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Oopart

Martes, enero 8, 2008

Los Fríos nunca fueron tan fríos. Y no sólo en el sentido metafórico. Les escribo desde esta oficina, gélida, cuatro semanas sin la bendición de la calefacción, del mismo modo a como ayer me recibió el Cubil Zito. Aquí, por el contrario, no me esperaban cartas y facturas alfombrando el pasillo, sino múltiples tareas y peticiones intangibles y electrónicas. Qué agobio. Así que he cerrado la puerta a todo y a todos por pura asfixia. He amontonado esas esperas ajenas, esos puntos suspensivos, en un rincón con la intención de no verlas, y he seleccionado aquellas que sé que puedo acometer con mediano éxito, como un niño mimado aparta del plato solo la comida que le gusta. Entre ellas pasarme por aquí un momento a preguntarles cómo están, a desearles lo mejor para el nuevo año (paz o excitación, ustedes eligen), y a contarles que mis vacaciones bien, gracias. Que han sido días que podríamos calificar “de absenta y rosas”, rosas de ociosidad, no se crean otra cosa (lo de la absenta en cambio es literal), que no sé cómo calificar de otro modo a tres semanas sin dar un palo al agua, como habrán podido inferir por el pobre ritmo de actualización. Diversión, cariño y caras nuevas a raudales (sí, sí, a ustedes me refiero: un abrazo enorme), pero con ese sabor navideño puro Dickens, espectros del pasado, presente y futuro que se presentan a intervalos regulares y te soplan el castillo de naipes. Y por eso uno vuelve. A la gente que a uno le importa. A la que se puede tocar. Porque no hay ni iluminaciones ni epifanías, no. Esas son como Dios: Uno corre el riesgo de fabricarlas.

Buscando un sitio caliente donde estar. Ni aquí ni allí. O quizá en todos. Reajustar. Descomprimirse. Acostumbrarse a la falta de acentos o a mirar primero al otro lado de la carretera. Apartar los recuerdos de tal o cual calle. Mientras trato de sacudirme este síndrome Oopart de encima, me voy a enfrascar en subir esta roca colina arriba, recuperar este trabajo atrasado que me humedece las cejas y afrontar una nueva entrada sobre El Prisionero en Elitevisión que promete ser bíblica. Ideas e ilusiones efervescen en mi cabeza y en mis cajones (si no son la misma cosa), que no todo son pérdidas y penas, así que venga, transformemos el mundo, hagamos que los buenos tiempos lleguen cuanto antes y gritemos, como cantaba Eduardo/David: Podemos ser héroes (un día nada más).

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