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Aguas abiertas

Miércoles, noviembre 5, 2008

No resulta casual lo análogo de las reacciones negativas que cosecharon Open Water y Cloverfield en el momento de su estreno. El aburrimiento de quienes en 2003 esperaban una especie de remake de Tiburón a golpe de cámara digital era paralelo a la indignación de quienes en este 2008 entraban en las salas con la vaga creencia de ir a presenciar una mera reinvención hipervitaminada de las películas con monstruo gigante. Pero la similitud va aún más allá. Open Water casi podría pensarse como una secuela vigalondiana de Cloverfield: ¿Qué le habría sucedido a su bella pareja protagonista de haber sobrevivido?

Open Water fue dirigida por Chris Kentis con presupuesto y elenco mínimo, en fines de semana sueltos. Y su humildad constituye la prueba irrefutable de que la sencillez aunada con la inteligencia puede resultar mucho más desarmante que la simple orfebrería de trama o pirotecnia. Es fácil encontrar en la red relatos sobre el desconcierto que en los espectadores de entonces provocó el tranquilo primer tercio del film. “¿Pero qué mierda es esta?” Y es que Kentis eligió construir el subtexto político que subyace en Open Water utilizando el lenguaje directo y granuloso de los videos caseros y de los programas televisivos de vacaciones al sol. Por un lado, el video sirve como forma natural de mostrar los preparativos del viaje, el avión de hélices sobre islas de coral, el mercado exótico, los nativos, el hotel de lujo, en definitiva los elementos ejemplares de cualquier sueño vacacional de catálogo. Pero también resulta perfecto para indagar en la intimidad de Susan y Daniel, la pareja de yuppies protagonista. Les observamos desplegar sus prejuicios, sus tópicos, sus quejas sobre la falta de comodidad en esa isla subdesarrollada. En definitiva, nos muestra su proceso de desintegración, devorados por la rutina, por las obligaciones y las metas autoimpuestas, y el descubrimiento al final de la noche de esa verdad que aguarda a todas las parejas occidentales en similar tesitura: Las vacaciones no resuelven tus problemas sexuales.

Cuando ambos quedan varados, abandonados en un descuido por el grupo de excursionistas buceadores con los que se adentran en las aguas abiertas, se confirma no solo su aislamiento con el mundo sino también entre ellos. La incomunicación. Los años de silencio. Como si fuera un Antonioni de la era digital, Kentis describe con minuciosidad la quiebra de la pareja moderna. Y es entonces cuando Open Water se convierte en la película de terror que Caspar David Friederich habría soñado filmar. La inmensidad oceánica, enorme, puntuada por las cabezas de Susan y Daniel, que se mantienen a flote preguntándose dónde se ha metido todo el mundo. Sus constructos cotidianos saltan en pedazos antes una naturaleza que les es hostil, que se aprestará a devorarlos. Comienzan las culpas, los reproches. Los silencios se rompen. Y para recalcar la indiferencia total del mundo hacia sus protagonistas, la pequeñez infinita de sus cuitas, Open Water intercala imágenes de composición casi abstracta del mar, las nubes tormentosas, las hogueras de los turistas felices en la playa. Mientras tanto, en un medio que no es el suyo, Susan y Daniel se han convertido ya en parte de la cadena alimentaria.

Por si fuera poco, el prácticamente amateur Chris Kentis maneja los mecanismos visuales del suspense de manera sencilla y sublime, jugando con nuestro contradictorio deseo de ver y no mirar. Por ejemplo, en el uso de la oscuridad total en la noche que la pareja protagonista pasa en el agua, solo rota por los relámpagos. Del horror intangible de criaturas que se deslizan debajo nuestro. En el uso de la cámara a ras de agua como forma aparentemente casual de mostrarnos esos dos universos que colisionan por unas pocas horas. Y tras la hermosa entrega al océano, ese lugar donde el infinito y la nada se entremezclan, la coda final nos pregunta ¿es mejor mirar?

open-water-dvd-movie-review

4 comentarios leave one →
  1. gromland permalink
    Jueves, noviembre 6, 2008 3:03 am

    Si bien mi talasofobia (pánico atávico al mar) me impedirá verla de por vida, creo que se hizo una secuela – o refrito, o “aprovechando el tirón,…” – llamada “A la deriva”, que comparte premisa: personas, en apariencia unidas y amigas, deciden al quedar “encerradas” en alta mar sacar lo mejor de cada uno… concretamente, contra los otros. ¿Estaremos ante un nuevo sub-género? ¿El “Big Brother at sea”?

  2. Jueves, noviembre 6, 2008 10:01 am

    Un placer leerle; me quedo con: “Las vacaciones no resuelven tus problemas sexuales”

  3. funes permalink
    Viernes, noviembre 7, 2008 7:42 pm

    Pasé terror con esa peli, y nunca pensé en esa interpretación metafórica de la crisis de la pareja occidental, sería que yo estaba tb. en el meollo. Genial el comentario.

  4. 1977 permalink
    Sábado, noviembre 8, 2008 7:35 pm

    No insulte a Kentis, por Dios, no le llame Antonioni.

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