Skip to content

Una mala tarde la tiene cualquiera

Miércoles, junio 25, 2008

Resulta muy revelador que una película que ha ganado premios en certámenes internacionales y cuyos derechos para un remake americano ya han sido comprados se estrene con enorme retraso en su país de origen. Premios o remakes no son síntomas necesarios de calidad, es cierto, pero tras ver Los Cronocrímenes a uno le queda claro que la culpable de tan lamentable situación es una industria alérgica a lo original, que no desea arriesgarse y que anticipa de forma cobarde los intereses del público (que a veces hace honor a esa anticipación, pero esa es otra historia).

En este largo trasiego hasta su estreno, se ha repetido hasta la saciedad que Los Cronocrímenes son un perfecto mecanismo de relojería. Cierto. Resulta imposible no admirar la precisión con la que el guión de Nacho Vigalondo traza y resuelve acontecimientos e hilos argumentales. Un auténtico trabajo de orfebrería. Quizá no podría haber sido de otro modo. Porque el concepto que articula Los Cronocrímenes, -llevar hasta sus últimas y más radicales consecuencias la idea de una línea temporal única y determinada- sólo es capaz de funcionar si su trama es perfecta. Seguimos al personaje de Héctor a lo largo de una tarde en principio anodina y en la que como en La Ventana Indiscreta un gigantesco lío comienza a desenmarañarse cuando el protagonista, aburrido, alcanza unos prismáticos. A partir de ahí se desencadena un torbellino de eventos, un flashback sin flashback, pues la narrativa no deja de ser lineal (al contrario que en Primer por ejemplo) pese a que visitemos el mismo marco temporal tres veces. Merced a los viajes en el tiempo, el futuro se entremezcla con el pasado y Héctor entra en un bucle en el que el porvenir se determina, simplemente, mirando.

Por debajo de Los Cronocrímenes yacen pues conceptos de ciencia dura. Pero éstos, como el humor visual y socarrón que la recorren, sirven de materia prima para una historia que ofrece al espectador una caja china, un intrincado juguete cuya resolución pretende esclarecer otra cosa. Porque, inadvertidamente, las capas van despojándose hasta revelar una escena, La Escena, entre el personaje de Karra Elejalde y Bárbara Goenaga. Es ahí cuando comprobamos que nos la han metido doblada. Diez veces más sexy que Chabrol y sin necesidad de bajarse la bragueta ideológica como Haneke, Vigalondo retrata al burgués que no duda en explotar a quien haga falta, incluso a sus propios dobles, para proteger su mesa montable, su tele de plasma, su plácida existencia. El jocoso deterioro de Héctor no es sólo físico -de nuevo rico a momia, de momia a zombi, y vuelta. Sus consecutivos viajes en el tiempo sirven para desnudar su monstruo interior, como los coches de choque hacían lo propio con el protagonista de Choque.

Los Cronocrímenes hace parecer complicado lo sencillo y simple lo elaborado. Los evidentísimos logros de su guión no deben oscurecer la elegancia de sus soluciones visuales. Vigalondo apuesta por el minimalismo expositivo y por cierta frialdad estética acorde con los personajes y su entorno. Pero no faltan florituras visuales, en especial esa majestuosa grúa postrera tan Sed de Mal. Otros argumentarán que cae en la repetición forzada. Pero esa constituye necesariamente su esencia. Estamos acostumbrándonos al cine como aventura gráfica, a guiones que fuerzan a todos los objetos o situaciones que se muestran a cobrar importancia en algún momento (pienso ahora en Iron Man). Sin embargo, en Los Cronocrímenes este encaje de bolillos no sucede para otorgar una falsa trascendencia al argumento o para crear la sensación de superación del protagonista, sino porque es así como la historia debe transcurrir.

