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El fin del macho alfa

Martes, diciembre 2, 2008

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Desde finales de los 70 los investigadores venían observando una tropa de babuinos verdes (Papio anubis) en la selva keniata cercana a un complejo turístico. Los machos más fuertes, agresivos y despóticos, los machos alfa de la tropa, se alimentaban en un vertedero donde el suministro de comida era constante y muy sencillo de obtener. A los machos más débiles y menos beligerantes, como siempre, no les quedaba más remedio que buscarse las habichuelas en otra parte. Sin embargo, a mediado de los 80 se abandonó en el vertedero una gran cantidad de carne infectada con tuberculosis bovina. En menos de tres años casi la mitad de los machos adultos pereció por completo. Precisamente la casta dominante de los babuinos. Quedaron las crías y las hembras, que ahora doblaban en número a los machos restantes, los más dóciles y serenos. Para asombro de los primatólogos los patrones de comportamiento entre los supervivientes cambiaron drásticamente. Las relaciones de sumisión eran mucho menos frecuentes. Los machos más fuertes eran más tolerantes con el resto. Todos los babuinos se cepillaban y arreglaban el pelaje mutuamente más a menudo. Eran menos frecuentes y severos los arañazos y mordiscos durante los encuentros sexuales. Es más. Años después, cuando todos los supervivientes del brote de tuberculosis ya habían muerto, esa sosegada cultura se mantuvo. Y lo que es aún más sorprendente. Los machos que llegaban hasta allí provenientes de otras tropas, los inmigrantes, adoptaban los relajados modos de sus nuevos vecinos. El pacifismo se había transmitido culturalmente (A Pacific Culture among Wild Baboons: Its Emergence and Transmission, PLoS Biology, 2004).

¿Hartos de esos über-machos brutos e insensibles que siempre les quitan sus mujeres? ¿De esos especímenes que les empujan y gritan para conseguir privilegios? Salgamos a la calle con un AK47. Acabemos con todos ellos. Alcanzemos por fin la paz perpetua.

6 comentarios leave one →
  1. Martes, diciembre 2, 2008 1:27 am

    Fíjese que me da pereza salir a la calle para eso. Con un buen Mauser o un Dragunov desde casita casi que me motiva más el asunto.

  2. Martes, diciembre 2, 2008 3:55 am

    ¿Pero qué le han hecho Doctor? Dígamelo que les pego.

  3. Martes, diciembre 2, 2008 8:03 am

    Por cierto… su artículo casi parece una respuesta (espero que no una réplica) al mío. Curioso; yo pongo a dos babuinos tiernos y usted pone a dos de los malotes.

  4. Martes, diciembre 2, 2008 9:19 pm

    Con su post ha inaugurado el género de la fábula queer.

  5. Miércoles, diciembre 3, 2008 11:38 am

    A varias generaciones se nos ha impuesto la idea de una evolución natural de las especies que, a pie de calle, se entiende como la supervivencia del más bestia. Tampoco los más aptos suelen ser los menos bestias o los más, digamos, sensibilizados con el prójimo. El mejor dotado para la supervivencia suele ser el más mediocre, el que hace de las medianías su habitat natural.

    Saludo.

  6. Miércoles, diciembre 3, 2008 4:02 pm

    Esta visto, sublibrarian. Soy demasiado sutil.

    David (Bienvenido!), lo que dice es muy cierto. Lo he visto en mi experiencia. La mediocridad se reproduce mucho mas rapido que la excelencia. Como conejos.

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