Skip to content

Danubio 17

Lunes, abril 28, 2008

Cuando en días como estos últimos las mañanas comienzan con un sol esplendoroso y el viento trae un aire grueso de tibieza, gusto de perderme de camino al trabajo por las geometrías de mi barrio. Un par de siglos atrás, las gentes pudientes decidieron abandonar el núcleo urbano, por entonces tuberculoso y alambicado, y fueron derramando sus rectilíneos diseños arquitectónicos por las laderas que hasta aquí se extienden, con la misma firmeza con que las raíces del sauce hacen suya la ribera del río. En estos paseos, uno puede deleitarse con pórticos y esplendores jónicos, vislumbrar estancias inmensas, admirar las fachadas neoclásicas que van desprendiéndose morosas de las vetas de carbón que en ellas incrustó el siglo XIX. Allá encontrarán la Calle Danubio, que en su breve curva alcanza el torrente cantarín y escondido que divide la ciudad en dos. E inadvertida para el viandante, no diferente del resto, descansa allí una puerta azul, la del número 17, que custodia tras de si una singularísima historia.

El número 17 de la Calle Danubio fue un burdel. Durante tres décadas. El más reputado y respetado, conocido y codiciado. En él trabajaban de continuo 15 chicas, 25 más “de guardia” en caso de inusual demanda. Un lugar cuya crónica es también la de una mujer excepcional. Una mujer que logró abrirse paso en tan escabroso negocio, orillando las presiones de la mafia y la policía, y que rigió ella sola con eficiencia y elevado gusto desde el final de la Guerra hasta su muerte en 1977. Se llamaba Dora.

Dora había nacido con el cambio de siglo y criado en esos mismos callejones sórdidos que cien años atrás habían abandonado los antepasados de sus ricos clientes. De allí consiguió medrar y prosperar hasta adquirir Danubio 17. Sus vecinos la tenían por una respetable señorona procedente del barrio de mayor copete de la ciudad. Muy pocos conocían que aquella mujer de educado acento y serena presencia, siempre vestida de pieles y perlas, era la madame de un burdel de fama internacional. Dora cultivaba esa apacible apariencia. Se declaraba votante del Partido Conservador y durante las campaña electorales colocaba en las ventanas los oportunos carteles. Tan solo una vez sus conciudadanos protestaron abiertamente: fue durante el periodo en el que el portaaviones norteamericano JFK permaneció atracado en el puerto. Se dice que la cola de deseosos marineros y oficiales daba la vuelta a la manzana.

Aunque fue condenada y multada por jueces y prebostes en más de cuarenta ocasiones, Dora salía del juzgado siempre dispuesta a continuar su labor, flanqueada por sus chicas, impertérrita, incluso irónica, aludiendo a lo oneroso que para el contribuyente resultaban tan constantes procesamientos. Pero pese a estos ligeros inconvenientes, Dora sabía bien con quién tratar y a quién atender con esmero. No en vano reconocía que uno de los momentos más movidos del año en su negocio se producía duante la Asamblea Anual de la Iglesia Nacional. En su “casa de placer y ocio”, como a ella le gustaba llamarla, ofrecía café, té y sándwiches a los parroquianos y aunque toda la acción solía transcurrir en el sótano, se rumoreaba la existencia, casi mítica, de otras habitaciones en los pisos superiores reservadas para los mejores clientes. Hasta tal punto llegó su gloria que aun hoy, treinta años después, algún despistado visitante se deja caer por allí intentando rememorar los viejos tiempos.

Cuentan que al cambiar el papel pintado, el actual propietario de Danubio 17 descubrió garabateados en la pared los nombres y precios de las chicas que trabajaban para Dora. Así que cuando paso por delante de esa puerta azul, no puedo evitar que me asistan fantasías de raso y satén, de hembras de esplendorosas carnes que reciben en corsé violeta, espejo, dosel, cama de cuatro postes. Pero sé que es falso. Que pese a los fantasmas románticos que desee atribuirle o el té con pastas de Dora, aquello jamás dejó de ser un comercio. Y me alejo pensando que las perlas públicas suelen pagarse con sótanos cerrados.

One Comment leave one →
  1. Martes, abril 29, 2008 7:33 am

    Me gustó la historia.

    Un abrazo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: