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El Reportero

Sábado, octubre 13, 2007

El siguiente texto puede leerse de dos maneras: La corriente e higiénica, que termina en el lugar indicado por tres vistosas estrellitas. O la imbricada y arenosa, en la cual deberán sustituir sucesivamente cada imagen por cada uno de los párrafos numerados que encontrarán más allá. Ustedes eligen.

Let the desert wind cool your aching head
Let the weight of the world drift away instead.

Beck, The Golden Age.

Es lugar común argumentar que Antonioni ha envejecido mal. Que su estilo pausado, lánguido y enigmático, que su hipérbole de la contemplación, sus vectores temáticos (aislamiento, incomprensión, hastío) no calan ya en el espectador moderno, de igual forma que ya no resuenan en nosotros las obras de, por ejemplo, Walter Scott. Pero si pueden conseguir desprenderse de las incomodidades que su forma pueda producirles y tal vez vencer prejuicios, El Reportero (1975) les recompensará con un espectáculo hermoso y fascinante, con una cínica indagación sobre los mecanismos de la identidad, con una juguetona deconstrucción de Con la muerte en los talones e incluso con una jocosa premonición de la monumental saga Bourne.

¿Cómo ha dicho? ¿Una revisión de Hitchcock? ¿Barrunto de Bourne? ¿Está usted enfermo? Déjenme explicarles. El reportero David Locke, un bellísimo Jack Nicholson, viaja a lo más remoto de un país sahariano en silenciosa guerra civil, con el fin de culminar la filmación de un reportaje sobre el estado general de África. Allí se topa frontalmente con la incomunicación más absoluta: Los lugareños no le entienden, los Tuaregs le ignoran, todos le observan con desidia. Las sempiternas extensiones de arena y polvo, que ni siquiera le parecen hermosas (aunque Antonioni las filme gloriosas), no ofrecen cobijo alguno al petite bourgeois que, como averiguaremos más tarde, ronda harto de su vida cotidiana, de su fama, de su esposa. Y tras tamaña frustración, en la espartana sencillez del hotel en el que se alberga, hallará el giro inesperado, la salida prohibida, la posibilidad de tomar prestada la identidad del otro occidental que casualmente allí también se aloja: Robertson, un hombre de negocios ignotos, que aparece muerto en su lecho. Dos extraños, que intercambian sus personas.

De vuelta a Europa, liberado, el reportero se intriga con los detalles de su nueva personalidad. Una agenda que detalla reuniones confidenciales, nombres desconocidos. De forma similar a Bourne, se embarca en el gradual descubrimiento de su recién descubierto yo: ¿Qué secretos guardaba, qué gentes frecuentaba aquel hombre cuya vida ahora habita? Y en ese proceso de usurpación, como Cary Grant accidentalmente hacía con el ficticio Sr. Kaplan, el reportero se enmaraña, se desliza, hacia un peligro mortal que quizá no ignorara por completo cuando decidió intercambiar pasaportes.

Europa se convierte también aquí en destacado protagonista y escenario (Munich, Londres, Ginebra, Barcelona, Almeria). Pero durante todo este salpicado de localizaciones, el naturalismo de Antonioni no se muestra tan estilizado como el de la trilogía Bourne: Los aeropuertos, iglesias, Gaudi, van dando paso a los bares roñosos, kitsch de autopista y pueblos polvorientos de la España recóndita. Con calma, con mucha calma, Antonioni nos ubica en una realidad sin glamour ninguno. Una ausencia de encanto que quizás sea paradójica causa del presuntamente prematuro envejecimiento de la película. Porque en el otro extremo, en el del Maestro, Cary Grant, Eva Marie Sant y sus tribulaciones son por el contrario falsos, falsísimos. Y por lo tanto eternos.

Y así todo, en su investigación de campo sobre cuánto en realidad nos construyen nuestras fachadas, sobre la posibilidad auténtica de demolerlas por completo, El Reportero conduce a una conclusión a la vez real y abstracta, como un paisaje de Friederich: Un monumental y dilatado plano secuencia, uno más, en la que todo termina como comienza: Una cama, una habitación, un yermo polvoriento, surreales, pictóricos. La cámara, que oscila milagrosamente entre las rejas de una ventana, mientras Locke espera, calmo, fuera de campo, a que el destino se haga carne y los personajes se reúnan finalmente en torno suyo, en un encuadre de proporciones teatrales.

* * *

I.

Al igual que el reportero, en su día yo elegí dejarlo todo atrás y abrazar un futuro a fondo perdido, Y se, con conocimiento de causa, que el mundo no le permite a uno jugar al trapecista, desvanecerse sin rastro. Las facturas se agolpan al otro lado de la puerta, los colegas de profesión con sus requerimientos. En el caso del reportero, su esposa, hasta entonces infiel y aburrida, comienza a intrigarse por las circunstancias de su desaparición. Ella, que también se ha visto de súbito liberada, abraza sin embargo ese misterio, esa incerteza, esa carga que le pesa, y se lanza en su búsqueda.

