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Entre Hello Kitties y Doraemons

Lunes, noviembre 10, 2008

Como quizá ya sepan ustedes, mi querida Minizita actúa como corresponsal de este gabinete en el Lejano Oriente. A continuación podrán encontrar su última crónica. Si tienen ustedes corazón, más les vale leerla. Pura belleza.

Entre Hello Kitties y Doraemons, los ancianos suben la montaña del león y después la del elefante y en cada una rezan por poder hacerlo, dan gracias por toda una vida de llevar cartones bajo la lluvia en inmensas bicicletas, por haber sido parte de los japoneses, como ellos dicen, por haberse dejado cortar el pelo. Por, en su huida de los comunistas chinos, haber llegado a esta isla que ahora es un pequeño lugar no reconocido en el que poder hacer negocios. También por poder hablar con temor y orgullo de su particular dictador al que no quieren pero al que de alguna manera respetan por haberles librado de aquellos que les cercaron en la China continental. Lo de ahora es otra historia.

Este lugar de gente de piel blanca que huye de todo color que no sea el rosa es tan capitalista y tan amable como cualquier otro. Toman té después de bendecirlo con ceremonias y comen hamburguesas con un ansia semejante a la desesperación. Pero eso a mi no me importa porque yo no bebo té ni como hamburguesas y no soy ni mejor ni peor que ellos.

Un día en el que como hoy a una le deniegan un permiso de residencia de tres meses, en el que te dicen que acatar las normas, estudiar su lengua y su cultura no es suficiente. Mi pelo no es rubio, mi piel es blanca sí, pero no cristalina. Entre la tristeza que no puedo ocultar, me alegra vivir esto, respetar a un más si cabe lo que ya antes respetaba.

Odio la idea de quejarme como la pequeña burguesa europea que soy. ¿Qué han hecho de nosotros? ¿Qué nos hemos dejado hacer? y sobre todo ¿qué nos estamos haciendo?

Como ellos se vieron obligados en su momento, ahora soy yo la que huye del asedio. Un papel no es nada y puede ser mucho. Me iré y volveré porque hay leyes y hay trampas y bicicletas y montañas con nombre de animal y el hombre al que amo y sobre todo la posibilidad de dejar de ser y empezar a ser de nuevo.

2 comentarios leave one →
  1. Martes, noviembre 11, 2008 9:18 pm

    Tiempo de ida y tiempo de vuelta; pura belleza, doctor. Quién tuviera una corresponsal así. Un abrazo fuerte.

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  1. Carta de una ex-auxiliar de conciertos | Doctor Zito

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