaparece por completo, sus habitantes -¿vivos o muertos?- en algún lugar bajo tierra. Sin embargo, después todas estas sensatas profecías geopolíticas, el libro se enfanga en la jerga del techno-thriller militar à la Clancy e inunda al lector con siglas y aburridas descripciones de armas y dispositivos. Por fortuna, Brooks también se detiene a recoger la situación de refugiados y víctimas y es aquí donde florecen algunos de sus más ingeniosos logros. Por ejemplo, el Síndrome de Fallecimiento Asintomático, por el cual los supervivientes comienzan a morir en masa sin más, por pura falta de ganas de vivir, de despertarse cada día. O el estado de demencia en el que entran algunos humanos no infectados, los llamados “Quislings”, y que les empuja a comportarse como zombis con el fin de ser aceptados por la nueva mayoría, por el nuevo patrón de normalidad. O que miles de sobrecualificados ciudadanos de la clase ociosa hayan de ser reciclados y entrenados en tareas básicas y necesarias como la agricultura o la carpintería.

En “World War Z”, Max Brooks aplica sabiamente sus tareas de documentación a estirar los cabos sueltos de nuestro presente, a proyectar y conjeturar que ocurriría en caso de hecatombe masiva en este o aquel país, cuáles serian las consecuencias económicas y demográficas, los grandes movimientos sociales; el probable retorno al primitivismo, el seguro desastre ecológico. Su obra por tanto es bastante más macroscópica que “The Walking Dead”, comic al que llegué (tarde, pero más vale) gracias a Noel y Alvy. A Robert Kirkman no le interesa en absoluto la razón por la que los muertos resurgen de sus tumbas, qué le ha sucede al gobierno o la dinámica de la catástrofe. Prefiere enfocar su microscopio con preciado deleite sobre un elenco de personajes creíbles y bien definidos que han de enfrentarse de súbito a lo inimaginable.

El primer volumen de la serie se abre con Rick, su principal protagonista, despertándose solo en la cama de un hospital. “El Día De Los Trífidos” de nuevo. De inmediato nos unimos a la búsqueda de este sheriff de pueblo en pos de su familia. Hallamos junto a él que una nueva realidad ha echado a andar sin esperarle. A su lado comprendemos gradualmente que todos ansiamos certezas, ya las impongan la rectitud, el ojo por ojo o la fuerza bruta. El mismo Rick y las buenas gentes que van reuniéndose a su alrededor irán transitando sucesivamente por esas tres etapas a medida que el Mal se instala en sus vidas.

Cómo no, hay en “The Walking Dead” una crítica a la sociedad actual. El contraste entre el antes y el después, el extrañamiento de la realidad, es un mecanismo dramático demasiado poderoso como para no ser aprovechado. Sus delineadísimos personajes dedican gran parte de sus pensamientos y anhelos a la recuperación del orden anterior, de los tiempos pasados. Al menos en los tres primeros volúmenes que me he zampado hasta ahora, salvo el héroe principal, pocos de sus protagonistas han preferido adaptarse al fin de los tiempos. Se adhieren aún a normas y preceptos éticos que sólo les hacen vulnerables y cuya futilidad y absurdo se evidencia cada vez que un zombi se lanza a jamarles los sesos. Podría argumentarse que esos mismos principios les definen como humanos, pero ¿no pertenecen a una época en la que muchos de ellos vagaban sin saberlo cual muertos en vida?

Tu lo que quieres es que me coma el zombi.

The Walking Dead” utiliza además la acción de una manera soberbia, bien racionada y contundente. Pueden transcurrir muchas viñetas sin que aparezca un podrido y no obstante se les teme a cada vuelta de hoja. Son una maldición omnipresente, y aunque, como ocurre con “World War Z”, es imposible dejar de leerlo, uno también duda en avanzar en la lectura, amedrentado por su ominosa aparición. Cualquier personaje puede morir, en cualquier momento y de cualquier forma, sin miramientos. Humanos y zombis se tienen reservadas mutuamente las mayores crueldades, las más terribles agresiones y torturas.

Porque ambas obras, como otras cumbres de Lo Zombi, exploran las fronteras entre ellos y nosotros. El no-muerto, con su fuerza numerosa, colectiva e infatigable. El vivo, con sus debilidades individualizadas, sus estrategias, sus dilemas. Todos, unos y otros, esclavos subyugados a la Voluntad de Vivir. Pero todavía cabe preguntarnos algo: ¿Qué maldad es peor? ¿Aquella brutal, inconsciente e ingenua o la pensada y premeditada, la que somete la Razón a sus designios?

7 comentarios leave one →
  1. Miércoles, agosto 15, 2007 8:47 pm

    Muy bonito. Pero ahora analice usted “Day of The Gnus”:

    http://www.esponjiforme.com/weblocke/2007/08/el-da-del-u.html

  2. Lunes, agosto 20, 2007 9:49 am

    Tomo nota del World War Z y en pleno alelismo higronáutico, gracias a sus palabras, descubro que el primer tomo que poseía de los Muertos Vivientes tiene continuación (y mucha).

    Una recomendación comiquera más sobre el tema: Remains, del maestro Niles y Kieron Dwyer.

  3. Lunes, agosto 20, 2007 11:57 am

    Nikochan, yo creo que en “Day of the Gnus” se ven claras las influencias de Arturo Chopenjauer, en especial de su obra “Lo bovino como voluntad y representacion”. Tambien se escuchan ecos de “Estudios Jurasicos”, hito fundamental de Stephan Spielbertz.

    Hoy me han llegado los volumenes 4 y 5 de Walking Dead, asi que me apresuro a devorarlos. Y tomo nota de Remains. Gracias don Higro!

  4. twitterrorista permalink
    Martes, agosto 21, 2007 10:02 am

    Gracias por la iluminación, doctor: los zombis son los melancólicos de nuestra época. Vivo sin vivir en mí and so and so…

  5. Miércoles, agosto 22, 2007 6:32 pm

    Precioso: tengo a Brooks más abandonado que el apocalipsis, debería ponerme ya. Y World War Z pinta a diversión de la auténtica.

  6. Jueves, enero 10, 2008 6:43 am

    ¿?

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  1. La ley de su amo | Doctor Zito

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