Skip to content

Los peligros del sexo antes del matrimonio

Jueves, febrero 12, 2009

00111 Sé que Edmundo cuenta conmigo. Se que espera que le ayude. Que el día, de aquí en cinco o diez años, en el que los que a los de arriba se les agoten las fuerzas, me propondrá que les reemplacemos con las que a él y a mi aún nos queden. Porque siente que él sólo no puede. Pero lo que Edmundo no sabe es que yo he preparado un plan de fuga. Que el poster del ovni y del “I want to believe” que cuelga en mi oficina, y que como la estrella roja de mi abrigo resulta ser más una diversión que una creencia, disimula el túnel que excavo cada día con una cuchara de plástico, de esas que sobraron de la fiesta. Un túnel que hasta hace no mucho yo volvía a rellenar de escombros cada noche como Penélope destejía el sudario de su desaparecido esposo.

Mientras ando rascando la pared subido a la silla, Olga La Dulce me sorprende con la cuchara en la mano porque quiere devolverme ese disco que acabo de prestarle. Demasiado crudo, me dice. Y sin dedicarme más atención se marcha por donde vino, cantando como una colegiala, crecida y radiante, a jugar en la nieve que ha vuelto a caer está noche y que aún lo cubre todo.

Luego voy al supermercado para rellenar de vodka el hueco con forma de botella que hay en mi congelador. Mientras mi mano duda cuál elegir me acuerdo sin saber por qué de Sirhan Sirhan. De su diario demencial y terrible, de sus notas llenas de tachones grandes como ratas, repeticiones hipnóticas, proféticas amenazas, referencias a los judíos, a los Illuminati y a la sangre. Y pienso que tal vez las mujeres me vean como a Sirhan Sirhan. Porque érase una vez este blog lo leían mujeres, muchas mujeres, asombrosas mujeres. Me pregunto si, como dejé dicho por ahí sin pensar demasiado el otro día, me muestro a los demás, a ellas, reducido a “monstruos, porno y ciencia ficción,” cuando, me repito, son más diversiones que creencias, o igual no, porque de verdad no se cómo hace la gente para afrontar sus crudezas, que en vez de aceptarlas y glosarlas parece que solo saben esconderlas o apartarlas, como si esto fuera El Planeta de los Simios y hubiera que guardar las vergüenzas primordiales en una cueva. Pero luego recuerdo las palabras de R, que así le llamaré siempre porque así firmaba aquel cumplido que me regaló hace tanto tiempo, en las que decía que hay que escribir como si no te leyera nadie, como si estuvieras muerto. Pues eso. Me lo aplico. Como si estuviera muerto.

Es casi la una. Y cuando a punto estoy de acorazarme por fin en el sueño escucho el suspiro cansado, el traqueteo pesado, del quitanieves.

4 comentarios leave one →
  1. gromland permalink
    Viernes, febrero 13, 2009 1:06 pm

    Estimado Dr Zito, tenga Vd. cuidado que se empieza así y se acaba distinguiendo “la literatura para mujeres”. Por supuesto que, por esas redes de Dior, navegan clichés de féminas que consideran que el único contacto que pueden tener con la hemoglobina es la que le ofrece su cuerpo de manera gratuita y – por lo visto – harto dolorosa una vez al mes… pero también hay seres humanos con vagina que disfrutan con “lo zombi”, lo bizarro y lo profundamente superficial (el oxímoron no es mío, que conste). Tan solo hay que tener paciencia.

    Por cierto, algún día le cuento los peligros del sexo DESPUÉS del matrimonio.

    Afectadísimos saludos.

  2. Viernes, febrero 13, 2009 7:50 pm

    He colgado el artículo sobre R. en el corcho de mi habitación, para recordar la frase con ánimo de seguir escribiendo sin que las letras me pesen. Mientras tanto, mientras escribo y no escribo, mientras que salgo a quemarme el cerebro y el hígado para aceptar las crudezas, sobrellevo el sexo prematrimonial entre ‘Condes de Montecristo’, porno y ciencia ficción. No hay otra forma digna de afontar la realidad, vaya.

    Por cierto, que no comenté nada en su momento, la historia de los ‘hombres-bestia’ me alucinó; siga escribiendo artículos tan deliciosamente neuróticos, ande.

  3. m.a. permalink
    Sábado, febrero 14, 2009 9:28 am

    haberlas, haylas, doc. no desespere y siga rascando. De hecho próximamente en la honrosa ciudad de Gallardongrado recurriré a sus habilidades para alcanzar y conformar esa parte de la espalda (omoplato a la derecha) a la que ni los más largos y elásticos brazos pueden llegar.

    besitos mientras tanto.

  4. Sábado, febrero 14, 2009 11:43 am

    Que no, Grom, emea, que hoy la cosa no va por la paciencia. Lo que me preocupa de verdad son los rayos gamma.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: