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Elogio de la sutileza (I)

Miércoles, agosto 6, 2008

“…permitir que un personaje sentencie el sentido último de la obra.
Algo que es peor que feo, incluso peor que aburrido: Es cobarde.”
Nacho Vigalondo.

Esta frase, procedente de un reciente y lúcido post de Vigalounge, me sirve para hablarles sobre la sutileza, en especial en el cine. Porque vengo acumulando pensamientos propios y disfrutando de textos ajenos al respecto y ha llegado el momento de estructurarlos de alguna forma, el momento de dar un paso al frente para argumentar que no tiene más razón quien más alto habla, que el volumen de las palabras suele ser inversamente proporcional a su poder. Ante la acumulación de convencionalismos y miradas desviadas, es preciso defender lo sutil sobre lo evidente, lo susurrado sobre lo altisonante. En una futura entrega me gustaría teorizar sobre ello con más calma, a la manera intelectualoide marca de esta casa. Pero para comenzar quisiera traerles algunos ejemplos prácticos.

Un caso reciente que demuestra cómo la ansias de trascendencia pueden arrollar a una obra hasta arruinar su capacidad de evocación lo encontramos en -la por lo demás fenomenal- La Niebla de Stephen King. Cuando el pánico se va extendiendo por el supermercado multicolor y la loca religiosa comienza a ganar adeptos ante el estupor de los racionalistas, un personaje se levanta y exclama:

“Si asustas a la gente lo suficiente, puedes hacer que hagan lo que sea; irán con cualquiera que prometa una solución o algo.”

Dan ganas de decir: ¡Ah! ¿Es que te estabas refiriendo al estado de las cosas en Norteamérica? ¿De verdad? No me había fijado. Gracias por iluminarme, Darabont. Como ven, mal. Muy mal. Así no. No necesitamos que se nos explicite de manera tan burda que algo se mueve tras la cortina de las apariencias, que el director haga corpórea esa percepción ulterior que, como los buenos orgasmos, debería dejar que nos recorriera poco a poco por todo el cuerpo.

Otro ejemplo sobre lo que no se debe hacer lo encontramos en The Walking Dead, vol. 4. El grupo de supervivientes al apocalipsis zombi se ha refugiado en una prisión. Conscientes de que sus días están contados, los personajes meditan sobre la situación, sobre la implacable amenaza de los muertos vivientes, sobre su superioridad numérica. Y en ese momento, su líder se yergue y exclama:

Bonito, muy bonito. Y además es el título del cómic, para más inri. Como si fuera nueva la idea de que todos estamos muertos de antemano, que sólo es cuestión de tiempo el que pasemos a criar malvas. Grandilocuencia que no conduce a nada, que es como comer un asado grasiento que puede saber rico al primer mordisco pero que al segundo repele. Tampoco vale argumentar que con esta viñeta, Robert Kirkman pretende aclararnos que para vivimos existencias grises y zombificadas. Kiyoshi Kurosawa ya lo hizo pero en mejor, en mucho mejor, en su poema apocalíptico Kaïro (2001).

Pero como Kirkman es en realidad un buen hombre y The Walking Dead es un cómic fabuloso, se saca de la manga un octavo volumen (que yo devoré en apenas una horas) en el consigue redimirse completamente. Cuando el terrible gobernador se prepara para descargar su furia vengadora sobre la prisión y sus habitantes, arenga a sus súbditos a la lucha relatando las supuestas atrocidades que el grupo de protagonistas ha cometido.

Nadie va agarrar un fusil y dispararlo contra otro ser humano, nadie va a mandar a sus hijos o hermanos a la guerra a no ser que crean que el enemigo es un monstruo despiadado, a no ser que se sientan amenazados por un horror extremo. El gobernador lo sabe, Kirkman lo sabe, y por eso le vemos mentir cuanto haga falta, cometer tropelías hasta extremos inenarrables para conseguir su objetivo. No hacen falta golpecitos cómplices con el codo. La analogía con el mundo real emerge de forma autónoma y crece tan sencilla como rotunda. Y cuando llegamos al final, al pasar la última página, nos satisface comprobar que este asado sí estaba en su punto. Que hemos descubierto una verdad tan grande como la vida y que lo hemos hecho por nosotros mismos. Que somos soberanos.

9 comentarios leave one →
  1. Jueves, agosto 7, 2008 11:24 am

    Interesante, aunque tengo alguna cosa que discutirle. Lo haré, si le parece, desde mi blog. En cualquier caso, enhorabuena por su ojo clínico: aún me sigo preguntando cómo algunos celebran la sutilidad de The Mist cuando es una estupenda película… muy poco sutil.

  2. Viernes, agosto 8, 2008 1:16 am

    Estupendo, Tones. Espero sus acotaciones. De momento, Alvy ya ha abierto el debate en los comentarios en el ultimo post de Vigalondo sobre puticlús (sic).

  3. Sábado, agosto 9, 2008 3:45 pm

    Tones, si es verdad que va a celebrar lo poco sutil estoy lleno de ganazas de leerlo.

  4. Tones permalink
    Martes, agosto 12, 2008 9:48 pm

    Espero que genere una discusión de altura (qué menos, oiga).

  5. Jueves, agosto 14, 2008 4:04 am

    He comentado en el Focoblog a favor de la explicitud… pero eso no significa que también considere imprenscindible la sutileza, siempre y cuando ésta esté bien entendida y mejor trarada. No soy un chaquetero, simplemente ésta es una cuestión con muchas bisagras.

    Se dice a menudo que la inteligencia que sugiere ( o la sugerencia inteligente) es generalmente fruto de , o un órgano censor, o de una sociedad inepta, que no está preparada para asimilar según que conceptos. La sutileza funciona si se abraza como concepto, peor debo criticar el que muchos recurran a ella como herramienta de transición o remiendo narrativo…. y ya he dicho hace unos minutos en Can Tones que no deben mezclarse siempre la narrativa y el concepto, pues es frecuente que el propio autor se tracione a sí mismo ante las dudas o la impotencia que conlleva realizar un concepto.

    El peligro, casi siempre, se suele hallar en el ojo del espectador antes que en el del narrador o creador. ¿Sutileza vs. Explicitud? Creo que son alternables, siempre y cuando uno conozca la naturaleza de ambas y sea consciente de a qué lugares conduce. Uno no puede arrimarse a una esperando que todo salga a pedir de boca, no señor. Toda decisión debe llevarse hasta sus últimas consecuencias.

    … y es por eso que he defendido fervientemente la explicitud en el Focoblog, por el simple motivo de que ésta suele ser tratada con mejor/mayor conocimiento; muchos se sirven de sutilidades sin asumir las consecuencias de su elección… pero eso no implica que anteponga la una a la otra. Son recursos que mal empleados se adhieren al cuerpo narrativo y pueden decantarlo hacia un lado u otro, y ahí hablaríamos de tono.

    Como siempre, inspirador. A mí me ha ilustrado al menos, no sé al resto.

  6. Jueves, agosto 14, 2008 4:05 am

    PD: Quítenle el “también” a mi primera frase.

  7. Jueves, agosto 14, 2008 7:05 pm

    Perdone, Starman, pero creo que esta equivocando a lo que aqui me refiero como “sutil”. No es tanto una cuestion de formas visuales como de discurso o subtexto que quiere dejar de ser “sub”. No es enseñar o no esa teta sino enseña o no a ese Bush.

  8. Viernes, abril 5, 2013 5:28 am

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  1. FocoBLOG | Blog Archive | Elogio de la explicitud

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