Skip to content

Medianoche en el jardín del mal

Martes, mayo 5, 2009

Con un año de retraso he acabado de visionar por fin la cuarta temporada de las nuevas aventuras de mi colega el Doctor Who, quien ya lleva más de nueve lustros y un total de treinta temporadas viajando por el tiempo y el espacio. Llego tarde, lo sé, pero no quiero perder la oportunidad de iniciarles a ustedes, si no lo están ya, en las aventuras del último Señor del Tiempo.

En conjunto, el rumbo de la cuarta temporada fue bastante irregular. Su primera mitad combinaba algunos capítulos realmente divertidos, como por ejemplo el inaugural en el que el Doctor se reencontraba con Donna, la secretaria respondona y algo cargante que actuó como su compañera durante el resto de la serie, con otros decepcionantes e inocuos. Ni siquiera resultó demasiado memorable el doble episodio escrito por Steven Moffat, una especie de remake galáctico de Cae la oscuridad, aquel estupendo episodio de Expediente X. Una decepción, porque la temporada enterior Moffat había creado con Blink uno de los mejores y más terroríficos episodios de toda la historia de Doctor Who, un mérito que además le hizo ser elegido sucesor de Russell T Davies como responsable máximo de la serie. Debido precisamente a su marcha, Davies decidió echar el resto y concluir su etapa  bajo el lema de “mejor cuanto más grande.” Sus tres últimos episodios convirtieron el final de su ciclo en una megalómana montaña rusa que invocaba a todos los personajes aparecidos en estos cuatro años, a los Daleks y a su creador Davros – los más acérrimos enemigos del Doctor– bajo la amenaza del fin de la realidad misma. El resultado terminó siendo tan hipertrófico como olvidable. Sin embargo, entre ambos bloques, el insustancial y el excesivo, Davies escribió una pequeña joya, un estupendo y humilde episodio del que me gustaría hablarles hoy.

4x10_midnight_-_00hr_03min_10sec

En Midnight, El Doctor y Donna se tomaban unas vacaciones en el planeta del mismo nombre. Mientras Donna se queda disfrutando de unas horas de relajación en un spa exclusivo, El Doctor se apunta a un tour de visita por las Cataratas Zafiro, maravilla de la naturaleza a la que sólo se puede acceder en una especie de autobús blindado ya que la radiación que asola la superficie del planeta es letal para toda forma de vida. O casi toda. Porque algo habita allí donde es imposible, entre las cumbres diamantinas. Una sombra que los pilotos vislumbran brevemente antes de que las compuertas que protegen el vehículo se cierren. Poco después el convoy se detiene misteriosamente, aparentemente averiado. Comienzan a sonar golpes en el fuselaje. Y tras una sacudida fortísima, la cabina se volatiliza. El Doctor, un profesor y su estudiante, una mujer de negocios, la azafata y una pareja y su hijo quedan atrapados e indefensos ante lo desconocido. Pero algo más ha sucedido. La mujer de negocios ha quedado paralizada y permanece agachada, recogida sobre si misma, de cara a la pared. Y cuando despierta de su estupor, comienza a repetir las conversaciones del resto de pasajeros (como por cierto solía hacer Minizita para hacerme chinchar cuando eramos pequeños). Después empieza a adivinarlas exactamente qué van a decir y las repite sincronizadamente. Algo la ha poseído ¿La sombra? Sea lo que sea, Eso está dentro de la mujer, examinándoles, aprendiendo de ellos, creciendo, tomando una voz propia. El Doctor tratará de comunicarse con ella entenderla y hasta defenderla ante el terror creciente de sus compañeros de viaje que comienzan a convencerse de que deberían expulsarla de vuelta al páramo de donde vino.

n04-10-02

Como ven Midnight es puro horror psicológico que explora los más pozos más profundos de la condición humana, con la clara referencia de The Monsters Are Due On Maple Street (1960), el clásico episodio de The Twilight Zone, y que además juega con la dualidad “el horror está fuera /el horror está dentro.” Porque dos monstruos amenazan al Doctor. La Sombra, invisible y desconocida, cuyas motivaciones y forma desconocemos y no nunca son aclaradas. Y por otro lado, la aberración en forma de síndrome derivado del encierro prolongado, ese que los anglosajones llaman Cabin fever; un virus de paranoia y miedo que se contagia entre los viajeros y llega a corromper incluso al mejor de ellos.

Frente a esa doble amenaza, la del ser y la del grupo enfurecido y aterrorizado, El Doctor se convierte en una especie de Henry Fonda en Doce hombres sin piedad (Sidney Lumet, 1957). La situación le sobrepasa. No consigue inspirar confianza en el resto de pasajeros, convencerles para que tengan fe en él como suele ser lo habitual. Él se comporta siguiendo su propio librillo, siguiendo sus modos habituales, los que despliega episodio tras episodio. Pero no funciona. No tiene el control. Y le vemos asustado. Realmente asustado. Todas sus habilidades resultan completamente inútiles. Es ahí, reducido y detenido en ese espacio claustrofóbico, donde vemos el verdadero alcance de sus poderes: Una mente prodigiosa y unas piernas para correr.Pero encerrado, solo puede aplicar la primera. Y cuando intenta argumentar que él es especial, porque es inteligente, no hace más que empeorar la situación. Los demás se sienten degradadas por ese argumento. ¿Qué somos nosotros? ¿Imbéciles?, le responden. Y es que una de las declaraciones más políticamente incorrectas posibles es decir que eres inteligente. De modo que incluso esa ventaja ella acaba volviéndose en su contra. Impotente, los pasajeros empiezan a sospechar de él, a convencerse de que es cómplice de la amenaza, y lo convierten en su propio enemigo.

s4_10_wal_03

Con Midnight, Russell T Davies recuperó la tradición mas auténtica de Doctor Who, la de sus primerísimo episodios, los que con su modestia de medios planteaban una premisa fascinante -que El Doctor viaje a través del Universo y el Tiempo- y que en su resolución se acercaban más al relato contado a la luz del fuego que a las grandilocuencias de la space opera. Pero al mismo tiempo Midnight fue un episodio radicalmente diferente. A un nivel superficial, se desarrollaba en un sólo escenario y  ni la TARDIS ni la acompañante del Doctor aparecían en él. Pero lo que era aún más desasosegador. Por primera vez en toda la serie la amenaza a la que el Doctor se enfrentaba permanecía innombrada, y él, convertido en esa amenaza misma, llegaba a bordear la muerte.

2 comentarios leave one →
  1. Apático permalink
    Domingo, junio 28, 2009 12:45 pm

    Vaya, enhorabuena. Le alabo el gusto y le felicito por el análisis del episodio.

  2. Domingo, junio 28, 2009 1:38 pm

    Muchas gracias. Y bienvenido!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: