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Californicando

Martes, marzo 24, 2009

hank1

Ahora que ya he terminado de visionar la segunda temporada de Californication, ha llegado el momento de recapitular. De hablar de una serie que en su estreno provocó sensación, aunque luego se haya terminado yendo por el desagüe de la insustancia. Porque independientemente de que haya dejado la iconoclastia de lado (ni pensar ya en algo remotamente parecido a la felación monjil que tanto enfureció a los de siempre) y de que el número de tetas en pantalla haya sido igual a dos, esta segunda temporada ha representado un continuo cuesta abajo, despropósito tras despropósito, con algunos momentos de enredo vodevilesco casi propios de Escenas de Matrimonio, con algún repunte hacia el tramo medio, es cierto, y un season finale sencillamente ridículo, que se salda con un chascarrillo y una conjunción de eventos que, como suele suceder también con los grandes acontecimientos del universo Marvel, lo cambia todo para dejarlo otra vez en el mismo sitio. Y es que como decía Vigalondo hace poco, el objetivo fundamental de las series de televisión es perpetuarse a sí mismas. Pero eso no significa que debamos permitir que nos tomen el pelo impunemente o que  comulguemos con cualquier pedazo de romanticismo que pretendan colarnos como verdadero.

Pero yo preferiría hablarles hoy de algo diferente. En particular de la entronización de Hank Moody como icono generacional masculino. Moody es supuestamente un escritor en el dique seco creativo. Un santo bebedor. Un follador decadente pero sensible y honorable, que defiende sus principios frente a un mundo que quiere mercantilizarle. Pero en Moody todo es impostura. Compárenlo con los ídolos generacionales de otras épocas, James Bond en los 60 o Tony Manero en los 70, por ejemplo. Ambos eran también exitosos con las féminas (al fin y al cabo, así se mide la valía de un hombre, ¿cierto?) pero su oficio, lo que sabían hacer bien (espiar, bailar) era precisamente el centro de la acción. Moody en cambio no escribe. No lee. No vemos libro alguno en sus estanterías. No se le conocen referentes, salvo por alguna mención de pasada a Bukowski, cómo no (“Hank” Chinasky, recuerden). Moody no tiene disciplina, no se esfuerza. Parte de ello se debe a que el acto de escribir es en sí feo. Es silencioso, estático y hasta desagradable, sobre todo cuando quien lo realiza lleva pegado al teclado más de dos días sin ducharse. Por lo tanto su representación visual es problemática. Pero también se debe en esencia a la idea, muy tranquilizadora para muchos y puesta en práctica por los imitadores de Bukowski, Lardín o Carver, de que escribir es un don que se tiene o no se tiene, y que por tanto no es necesario cultivar ni trabajar. Comparen el comportamiento de Moody con los “Diez mandamientos de un escritor” de Stephen Vizinczey: Viola al menos cinco. Y es que Moody representa como nadie el triunfo del simulacro sobre la sustancia, de la praxis de la apariencia y no de la esencia.

Lo confieso. Soy el primer mamón que se coloca unos vaqueros, botas, camisa y chaqueta oscuras y un pitillo en la comisura de los labios. Pero si Moody resulta ser el icono admirado por una generación, admitámoslo, apaleada, solitaria y confusa, ¿qué dice eso de nuestros tiempos? ¿Qué generación es esa?

9 comentarios leave one →
  1. Miércoles, marzo 25, 2009 5:54 pm

    <> Chapeau, sí señor. Si no vengo a menudo a comentar es porque estoy cultivando y trabajando lo que a mí no se me dio como don.
    Por cierto. A Carver le “escribía” su editor, cuentan por ahí.

  2. Miércoles, marzo 25, 2009 11:31 pm

    El primer capítulo me dio mucha paz. Pero no sé en qué punto del segundo, supongo que durante algún escamoteo de tetas, me vi trasegando una versión de Sexo en Nueva York para engorilaos ojerosos como yo mismo. Pero lo peor de todo es que, como Sexo, era de puro hielo. Carente de toda reconciliación: sin proyección ni reflejo. Simplemente flotaba allí en el centro de la pantalla. Y dándole la espalda estaba mi vida.

  3. Jueves, marzo 26, 2009 8:14 am

    Me alegra haber leído su post. Vi el primero, me dejó fría y pasé porque con el vicio de series que tengo intento ser un poquito selectiva (not!). Ahora no hacen más que recomendármela y no me fío nada, así que ya sé que hago bien en no verla!

  4. Lunes, marzo 30, 2009 11:03 pm

    Pero no debemos tener en cuenta, también, quién pone la carne??? Duchovny no es una tábula rasa, viene con equipaje simbólico, un equipaje que le da caché a este simulacro de escritor, no cree??? Y que vivimos en la sociedad del wannabe, ais, qué gran y sucia verdad… pero de la copia, de la imitación, surgen proyecciones interesantes; solo tiene que ser lo contrario que el bueno de Moody; o aparentarlo😉

  5. Cardamomo permalink
    Martes, marzo 31, 2009 3:18 pm

    Si la vida fuese tan fácil como lo es para Moody…

    ¡Guionistas!

  6. Martes, marzo 31, 2009 11:35 pm

    Pequeña delirio, desde luego que con el tema de la adiccion al sexo de Duchovny el personaje lleva mucho equipaje consigo. Y no solo es la sociedad del wannabe, sino tambien la del culto al no-esfuerzo.

    Y bienvenido, Cardamomo. Tiene algun familiar odiado que sea guionista?

  7. Miércoles, abril 1, 2009 10:00 am

    Mmmm, creo que me refería al interesante Mulder. No había pensado en el adicto Duchovny. Está usted muy primaveral, me parece😉

  8. Viernes, abril 3, 2009 3:43 pm

    Estoy de acuerdo. Quizá Bond más que un espía es una actitud. En sus películas bebe, juega a partidas sin inmutarse en casinos caros, se divierte, vence a los malos de un pispas y está con chicas. Tony Manero BAILA. Actividades lúdicas.

    Pero me fascina la analogía: son los mejores y HACEN algo. Yo creo que Moody es una actitud perfecta: escribe un blog. Le pagan mucho por ello. Ganó mucho dinero, el suficiente, con ver corrompida su “novela”.

    Pues eso, gran post.

  9. Viernes, abril 3, 2009 11:26 pm

    El don existe. La serie es una puta mierda. Las españolas peor aún. Y los bares están repletos de subnormales, y algún que otro talento cogorza perdido/a. Igual que el autobús, vaya.

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