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El gusano de Manchuria

Viernes, abril 25, 2008

Durante los 50 y 60 la ciencia y la cultura pop exploraron con fervor la figura del “candidato de Manchuria.” Asesinos preprogramados, inconscientes, condicionados para cumplir su cometido al ser expuestos al estímulo convenido. La reina de corazones en El Mensajero del Miedo. El Guardián en el Centeno en los casos de David Chapman y John Hinckley. Si bien obras de ficción como IPCRESS, El Prisionero o el mencionado film del maestro Frankenheimer resultaron excelentes, los científicos no cosecharon demasiados éxitos en este campo y las osadas pretensiones del proyecto MKULTRA y epígonos cayeron en el total descrédito. Hasta ahora.

El Santo Grial de la investigación neurológica es el control selectivo de las células nerviosas. Desde los primeros experimentos con la electricidad se conoce que la aplicación de impulsos eléctricos a las neuronas produce en ellas un pico de actividad. De hecho ese es el principio básico detrás del uso de electroshocks. Sin embargo, como bien sabemos, su efecto resulta ser indiscriminado y desolador. Pero si lográramos conocer qué neuronas gobiernan qué funciones y fuéramos capaces de estimularlas simplemente mediante impulsos lumínicos, se podrían diseñar terapias específicas sin efecto secundario alguno.

Así que después de todo, el pulsante y repetido uso de luces intensas que conformaba la parafernalia del lavado del cerebro de la spy fiction no difería demasiado de la realidad que los investigadores andaban buscando.

Junten ahora una proteína, la ChR2, procedente de un alga de estanque y que genera descargas eléctricas al ser expuesta a la luz azul, con otra obtenida de microbios del desierto, la NpHR y que produce parálisis celular bajo luz amarilla. Bien. Ya tienen en sus manos un interruptor neuronal. Tomen ahora un diminuto gusano, el Caenorhabditis elegans, de tan solo un milímetro de largo, y manipúlenlo hasta conseguir que los músculos de sus costados y los nervios que los controlan estén forraditos de ambas proteínas. Y adminístrenle ahora ráfagas de luz azul y amarilla. El resultado será este. Un film que podríamos titular El gusano danzarín o Vamos a la carga con el gusano que se alarga. Pero es sólo el primer paso (Multimodal fast optical interrogation of neural circuitry, Nature, 2007). Ya se ha conseguido que otro tipo de gusano cambie de dirección de desplazamiento o que ciertas larvas alteren su gusto por un particular olor utilizando similares procedimientos.

En teoría, cualquier comportamiento que sea controlado por neuronas (asumiendo que estas puedan ser identificadas) puede ser replicado con el adecuado uso de la luz para encenderlas y apagarlas. De momento, al contemplar a nuestro gusanito no puedo evitar pensar en lo conveniente que pueden resultar estas técnicas bajo las luces estroboscópicas de una discoteca.

2 comentarios leave one →
  1. Sábado, abril 26, 2008 8:23 am

    no me cabe duda del uso maquiavélico que usted dará a sus investigaciones, aún así o por eso precisamente le cuento que hay unos estudios que utilizan el movimiento ocular que realizamos durante el sueño para curar traumas profundos anclados en nuestro córtex cerebral más primitivo. o algo así.

    lea, lea

    http://www.cuerpomente.es/tera_fic.jsp?ID_TERAPIA=14937
    http://www.tendencias21.net/-La-clave-de-la-medicina-del-siglo-XXI-sera-el-vinculo-entre-el-cuerpo-y-el-espiritu-_a407.html

    a ver que le parece

  2. Sábado, abril 26, 2008 8:23 am

    y buenos días, bombón. (que no falte)

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