Skip to content

Vértices

Lunes, noviembre 24, 2008

verticesYo había viajado hasta allí para escuchar un silencio de sus labios. Hacía meses que era incapaz de decirme nada. Ella lo sabía. Yo lo sabía. Y sin embargo necesitaba preguntárselo en persona. Asegurarme de que no me respondería. Comprobar que habíamos llegado al final. Por eso le había preparado un regalo, un último trabajo manual de parvulario. Tres cajas. Una por el pasado, otra por el presente y una tercera por el futuro. A cada cual más pequeña. Abrí la ventana de la habitación del hotel en la que nos habíamos citado. Tenía tiempo, bastante tiempo, hasta que ella pudiera concederme el suyo. Coloqué las cajas en línea en el mismo sofá, ancho y naranja, en el que pocas horas más tarde ella me susurraría por última vez “Hazme lo que quieras” mientras hacíamos el amor. Agarré una silla del rincón, la acerqué y me senté a contemplarlas. Comenzó un aguacero furioso, finalmente breve, más propio de un verano a pie cambiado que del mes de Febrero. Tuve que cerrar la ventana de nuevo. No quería que mi obra de corta y pega se empapara. La caja más grande, la del pasado, la había encontrado en el trastero. La había pintado y pegado unos cables y diales y un embudo. La convertí en Rec-O-Dator, la máquina para revivir recuerdos. La caja del presente estaba hecha de un cartón brillante y colorido. Como forma de exorcismo, la llené de objetos con forma de reproches, mentiras y secretos. La diminuta caja del futuro la construí yo mismo con cartulina, pintada con témperas, cerrada con un hilo. Dentro había tan solo dos piezas de un puzle viejo –de La Sagrada Familia o la Torre de Pisa, no recuerdo. Escribí por detrás de ellas de tal forma que al juntarlas se pudiera leer la frase “Al final, todo encaja.” Y aunque no sé si finalmente todo acabaría encajando para ella, en mi caso yo aún no he abandonado esa esperanza neutra.

Años después, hoy, aquí, vivo dos vidas. Una la del ahora mismo. La otra, la de un futuro alternativo que no sé si llegará a realizarse. Me descubro siéndoles infiel a ambas. Intercalando los elaborados preparativos de mi plan de fuga de los Fríos Exteriores con reuniones en la que me involucro con el presente como si no pasara nada, o con pensamientos sobre lo sumamente placentera que puede ser la vida en este lugar y las asombrosas personas con las que cohabito. No se qué va a suceder. No se qué quiero que suceda. Hasta cierto punto no depende de mí. Hasta cierto punto da lo mismo. Sé, como me diría Javo, que la vida no es una novela de Chandler. Que los dos casos del detective no terminan siendo el mismo. Que el enredo no suele desenmarañarse, que rara vez resolvemos el misterio. Que, como le sucedía a los adivinos romanos, resulta sencillo otorgar sentido a posteriori a las entrañas abiertas del animal recién sacrificado. Los retazos del pasado y las ilusiones del porvenir convergen en el vértice de este preciso instante. El otoño para mí fue siempre eso. Un continuo de vértices, un filo, que me suele traer lo más hermoso y lo más terrible. Me asaltan visiones, se arremolinan, se entremezclan, trato de leerlas como manchas de Rorschach. Levanto la mirada, y allá a lo lejos creo intuir dos piezas enormes como dos seres gigantes que van, poco a poco, abrazándose.

5 comentarios leave one →
  1. Lunes, noviembre 24, 2008 5:52 pm

    Ay, aquí me ha tocado la(s) fibra(s). Prodíguese más en este tipo de relatos, buen Doctor.

  2. Lunes, noviembre 24, 2008 11:03 pm

    Querido Dr.,

    “(…) Una la del ahora mismo. La otra, la de un futuro alternativo que no sé si llegará a realizarse (…)”; entiendo lo que cuentas en el segundo párrafo, Dr., sé de qué se trata: un presente crónicamente provisional, un presente plenamente satisfactorio si no fuera porque… eres rehen del azar que te ha llevado a él. Y de repente, sientes nostalgia de aquellas cosas que tiene “el resto de la gente” (ese bar madrileño, esa madre pesada, esos amigos alopécicos de la universidad), que no soportarías en tu vida diaria, pero que envidias, qué coño, envidias porque gracias a esas cosas tontas ellos no sienten el tajo en el vientre de cada otoño que siente el auto-desterrado… O ¿me equivoco? Siento si me equivoco, pero a mí, como a MV, también me has tocado la fibra sensible. Abrazos fuertes, Am

  3. Miércoles, noviembre 26, 2008 1:38 pm

    No se equivoca Don Andres, no se equivoca. En gran parte es asi. Pero no solo… En cualquier caso, gracias a ambos por us palabras.

  4. Miércoles, noviembre 26, 2008 5:10 pm

    Bueno, pues ánimo entonces que el camino es arriesgado pero merece la pena. Abrazos, Dr. Am

  5. abyecta permalink
    Miércoles, noviembre 26, 2008 5:38 pm

    Querido doctor: admiro a aquellos que nos ahorran sus paparruchas. Esto es: que no dejan que el medio reste esencialidad al mensaje. Quiero decir: obvio a los que abren la boca sólo para la autosatisfacción, sin dar nada a cambio.
    En otro orden de cosas. Maravillosa su imagen (¿o no lo es?) de las cajas. Siempre suya.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: