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Alimentos del infierno (congelado)

Miércoles, enero 30, 2008

Hace mucho que no les muestro en este gabinete algunos de los productos gastronómicos que se consumen y disfrutan a diario aquí en los Fríos Exteriores. Estas tierras son muy dadas a las aberraciones culinarias, las cuales por lo general producen a quienes las observan por primera vez asco y fascinación a partes desiguales. Este influjo mesmérico fue el que hizo que el amigo Silvando, quien ha residido por aquí estos días, quedara absorto ante los vivos colores y mínimos precios que ofrecen las tiendas en las que pueden adquirirse estos productos en estado de congelación. Así que ayer, con motivo de su despedida, decidimos organizar una cena tan solo conformada por este tipo de alimentos infernales.

Han de saber ustedes que los establecimientos de congelados cumplen en nuestras sociedades una labor que ya quisiera el Estado del Bienestar. Proporcionan a las familias de limitado poder adquisitivo o tiempo libre, comestibles a precios reducidos con los que las sufridas madres, en su dual labor de mujeres trabajadoras y amas de casa, o los padres perezosos o poco precavidos pueden alimentar a su prole o a si mismos en los mínimos intervalos que sus apretadas agendas dejan desocupados. Sin olvidar por supuesto el positivo servicio que ofrecen también a los estudiantes con sus agitadas vidas sociales y a los jubilados con sus magras pensiones. En definitiva, estos templos del ahorro y la satisfacción inmediata velan por nosotros, están siempre a nuestro lado para ayudarnos a alcanzar nuestros objetivos vitales, desde llegar a fin de mes hasta la autorrealización personal.

Con estas ideas en mente y un máximo presupuestario autoimpuesto de 10 euros, acudimos a una franquicia de una de la más famosas cadenas frioexteriores del sector: “Alimentos de Granja”. De granja de pingüinos, supongo, porque una vez allí quedamos deslumbrados ante la inmensa variedad de productos congelados que sus arcones nos ofrecían. Cual momias árticas, éstos rebosaban viandas, dulces, saladas, “sin grasa” en ocasiones, flanqueadas por otras de ignotas características. De entre ellas seleccionamos las que podrán contemplar a continuación: una panoplia de productos que, pensábamos, nos asegurarían un sólido suministro de nutrientes, y probablemente un buen puñado de indeseables efectos secundarios.

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Fíjense que comilona. ¡Por sólo 7.50€! ¿No les parece increíble? Déjenme que me detenga un momento a analizar en detalle los dos productos estrella de este paquete. En primer lugar, tenemos el mundialmente famoso por su sabor (así se aseveraba en la caja) SFC Chicken. Nos lo presenta nuestro nuevo azafato, El Gorn:

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Observen esos colores, esas rayas rojas y blancas. Su sospechoso parecido con otro producto de semejante calidad o el verdadero significado de las siglas SFC (¿Super-Fake Chicken?) poco importan. Es la caja de las gangas, una lámpara maravillosa de la cual surgirá, se nos promete, una experiencia inigualable.

Si este derivado avícola ha conseguido atraer su atención contengan la respiración porque el siguiente item tampoco tiene desperdicio. O quizá sí. Cómo no, nos lo muestra Potato de asalto, nuestro segundo azafato:

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Sí amigos, patatas fritas bañadas en suculenta salsa de curry (exclusiva) y además de rauda preparación. Patatas Express. Hay que ver cómo son los creativos de publicidad. Pero deténganse a admirar el envoltorio. ¿No se sienten inmediatamente atraídos por esos brillantes rojos y rosas? Cómo resistirse, cómo no claudicar.

Completaban el conjunto unos Hamwiches (¿quién ha dicho que se necesita pan de molde para preparar un sándwich?), sin colorantes ni conservantes, según clamaba triunfante su envase, y unas crepes de jamón y queso cuya precio nos pareció llanamente absurdo. Relamiéndonos ante el festín que se avecinaba, introducimos todas estas vituallas en sus respectivos hornos y sincronizamos nuestros relojes.

El primer guiso en estar listo resultó ser las patatas curryosas, que nos sirvieron a modo de snack ligero. Ante la desagradable pinta que habían alcanzado al ser calentadas, Silvando me rogó encarecidamente que las pasáramos a un plato decente. Yo, que le acuso con frecuencia de tiquismiquis, no pude reprochárselo esta vez.

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Una vez todo a punto, sacamos la mantelería que Mama Zita me regaló recientemente (bordada por ella misma), mi mejor vajilla (bueno, la única que tengo) y colocamos todos los platos juntos. ¡Qué visión! ¡Oh, glorias de la alimentación! ¡Oh, hitos de la gastronomía! ¡Oh, portentos de nuestra civilización!

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Feroces y excitados, nos apresuramos a degustar de todos estos manjares. Sin embargo, nuestras iniciales energías se agotaron con rapidez. Las crepes poseían un leve sabor a plástico. La piel del pollo, de lejos su parte más sabrosa, al desprenderse de la macilenta carne, adquiría una consistencia gomosa y terminó pegada al interior de nuestros dientes. El curry se ganó el apelativo de “Patatas Cenicienta”, no por su humildad, sino por que sospechábamos que la salsa se transformaría en plástico después de medianoche. Por último, descubrimos que los sándwiches rebozados estaban rellenos de una chicha rosácea cuya cremosa textura sugería que había sido introducida en las carcasas triangulares mediante un tubo dentífrico.

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Ni que decir tiene que este banquete nos produjo sensaciones inenarrables. No pudimos acabar con él en su totalidad. Yo resoplaba cada vez con mayor frecuencia. Silvando, al borde de la nausea gritó finalmente “¡me siento sucio!” Apartamos de nosotros los restos, ahora inertes. Nos salvamos de males mayores, no hubo intoxicación postrera. Pero aún así no conseguí dormir tranquilo. Porque soy consciente de que en este momento, en este mismo momento, alguien está colocando estos mismos productos en sus cesta de la compra, alguien los está cocinando, los esta sirviendo en un plato. El terror continúa ahí fuera.

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6 comentarios leave one →
  1. Ikke Leonhardt permalink
    Miércoles, enero 30, 2008 10:20 pm

    Potato de asalto. Potato de asalto.

  2. Miércoles, enero 30, 2008 11:45 pm

    Esta tarde he vomitado. Creo que ha sido una premonición.

  3. Jueves, enero 31, 2008 5:26 pm

    Al inicio de su crónica estaba envidiándole ante la comparativa de los congelados de allá y de aquí, pero visto como acabó todo, casi que prefiero los lomos de salmón de la sirenita o las croquetas del Lidl, a qué negarlo.

    Eso sí, que bellas gráficas las de los productos, que entran tanto por la vista como si de productos japonésidos se trataran.

  4. etzu permalink
    Jueves, enero 31, 2008 8:32 pm

    Estimado Dr S:

    Esto que expone es intento de asesinato, aunque no se sabe de quién hacia quién. Lo raro es que ud. siga vivo. Silvando, con uve intercalada, lo esta de milagro.

  5. Hijo Tonto™ permalink
    Viernes, febrero 1, 2008 10:36 pm

    El terror siempre ha estado ahí afuera.

  6. Sábado, febrero 2, 2008 11:58 pm

    Sí Sí, qué recuerdos…y qué asquito. Un mundo de hidratos, grasa y proteína son los fríos exteriores.

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