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Queremos muerte

Jueves, septiembre 18, 2008

Psycho Killer, Qu’est-ce que c’est?”
Talking Heads.

Meses atrás, Tones reseñaba Behind the Mask (Scott Glosserman, 2006) una excelente y autoconsciente película de terror slasher en la que un grupo de periodistas universitarios realiza un reportaje sobre Leslie Vernon, psycho-killer en ciernes para realizar un reportaje sobre él. Behind the Mask es puro gozo metatextual pues explicita los goznes y resortes, símbolos y razones del género slasher, del asesino (en apariencia) sobrenatural, a medida que Vernon nos las explica mirando a cámara. Pero su formato documental (aunque la película los abandone en determinado punto para poder cumplir con sus propios parámetros) la convierte también en una muy interesante exploración sobre nuestra fascinación por el mal, mejor dicho, por la atracción que ejerce sobre nosotros la imagen del mal.

Como bien apuntaba Tones, un referente claro de Behind the Mask era esa casi olvidada joya belga llamada Sucedió Cerca De Su Casa (Rémy Belvaux, André Bonzel, Benoît Poelvoorde, 1992). Falso documental de ínfimo presupuesto (de hecho tardó mas de un año en rodarse por problemas financieros) realizado por amateurs, de estética granulosa y sucia, y ética eminentemente europea, Sucedió Cerca De Su Casa documenta, cámara en mano, el killer spree de Ben, ficticio asesino en serie (en apariencia) por dinero. Ben es el vértice de un torbellino de caos y muerte, pero también de un humor negro negrísimo, del que los infortunados reporteros acaban formando parte. De hecho Belvaux y Bonzel interpretan ellos mismos a dos de los reporteros que se ven seducidos por la figura aguda y terrible de Ben, y con ello exploran nuestra complicidad con la violencia en cuanto a voyeurs, nuestra participación implícita y la de los medios en ella, pero de un modo mucho más honesto y divertido que en las lecciones morales de Haneke.

La idea de fondo común a ambos films -periodistas documentando El Mal- me recordó un hito universal de la telebasura, el reality ruso llamado Rusia Criminal (Kriminalnaya Rossia), obra de una lumbrera oculta de la televisión mundial, el norteamericano David Gamburg, responsable también de Intercepción, otro reality pero al estilo Running Man en el que ciudadanos corrientes tienen la oportunidad de convertirse en ladrones de coches y ser perseguidos por la policía (con el vehículo de premio si se salen con la suya). Rusia Criminal comenzó a emitirse en 1995, y se caracteriza (aún se emite) por su acercamiento hiperreal a los más variados y repugnantes crímenes, asaltos, robos, violaciones y asesinatos, un uso poco escrupuloso de imágenes de cadáveres y autopsias y por carecer por completo de las típicas “reconstrucciones” que pueblan este tipo de programas en Occidente. El material “real” es suficiente.

El programa solo está disponible en ruso y por no parecer un psicópata he preferido no pedir ayuda a Tatiana Gafotas y la Dulce Olga, mis dos compañeras rusas, para traducirlo. Así que no he podido profundizar en él todo lo que me hubiera gustado. Pero para que se hagan una idea de su contenido, aqui tienen su bien elocuente cabecera.

Tanto Rusia Criminal como Intercepción pertenecen a un tipo de reality extremo, que en Rusia recibe el nombre de “chernoukha.” Pero sería demasiado sencillo reducir el fenómeno a la supuesta brutalidad o poca sofisticación de Lo Ruso . Tal vez sea solo una cuestión de honestidad. En nuestras sociedades también se produce, comercia y consume el miedo y la inseguridad como un bien más, y la televisión ha sido siempre una excelente forma de publicidad. El formato de telerrealidad solo la convierte en encubierta.

El concepto de Rusia Criminal lo encapsula perfectamente el episodio sobre Anatoly Golovkin, un asesino en serie que masacraba niños de entre diez y doce años. Gamburg y su equipo, tras entrevistarle, llevan a Golovkin al bosque donde fue depositando los cuerpos de sus victimas. Es invierno. Y entre los árboles helados, los reporteros le piden que relate sus procedimientos, cuáles fueron sus pasos, cómo se sintió al cometer sus crímenes. Más tarde filman una visita a su sótano, donde nos muestran con deleite los ganchos, cuerdas y bañeras que utilizaba para “tratar” los cuerpos. Pero Golovkin no posee el magnetismo y el carisma de Vernon o de Ben, como demuestra la estampa de Golovkin sentando en una celda desordenada y fea, acariciando con paciencia a su gato. Quizá sea eso es lo que en último término separa lo real de la ficción: la falta de fotogenia.

2 comentarios leave one →
  1. butterworth76 permalink
    Jueves, septiembre 18, 2008 12:55 pm

    Una prueba más de que, como decía Minchinela hace poco, todo acaba convirtiéndose en cultura pOp, batida y remezclada para deguste del espectador medio. Y mire esta cosilla relacionada: un video de un mod para GTA San Andreas llamado, curiosamente, Criminal Russia, donde harto del calor de la California ficticia pasamos a los edificios de hormigón y los coches destartalados de la era soviética.

  2. butterworth76 permalink
    Jueves, septiembre 18, 2008 12:57 pm

    Se me olvidaba el enlace: http://www.youtube.com/watch?v=l-Kh2i8yAbk

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