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El Dr Zito en el Lejano Oriente (VIII): Ellas

Lunes, septiembre 1, 2008

Hay algo siniestro en las parejas mixtas. Tanto cuando él es un jóven que va renovando su partenaire con el ansia propia de su edad como cuando se trata de un maduro opulento con rotundo reloj y anillo. La oriental es la suprema mujer trofeo. Y por extraña simetria, los occidentales despertamos su agrado. No es cuestión de sentirse como Sean Connery en Sólo se vive dos veces, agasajado por geishas fascinadas con su vello. Quizá en todo caso como Austin Powers (uno no da para más). Pero uno se sabe decisivo cuando ellas descuelgan sus miradas hacia ti, a veces con insistencia, en ocasiones con pestañas falsas, vayan acompañadas o no. Ellas son un campo fértil al cálculo de probabilidades, ellas te ofrecen su belleza núbil y prepúber, su femineidad frágil, ingenua, en ocasiones lánguida, invulnerable al paso del tiempo, serena al alcanzar cierto punto, y me seducen con esa elegancia innata de las mujeres delgadas a la que nunca he sabido resistirme, aunque casi siempre la estropeen con su moda demodé, quieroynopuedo de tendencias, mezcla de épocas y moralidades diversas. No en vano son las hijas de un país que coloca visillos en los autobuses y cubre los asientos de sus coches con encaje. Ellas, con sus bustos breves, sus caderas mínimas, sus risas frecuentes, y un pelo tan lacio que permite contar sus cabellos uno a uno, te invitan a sopesar cómo será manejar esos miembros tan ligeros, cómo de facil será jugar con ellos, dar la vuelta a sus cuerpos, elevarlos, flexionarlos. Ellas poseen una calma que desafía a sorprenderlas con un ardor que seguro jamás han conocido. Sudor y mordiscos. Ellas, que se muestran generosas a su modo desprovisto de erotismo pero que adoran la blancura de piel hasta el punto de pasear por la ciudad con paraguas y bañarse en el mar sin destaparse, en camiseta, gorra y chándal si es preciso, me miran con sorpresa cuando paso junto a su sombrilla y se vengan de mis pensamientos maldisimulando su risa.

Luego, cuando volvemos por última vez a casa, un taxista envalentonado por las hojas estupefacientes que aquí consume el lumpen le grita desde lejos a Minizita, “I love you!

4 comentarios leave one →
  1. INMA permalink
    Jueves, septiembre 4, 2008 1:48 pm

    Me encanta como escribes, tu aventura en el Lejano oriente ha hecho que me traslade imaginariamente y que desee estar allí…fantástico!muchos besos

  2. Jueves, septiembre 4, 2008 6:43 pm

    Me ha encantado lo de Austin Powers; ya será para algo más, querido Doctor Z. ¿Vuelves a Gallardongrado o a los habituales Fríos? Am

  3. Viernes, septiembre 5, 2008 2:08 am

    Hombre, Andres, lo de Austin Powers tampoco estuvo mal: Liz Hurley, Heather Graham, Beyonce…

    Y muchas gracias, Inmica.😉

  4. Viernes, septiembre 5, 2008 9:49 am

    Eso también es cierto ¿cómo pudo ser? Abrazos. Am

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