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Elogio de la sutileza (y II)

Sábado, enero 10, 2009

Pueden consultar la primera parte de este elogio y la discusión que generó aquí.

No es nada casual que cuatro de las mejores películas del año 2008 (dejando a Speed Racer y Wall-E de lado) hayan sufrido similares sacudidas críticas. Cloverfield, No Country for Old Men, Los Cronocrímenes y Before the Devil Knows You are Dead responden a un patrón similar. Películas en apariencia de género que en un determinado punto se desnudan más o menos parcialmente de esos ropajes para mostrarnos otras intenciones. La elipsis, la aceleración, la estética minimalista o de video casero son los instrumentos de esta nueva forma de sutileza que se apoya en subvertir las expectativas que los espectadores, a estas alturas trillados de convencionalismos, tienen al acercarse a ellas. Expectativas que se basan en las fórmulas del cine de género, ya sea el fantástico, el thriller o el noir. Para demostrarlo, es preciso que recordemos los cargamentos de incomprensión e inconsciencia que se han vertido sobre estos films que convoco ahora a modo de ejemplo.

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Cloverfield: Aparte de ser acusada de causar mareos y otras patologías en lugar de miedo, la monstruosa injusticia cometida con el film de Matt Reeves fue la de no percibir que el monstruo gigante era la razón, la excusa si quieren, para mostrar una historia de amor en forma de órfico descenso a los infiernos. La confusión que causó fue tal que se llegaron a escibir reseñas sobre ellas en las que se afirmaba que ese romance era un puro macguffin. Por no hablar de otras opiniones, que no desentonarían con las de los comentaristas que pueblan Amazon o Imdb, que se quejaban de la manifiesta incapacidad de la película para conseguir que empaticemos con los personajes centrales. Ya me dirán qué tipo de sentimientos pueden generar un grupo de über-pijos neoyorkinos: Y es que no todas las historias pueden estar protagonizadas por personas que querríamos ser del mismo en que el mundo no es siempre el lugar que nos gustaria que fuera.

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No Country for Old Men: “Si no fuera por la historia del sheriff viejo la peli estaría bastante bien.” Ese era uno de los comentarios típicos que se pudieron leer acerca del primer “coenazo” del 2008. Y es que Joel y Ethan jugaban en No es país para viejos a a subvertir los principios del thriller y osaban escamotearle al público incluso el enfrentamiento final entre los dos supuestos protagonistas de la función, además de la explicación de dónde va a parar el dinero. Un anticlímax que desconcertó también a críticos profesionales que, aferrados a los patrones genéricos y a su adicción al subrayado, no entendieron que la referencia a hombres viejos en el titulo de la novela de Cormac McCarthy no era un simple capricho.

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Los Cronocrímenes: Una paradoja no es plato de gusto para los fundamentalistas de la plausibilidad, incapaces de relajarse, disfrutar y dejarse llevar por una historia endemoniadamente enrevesada que quizá envuelva algo más. Muchos oyeron tiros pero no llegaron a saber nunca de dónde venían porque se cegaron en intentar comprender la telaraña determinista tejida por Nacho Vigalondo. Y es que seguramente hemos perdido la capacidad de mirar a través de lo visible que por ejemplo imperaba en los 60. La violencia en slapstick del Week End (1967) de Godard o la asfixia imposible que creó Buñuel en El ángel exterminador (1962) no podrían entenderse como un mero isomorfismo entre realidad y ficción. Lo que nuestros tiempos pueden añadir a ello es la idea de que la hipérbole también puede ser realista (miren sino la fisica cuántica). Y hasta política.

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Before the Devil knows you are dead: Que se la llegara a criticar porque su título no reflejaba bien su contenido denota la profunda incomprensión con la que se recibió a esta lección de cine y pulso a cargo del vetusto Lumet, aunque las ideas preconcebidas con el octogenario tampoco ayudaron a que el film gozara de la difusión que merecía. Lo que se prometía en un principio como cine negro canónico, con todos sus elementos reglamentarios (un golpe millonario, una femme fatale, varias traiciones) se revelaba a mitad del metraje como una tragedia griega, como un asfixiante melodrama familiar lubricado con pólvora y mentiras, que llegaban a hacer extremadamente incómodo su visionado y que hicieron sentirse estafado al espectador sin dobleces.

