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Buen invierno

Sábado, noviembre 29, 2008

Al comienzo del invierno se retiró a una cabaña que su padre había construido con sus propias manos. A hibernar dijo. Su vida había ido desmoronándose durante el año anterior. Sin dirección. Todo lo que conocía, sus amigos del instituto con los que había formado una banda, su novia, se habían apartado de él, habían desaparecido. Lo único que permanecía en su lugar era un empleo odioso. Sin saber qué hacer, cómo continuar, huyendo del colapso, se refugió en un remoto paraje de Wisconsin. Por las mañanas caminaba por los bosques pelados, por la orilla de lagos cubiertos de hielo, hasta la serrería donde pasaba horas cortando leña. Por la noche, con un equipo obsoleto y herrumbroso, con las paredes de madera reverberando sorprendidas, grababa canciones tocadas con una mera guitarra acústica. Pero no era su intención primera. En aquel momento sólo pretendía un exorcismo. Mezclar los riachuelos escarchados con el dolor candente de un amor malgastado, de la amistad que se quiebra como ramas congeladas. Lo único que quería era intentar darle sentido a una existencia, la suya, a la que el viento invernal y punzante había despojado de su manto. No crean que fueron para él días sencillos. Si han sufrido así sabrán de qué les hablo. Fueron días de troncos apilados, de nieve, de llanto, de barro, de mucho barro, real e imaginario.

Pero cuando alguien pena en mitad del bosque y no hay nadie allí para escucharlo, ¿existe de verdad su tristeza? Por eso supongo que tras tres meses recluido, Bon Iver (o Justin Vernon, es lo mismo) llevó su colección de canciones a un estudio. Le añadió unos coros, unas percusiones, los sonidos de un tren. El resultado, For Emma, Forever Ago, no cambió nada en lo esencial. Es uno de los discos más hermosos de esta década. Y en estos días de frio y de invierno desencadenado, quería juntarme con ustedes frente al fuego para contarles esta historia de aislamiento y esperanza y dedicarle esta canción a alguien que ha decidido que sus labios dejarán de guardar silencio.

3 comentarios leave one →
  1. lostdriver permalink
    Lunes, diciembre 1, 2008 12:41 pm

    Qué hermoso ver cómo la música (como pueden serlo otras artes) se origina desde el alma, sin más pretensiones. Este es para mí el secreto de los buenos músicos. Gracias por compartir esta historia con nosotros, Dr. No olvide escuchar la melodía de la vida, que está siempre cerca. Un cálido abrazo, me alegra leerle con este ánimo tan contento.

  2. Igor permalink
    Lunes, diciembre 1, 2008 4:44 pm

    Querido doctor, conozco “For Emma…” pero es una buena ocasión para saludarle y agradecerle sus diagnósticos certeros y personales. Supongo que los conoce, pero añada a la lumbre de diciembre a Ray Lamontagne, también barbudo, montaraz y sensible;y a William Fitzsimmons, otro que tal canta. Y a mirar las llamas.

    Un saludo,
    Igor

  3. Lunes, diciembre 1, 2008 6:45 pm

    Encantado Igor, sea bienvenido. Gracias por sus recomendaciones. A Ray LaMontagne si le conocia por su “Trouble”

    http://uk.youtube.com/watch?v=KrZkaj37kA0

    A Fitzsimmons no y lo que he escuchado me ha parecido estupendo.

    Por supuesto, aun queda por mencionar El Barbudo Supremo. Espero hablarles de el pronto.

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