II.

Al igual que el reportero, yo también llegué a Barcelona perseguido por una acumulación de descalabros que me condujo a un hilo en el vacío. Pero yo no arribé a aquella ciudad que visitó el reportero, deliciosa y preolímpica, con colmados en los bajos de La Pedrera y gente aun viviendo en ella, sino a la transmutada en Modernona, aséptica, falaz, biliosa. Y no encontré, como él, a una felina, lacónica, delicada y feroz Maria Schenider, con la que perderme en un cadillac por los interiores peninsulares, en pos de la próxima cita secreta de la agenda. Eso ocurrió más tarde.

III.

Y al igual que el reportero, mi fuga hacia delante, mi lucha perdida de antemano, concluyó tendido en un cuarto, en una pensión cualquiera, Calle Hospital, esperando a que espectros familiares se colocaran uno a uno en torno a mí, como un concilio, lentos, silenciosos, mudos, recién convertidos en carne.

13 comentarios leave one →
  1. Domingo, octubre 14, 2007 9:59 pm

    Es dificil comentar esto. Lo digo como elogio.

    Bravo.

    (Por cierto, ¿qué libro de Biskind se ha agenciado?)

  2. Lunes, octubre 15, 2007 10:51 am

    Muchas gracias, Javo. Esas palabras son formidables viniendo de usted.

    El libro de Biskind? “Easy riders, raging bulls”. Y fue por alineamiento cosmico: Poco despues de que usted hablara de el, y de forma completamente independiente, descubro que Pussy lo tenia en su mesilla. Y dias mas tarde, en una libreria de segunda mano, lo encuentro refulgente por casualidad. Como no agenciarmelo!

  3. Lunes, octubre 15, 2007 10:54 am

    Brutal Zito, Brutal. Me has dejado KO.
    Por otro lado me resulta muy inspirador en esta encrucijada, la idea de reinvención aletea hace tiempo por mi cabeza haciéndome cavilar bastante. Se queda ahí tu post, como si acabara en puntos suspensivos, y volviera a empezar: otro cuarto, otra cama.

  4. Lunes, octubre 15, 2007 4:34 pm

    Demolerlas no es fácil no, que de eso también trata este juego algo sobrevalorado. Jugar a ocultar, reinventar y cuando el juego es un triunfo merece admiración, sin duda. Circunstancias son datos, Dr. Zito, tiene vd. madera de artista…

    Aquí, algo parecido:

    http://quehaydeneuvecatherine.blogspot.com/2007/02/moteros-tranquilos-y-toros-salvajes.html

    http://quehaydeneuvecatherine.blogspot.com/2007/05/individuos-y-grandes-ciudades-el-portal.html

  5. Lunes, octubre 15, 2007 8:19 pm

    Podriamos casi configurar un himno pop, estimado Reportero Doctor: We’re all Bourne someday sometime.

  6. C. Rancio permalink
    Miércoles, octubre 17, 2007 7:54 am

    Y además sale el ex-presidente del Barça Gaspart como recepcionista de hotel.

  7. darkness permalink
    Miércoles, octubre 17, 2007 8:47 am

    Bastardo.

  8. Miércoles, octubre 17, 2007 9:54 am

    Tremendo.

  9. Miércoles, octubre 17, 2007 12:24 pm

    Que sonrojo. Fijense, si hasta me ha salido un troll.😛

    Y en efecto, C Rancio, menudo susto me lleve cuando le vi con su nariz torcida. Ah, bienvenido, un honor tenerle por aqui.

  10. Jueves, octubre 18, 2007 8:50 am

    No es fácil para mí decirlo: me parece de lo mejor, bueno, lo mejor, que he leido en mucho, mucho, mucho tiempo. Saludos, Doctor y enhorabuena.

  11. Jueves, octubre 18, 2007 3:04 pm

    Enhorabuena, un texto soberbio. Me han dado ganas de volver a ver la película, que en su tiempo no me gustó.
    Un saludo.

  12. Jueves, octubre 18, 2007 3:11 pm

    Gracias, colega doctor. Es un cumplido precioso.

    Don Enrique, me he quedado con la duda. Por que no le resulta facil decirlo?😛

  13. Jueves, octubre 18, 2007 3:34 pm

    Se comprende mejor si anoto mis últimas lecturas (de consagrados): Vila Matas, Gopegui… pero, bueno, era un forma de introducción, Doctor. En todo caso, me resulte fácil o no, es un texto fascinante. Ahhh, y estoy con el Zitomix, que me ha encantado.

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