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Ballard

Lunes, abril 20, 2009

ballar372Ballard y el cuadro de Delvaux que le fascinó siempre.

Como ya sabrán, el gran JG Ballard falleció ayer. Era pública su enfermedad desde hace tiempo. Pero no por esperada duele menos la pérdida del que probablemente sea el escritor más determinante de la primera mitad de este siglo.

En lo visible y lo programable, quedarán de Ballard sus dos obras más célebres, El Imperio del Sol (1984) y Crash (1973), debido a sus adaptaciones cinematográficas a cargo de Spielberg y Cronenberg respectivamente. Pero eso sería una enorme pena. Porque aunque El Imperio del Sol glose la infancia de Ballard en Shangai, periodo que dejaría en él improntas que le marcarían de por vida, como las estampas de la desolación o un sentimiento de fragilidad de la realidad cotidiana, representa un estrella lejana dentro de su producción. Por otro lado, Crash no es ni con mucho la mejor de sus novelas, ni siquiera la más estimulante (aunque muchos la encuentren así debido a las razones equivocadas), pero se basaba en premisas relativamente más accesibles y además encontró la fortuna de ser adaptada de forma ejemplar por Cronenberg en un film que a la postre gozó de su propia controversia (y censura).

Créditos finales de Thirteen to Centaurus (1965).

Ballard comenzó a hacerse un nombre a finales de los 50 y primeros 60, publicando relatos en revistas pulp. Historias quizá genéricas, pero que mostraban ya una sensibilidad inusual y un particular universo que exploró sin ataduras en sus primeras novelas, dotadas de poderosísimas imágenes y un lirismo que mejoraba y extendía las poesía de las visiones marcianas de Bradbury. Novelas con las que fundaría el genero catastrófico-onírico y los primeros mimbres del concepto mismo de Lo Ballardiano. Después llegaría la muerte de su esposa en accidente y una época turbulenta en la que se lanzó a la experimentación radical en todos los ámbitos, y en la que pasó a publicar en revistas underground, revistas mimeografiadas, collages protopunk en los que por entonces se hablaba del cine rompedor de Bertolucci o de las teorias de Adorno y Foucault. De esa época son La Exhibición de Atrocidades (1969), que tanta huella dejaría en Ian Curtis, y su exposición de coches estrellados en Londres (1970).

Ballard y Gabrielle Drake en Crash! (1971).

Durante ese periodo la prosa de Ballard se hace cada vez más alucinada y comienza también a  infectarse de forma explícita con sus preocupaciones por la sociedad y la suciedad postindustrial. En ese tránsito, Ballard no hizo más que repetir el camino que llevó a su admirado Sigmund Freud desde la exploración de la neurosis, de las patologías de la vida cotidiana, del estudio de las pulsiones de amor y muerte, a los terrenos de la cultura, de la civilización y sus descontentos. Ballard viajó del espacio interior, investigado mediante el psicoanálisis y el surrealismo de sus queridos Delvaux y De Chirico, al espacio enorme de una sociedad en estado de descomposición. Así es como desde mediados de los noventa, con un estilo ya bastante más funcional, más interesado en las ideas, Ballard da luz a Noches de la Cocaina (1996), Super-Cannes (2000), Milenio Negro (2003) y Bienvenidos a Metro-Center (2006). Cuatro novelas con una riqueza de conceptos capaz de sacudir comosgonías enteras, cuatro aldabonazos a la sociedad del consumismo, del ocio, la que oprime a sus miembros dándoles libertad para hacer y poseerlo todo, la del Estado del Hiperbienestar, porque sus ciudadanos solo guardan ya lealtad “al supermercado local y al hiper de bricolaje más cercano.”

Se nos ha ido Ballard, quien siempre usó la ciencia ficción -aunque rechazara el uso ideológico que se hace a veces del término- de la mejor forma posible: Para explorar el mundo presente. Se nos va Ballard, pero nos queda, claro, su obra. Se fue Ballard, yo le vi, montado en un artefacto volador con hélices y alas de cristal.

aparelhoLa poco conocida adaptacion Aparelho Voador a Baixa Altitude (2002).

Epílogo

Ya les relaté hace unos meses que Ballard es, por si no lo habían notado, una de las mayores influencias de servidor y este gabinete. Por eso, como parte del imprescindible homenaje, pensé en dejarles aquí el video de Thirteen to Centaurus, el estupendo episodio de la decana serie británica de ciencia ficción Out of the Uknown que adaptaba su relato homónimo de 1962. También pensé en mostrarles Crash! un mediometraje de 1971 protagonizado por Ballard y una bellísima Gabrielle Drake – una de las chicas de pelo morado de UFO– que a su vez adaptaba partes de La Exhibición de Atrocidades y avanzaba los temas de Crash. Pero ambos han sido removidos de Youtube. Curioso, ¿no? Pensé también en citarles What I believe, el credo ballardiano escrito por él mismo. Pero el Maestro Ausente, que también pertenece a la ballardsfera, ya se ha encargado de hacerlo. Así solo me queda recordarles la última inspiración que su querido doctor encontró en la obra de ese gigante que nos ha dejado.

2 comentarios leave one →
  1. Minizita permalink
    Lunes, abril 20, 2009 9:57 pm

    Esta mañana desayuné leyendo sobre la muerte de Ballard. Zito, que café tan sumamente amargo.

  2. Lunes, abril 20, 2009 10:09 pm

    Me da miedo morir.

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