En definitiva. Estos cuatro ejemplos militan en una ética de la seducción. Pues si como decía Baudrillard producir es crear convirtiendo lo que no existe en algo material, seducir recorre el camino inverso, es decir, el de crear restando, escondiendo algo que ya existía (o que creemos que existe). No se trata de elegir entre mostrar o insinuar una vagina, un monstruo o una hemorragia. Es algo más complejo que eso. Se trata de que todos acudimos a la butaca o al sillón con nuestras expectativas y nuestros esquemas. Heredados y reforzados, film tras film. No somos ya inocentes. Sustraer elementos a los géneros, sus giros, sus argumentos, sus convencionalismos, traicionar la doctrina que implícitamente sabemos que van a proporcionarnos es aquí y ahora el único discurso digno y posible.

5 comentarios leave one →
  1. Sábado, enero 10, 2009 5:12 pm

    O dicho de otro modo: por qué la crítica y el público piden obras que no les traten como tontos, y cuando alguna lo hace… se quejan. Le linko en los foros habituales.

  2. Sábado, enero 10, 2009 6:45 pm

    Sólo un detalle: la traducción era correcta. Corresponde al proverbio irlandés de “Que estés en el cielo una hora antes de que el diablo sepa que has muerto” o dicho en inglés “May you be in heaven an hour before the devil knows you’re dead”.

    Lo sé porque me lo traje en forma de alegre elfo de Dublín. Y corona mi cuarto como excusa a mis pecados.

    Por lo demás, nada que objetar… aunque citar a Godard (vale, es que encima, precisamente, WeekEnd me pareció MIERDA SECA) me parece tan fuera de lugar…

  3. Sábado, enero 10, 2009 9:29 pm

    Muchas gracias, Tones. Sí, soy demasiado modesto.

    Seth, gracias por su apunte. Yo había leido lo contrario, pero dado su argumento incontestable he procedido a corregirlo. En cuanto a Week End, bueno, más quizá que a la película entera, me quedo con la escena que empieza con la travesura de un niño y acaba con disparos de escopeta. Desde luego esa violencia es inverosímil desde un punto racional, pero da igual. Lo que importa es lo que escena dice sobre los verdaderos deseos de los burgueses que la protagonizan: Que cuando un niños te toca el coche le puedas dar de hostias y que cuando te toquen a tu niño puedas matar a escopetazos a quien lo ha hecho. Y bienvenido por estos lares.

  4. Lunes, enero 12, 2009 7:47 pm

    No me gusta la opacidad del género cuando se lleva al límite, a la intransigencia; tampoco me agrada que los espectadores protesten cuando no les ofrecen lo esperado, lo masticado, cuando el director de turno se sale del guión y dicta nuevas soluciones, asumiendo riesgos infinitamente loables.

    La innovación es una materia de alta peligrosidad que seduce a los más valientes, pese al posible (y probable) rechazo del público. Quien opta por innovar no espera el halago fácil, sino que obra por amor al arte, algo que sólo podemos aplaudir hasta que el diablo sepa que hayamos muerto.

  5. Igor permalink
    Martes, enero 13, 2009 2:42 pm

    Sí, señor. Menos mal que alguien elogia el negado encuentro entre los dos protagonistas de “No country for…”. Su función es tan evidente que no puede atribuirse a la torpeza sino a una intención muy calculada, porque nos hace interrogarnos, entre otras cosas, sobre por qué nos quedamos frustrados.

    Sobre “Los cronocrímenes”, y siguiendo con los clímax, añadiría que una de las muchas señales de inteligencia de la película es darnos el final desde el comienzo, e interpretarlo tantas veces que al final no sólo no sabemos dónde estamos, sino ni siquiera quiénes somos.

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