No obstante, cabe reprochar a la película que no explore con mayor insistencia algunos elementos: Por ejemplo, la ambivalencia de los sentimientos del personaje de Bárbara Goenaga hacia Héctor, la morbosidad que ésta pueda sentir al seguir las órdenes de ese hombre que quiere transformarla, no para traerla de entre los muertos sino precisamente para todo lo contrario. O que mientras por un lado ofrezca explicaciones mediante flashbacks y voces en off -quizá con el objetivo de no perder a cierto público- no subraye más la mencionada escena a la que confluye la película. Al optar con vehemencia por la sutileza, Vigalondo otorga mayor peso a ese twist final que intuirán algunos (aunque sólo sea por su directa inspiración en Hitchcock) y que les llevará a no calibrar el verdadero valor de lo que están viendo.

Si se le da la oportunidad -es decir, una distribución decente – Los Cronocrímenes funcionará a las mil maravillas. ¿Recuerdan que algún film español haya generado un icono tan rotundo como ese Darkman rosa? Aunque Vigalondo se ha creado una persona mediática muy marcada, y con ello hayan germinado viscerales amores y odios a su alrededor (su polarizada recepción en Sitges lo atestigua), fuera de ese ambiente enrarecido y viciado, más allá de aquellos enrocados en la falta de generosidad, las cuadrículas o los tópicos, Los Cronocrímenes gustará a quien la vea. Los espectadores de todo pelaje comenzarán a hablar sobre ella, a discutir, a buscar inconsistencias en vano, a intentar comprender el enrevesado devenir de los acontecimientos de aquella película en la que una momia rosa deambulaba por un bosque en busca de si mismo. Literalmente.

8 comentarios leave one →
  1. Miércoles, junio 25, 2008 7:27 am

    Coñe, mire que ha costado su estreno. Ya casi pensaba que me iba a quedar sin su degustación… Y en cuento al conservadurismo del cine patrio, ¿no lo dirá por esto, (http://www.publico.es/culturas/129137/vuelve/ley/cine/texto/vago) verdad?

  2. Miércoles, junio 25, 2008 11:38 am

    ¿Lo ve? Por eso me quejaba yo tanto de que el público conformista se rindiera ante [REC]. Lo de Vigalounge es conocer y amar el cine, sin complejos ni aburguesamientos, todo lo contrario de lo que le ocurre a prácticamente toda la industria nacional.
    Esa distribución irregular que ha conocido ‘Los Cronocrímenes’ hasta el momento sólo puede ser síntoma de una cobardía (la de los de siempre) ya irritante y un arrojo (el de Vigalondo) al que no nos tienen acostumbrados por aquí.

    Eso tiene que cambiar.

  3. Miércoles, junio 25, 2008 11:05 pm

    Muy bueno el post, mi enhorabuena!! Coincido plenamente. La verdad es que, particularmente, creo que existen muchas envidias hacia Vigalondo en el sector cinematográfico español, pero tal vez me equivoque y todo venga por otro sitio… no lo se. Un saludo!!

  4. Viernes, junio 27, 2008 6:34 pm

    Zito, suena mezquino, pero tengo que esperar a estos momentos para ver que todo tiene sentido.

  5. Sábado, junio 28, 2008 2:45 pm

    Es una maravilla.

    Una MARAVILLA.

  6. Lunes, junio 30, 2008 8:41 pm

    Su estupenda reseña me ha quitado de los ojos las telarañas del sentimentalismo: fui tan ñoña que, en las manipulaciones de Héctor, sólo quise ver amor a la esposa y una suerte de rebelión contra el deseo encarnado en Bárbara Goenaga.
    Gracias Dr. porque la lectura del post me ha resultado casi psicoanalítica. Y gracias otra vez por recalcar, de forma diáfana, que en ésta película hay mucho más que viajes temporales filmados con rigor. Que sean otros -tiernamente cómicos, por cierto- los que sigan dándose cabezazos contra la paradoja.

  7. Martes, julio 1, 2008 12:01 am

    Hombrecohete, por que no? La pelicula tambien admite su interpretacion. Con su sutileza, y diferentes niveles Los Cronocrimenes posee la virtud de retratar muy bien a sus espectadores. Es refrescante. Y bienvenida!

Trackbacks

  1. Tres relatos de ciencia ficción « El gabinete del Dr Zito

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: