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El último guerrero

Martes, febrero 10, 2009

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En El Ultimo Pistolero de Don Siegel, (The Shootist, 1976) un legendario y ya anciano forajido interpretado por John Wayne apuraba su vida enfermo de cáncer en los primeros días del siglo XX, en una época que ya no era la suya, la del Salvaje Oeste, una era que sin embargo regresaba para pedirle cuentas por su fama. El film de Siegel era eminentemente crepuscular -hasta el punto de ser el último que protagonizó John Wayne antes de su muerte y de contar con Lauren Bacall y James Stewart en su elenco- construido alrededor de un hombre fuera del tiempo, una reliquia, que finalmente prefiere no dejarse morir y decidir por si mismo cómo será su última función. Pues bien. The Wrestler, la nueva película de Darren Aronofsky, se rige por un patrón parecido: El exluchador Randy “The Ram” Robinson, interpretado por el grandioso Mickey Rourke, malvive rememorando pasados laureles a base de bolos lastimosos aquí y allá, con la salud quebrantada por el abuso de esteroides, sacando el rendimiento que puede a su obsoleta gloria en medio un mundo que le olvidó hace mucho y que poco a poco le va ahogando.

The Wrestler explora por tanto una historia clásica, en la que resuenan ecos del Cable Hogue o el Billy The Kid de Sam Peckinpah, pero también del Batman cincuentón y desgastado de Frank Miller. Aronofsky la reactualiza y la reubica en el siglo XXI, en la era del capitalismo tardío y frío, en el páramo horrista de la resaca industrial. Sin embargo, esta historia también es típicamente suya. Comparte con Requiem for a Dream su estructura argumental, la de un entorno que va cerrándose inexorablemente sobre sus personaje, con un breve interludio de esperanza, en este caso el que supone la reconciliación con su hija y el tímido romance con la stripper que encarna Marisa Tomei. Y como el personaje principal de The Fountain, Randy comprende en última instancia que ha de aceptar el fin como forma de cerrar la narración de su propia existencia y poder darla así un sentido.

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Pero al contrario que en sus anteriores films, Aronofsky ha decidido quitarse del medio. Borrar los rastros hasta ahora reconocibles de su propia autoría. Todos aquellos que con cierta razón le reprochan su efectismo y afectación no podrán encontrar en The Wrestler similares argumentos. Porque Aronofsky opta por las imágenes nerviosas y la textura granulosa del documental, de la cámara en mano y el tracking shot que sigue a Randy a todas partes (incluso nos niega su rostro durante los primeros minutos), y que se inmiscuye siempre que puede en la acción. Mientras que en los momentos pausados e íntimos, cuando su interés es el interior de los personajes, la cámara por el contrario se calma, y opta por la contemplación. Es cierto también que a Aronosfky le ha lastrado en ocasiones un cierto intelectualismo. Que se ha aproximado a las emociones desde la teoría y no desde la empatía, hasta el punto de que el personaje de Rachel Weisz en The Fountain parecía más una inmaculada santa que la enferma terminal que se suponía que era. Sin embargo, la profunda emoción que desprende The Wrestler es cierta y auténtica. Gracias a un Mickey Rourke que canaliza en Randy una versión de si mismo, sus derrotas y sinsabores, y que con su humor y su nobleza va conquistándonos, enorme, exhausto, desgarrado.

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Frente a él la no menos fenomenal Marisa Tomei, que compone un personaje que es al mismo tiempo espejo y complemento del de Randy. Ambos, Cassidy y The Ram, la stripper y el luchador, son vehículos de las fantasías de otros. Ambos sufren las consecuencias de tener que construirse de ese modo, de tener siempre que estar ahí para los demás, lo que ello requiere. Ambos tienen sus propios nombres artísticos y ambos han de llevar dobles vidas. Pero mientras que para Cassidy su verdadera identidad es la de Pam, la madre en la que se convierte cuando deja el club, Randy existe solo cuando es The Ram. Cassidy/Pam no quiere dejar que sus identidades se mezclen y se empeña en trazar la línea entre ellas porque en la pista no se siente ella misma. En cambio Randy/The Ram solo existe sobre el ring y por eso solo puede vivir encarnando la identidad suya que es pública, introduciéndola en su vida diaria, esperando detrás de la cortina a que la música que le anuncia suene, o impersonándose a si mismo, como sucede en el breve momento de alegría que disfruta mientras despacha a los clientes del supermercado en el que trabaja.

Pero Randy participa en peleas cada vez más extremas, cada vez más peligrosas, a medida que se acerca su revancha con El Ayatola, en una carrera demencial que exige cada vez más de él, de su integridad física, como las actrices porno que han de reconstruir periódicamente su anatomía. Ese es el único modo de continuar en el negocio. Un negocio en el que no tiene otro remedio que permanecer aunque éste le coloque al borde de la muerte. Porque Randy es un fenómeno de la naturaleza. No sabe hacer otra cosa. Como John Rambo, es una fuerza primordial despertada por otros, un vestigio de los 80, una época más inocente quizás, pero que se cerró sin esperarle, como se evidencia en la escena en la que juega con un chico del barrio a un juego de lucha protagonizado por él mismo en la clásica Nintendo. Cansado de su bidimensionalidad y su simpleza, el chaval le pregunta “¿Conoces el Call of Duty 4? Está ambientado en Irak.” O en la asfixiante escena en la que, una vez comprende que el mundo no guarda un lugar para él, Randy termina huyendo con ferocidad del supermercado, arrasando los pasillos coloridos y felices como un King Kong asediado, no por aviones primitivos sino por cajas de cereales que lo prometen todo.

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Puede que Randy está condenado a extinguirse. Que de él solo queden la gloria desvanecida y unos recortes de periódico. Pero hay una habitación en la que un niño imagina colosales combates y juega con una figura suya. Y en ellos, The Ram también vence.

5 comentarios leave one →
  1. ontopop permalink
    Martes, febrero 10, 2009 12:15 pm

    Bueno-bueno-bueno: esta peli hay que verla. A mí el bueno de Rourke me pirra, y de Aronofsky o como se diga sólo he visto una peli -Pi-, pero me moló y eso. Y por lo que dices, seguro que esta peli me encanta.

  2. grial permalink
    Jueves, febrero 19, 2009 1:46 pm

    Gran peli y gran análisis, Dr.

  3. Martes, junio 16, 2009 7:28 am

    Hace ahora cuatro meses descargué The Shootist después de haber leído este post. Acabo de terminar de verla. Quería que usted lo supiera.

  4. Miércoles, junio 17, 2009 6:13 pm

    Y le gusto?

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