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Miércoles, noviembre 28, 2007

Hace una semana, viajé a Gallardongrado en visita relámpago con el fin de conmemorar un evento ocurrido hace ya más de treinta años. Como parte de los festejos, Carolink tuvo a bien llevarme a la presentación de un libro, Residuos, del británico Tom McCarthy. Un estupendo regalo, porque además de un tipo de fascinantes y subversivas inquietudes (aunque luego él mismo declare a su prosa vacía de todo mensaje) McCarthy ha parido una curiosísima novela en la que un hombre recibe tras un accidente una compensación por daños de ocho millones de libras que luego utiliza para contratar actores que reinterpreten una y otra vez fragmentos de su propia vida. En Residuos, la teatralidad continuada no sirve para aliviar las soledades del protagonista o para satirizar las estructuras patriarcales como en Familia de Fernando León, sino para que, en un giro muy ballardiano, el personaje intente atrapar un germen de autenticidad en medio de su entumecida existencia. Un poso de realidad que yazca en la repetición de gestos y momentos, en su variación infinita, en su falsedad.

Al terminar la presentación, entre sándwiches probióticos y tomos de bella encuadernación, me acordé de la deliciosa Fun Home, casi devorada en mi mesilla de noche. En ella, Alison Bechdel también utiliza la ficción, el artificio, para articular su propia realidad, su autobiografía. La de la chica que descubre su sensibilidad en el seno de una familia disfuncional, mientras los secretos de armario de su padre y varios cadáveres presentes y pasados se entreveran sinuosamente. Bechdel enhebra su historia con una obsesión casi anal, a base de multitud de referencias literarias, mitos, personajes legendarios, novelas antológicas. Así su madre recorre durante su juventud las vicisitudes de la protagonista de Retrato de una dama de Henry James; la relación con su progenitor repite la de Ícaro y Dédalo o la de los jamesjoycianos Stephen y Bloom; su novia universitaria del ojo de cristal se yergue ante ella como un desnudo Polifemo. Pero también hallamos intercalados eventos macrohistóricos (el Watergate, el bicentenario de América), aniversarios y acontecimientos trascendentales que desde nuestra perspectiva minúscula resultan tan falsos y novelescos como los literarios (y si no que baje Baudrillard y lo vea).

Ya de vuelta a los Fríos Exteriores, el avión no se retrasó y aterrizó sobre el horario previsto. Antes de partir, en la sala de espera, aguardaban maquinas expendedoras de libros y muchachas de tacones finos y vaqueros tachonados de oro. Y yo mismo. Literatura o revistas de papel couché. Cahiers. Nosotros no somos nosotros. Somos otros, somos roles. La doble de Victoria Beckham que atraviesa rauda la Terminal mientras habla por su teléfono móvil. El hombre con el abrigo de solapas encaramadas que enciende un cigarrillo y se lo cuelga del labio- Hollywood star. La chica que se piensa una aviadora aguerrida e indómita, en huida perpetua, vasalla de nadie- look available, be unattainable. El tipo que llega a casa y contempla la ciudad mientras escucha You are a big girl now con una copa de absenta en la mano. Cierto. Parece que entendemos mejor la realidad, a los demás, a nosotros mismos, si la, les, nos, colocamos en términos ficticios. Pero siempre sale al paso un vello púbico, una batería gastada, un humo travieso, una lágrima, una calidez inesperada, que estropea nuestro guión, nuestra fantasía, nuestros planes.

El fin de la mentira es nuestro verdadero comienzo.

8 comentarios leave one →
  1. Miércoles, noviembre 28, 2007 6:24 pm

    Y quien diga que no, miente.

  2. Miércoles, noviembre 28, 2007 7:42 pm

    Ser uno mismo es lo más temerario que existe.

  3. Viernes, noviembre 30, 2007 5:54 pm

    Dígame Dr, si llegó Vd. de visita a Gallardongrado (donde le suponía), por dónde se localizan los fríos exteriores? Supongo que, como recién llegado, es algo que no me contestará y que tendré que indagar, por mi cuenta, con el tiempo. Un saludo. AM

  4. Viernes, noviembre 30, 2007 9:36 pm

    Querido AM, no es la desnudez gradual mas placentera?

  5. Sábado, diciembre 1, 2007 9:38 pm

    Sí, lo es, aunque también más inquietante. Saludos. AM

  6. Domingo, diciembre 2, 2007 4:50 am

    Con el libro que comenta, Doctor, me he estado acordando del relato de Onetti, Un sueño realizado, del que no digo nada por si no lo ha leido (se lo recomiendo). En cuanto a la Terminal, me quedo como alucinado por lo que vi el otro día y leo aquí, magistralmente. Un abrazo, Doctor.

  7. Domingo, diciembre 2, 2007 12:33 pm

    Ay, Onetti. Cuanta razon. Lo habia leido hace mucho tiempo, demasiado tiempo. Volverlo a releer ha sido como leerlo por primera vez. Gracias, Don Enrique.

Trackbacks

  1. Vampirismos « El gabinete del Dr Zito

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