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El Dr Zito en el Imperio (II): Mallrats

Miércoles, enero 6, 2010

Centros comerciales y hoteles. Centros comerciales y hoteles. Eso es todo lo que uno puede encontrar en el centro de Atlanta. Todos parecen iguales. Su construcción es idéntica. Un patio central, a su alrededor los pisos, dibujados como líneas consecutivas. Balcones abiertos a ese centro común y vacío iluminado por un techo de cristal distante. Verbigracia, el hotel de ocho plantas donde me alojo, donde las reuniones de negocio y las entrevistas de trabajo se suceden sin descanso. Los dos lados del mercado, oferta y demanda, detrás y delante de una puerta. Unos sentados en el interior, con sus hojas, informes y ordenadores dispersos sobre la mesa. Quizá la televisión encendida, con el recital de cotizaciones bursátiles atravesándola. Al otro lado, los candidatos, que dan sus tres pasos de ida y vuelta nerviosos, recitando en voz alta sus virtudes, sus aciertos, sus hallazgos profesionales. Y esa imagen se repite a sí misma como en un grabado de Escher, como aquel en el que unos monjes subían y bajaban al mismo tiempo la misma escalera, porque todos los candidatos visten de uniforme, con trajes oscuros, aquí, allá, en el cuarto, quinto y séptimo piso, haciendo los mismos gestos, asomándose a ese espacio interior en el que nos espiamos los unos a los otros disimuladamente. A otra escala, como un fractal, esa misma estructura se reproduce hasta el infinito en el Marquis, hotel de tamaño delirante cuyos cuarenta y siete pisos se abren ante ti como la caja torácica de un monstruo antediluviano. Los humanos hemos colonizado su esqueleto como las termitas conquistan el de un elefante y nuestros asuntos en comparación resultan ridículos. Visitar el Marquis y subir hasta el último piso en uno de los ascensores acristalados que recorren su tráquea es lo más cercano a una atracción de barraca y feria que Atlanta puede ofrecerte. Pero si todavía no quedaras convencido, es posible bañarse en el triunfo del capitalismo tardío visitando el museo de la Coca Cola o mejor aún, el cuartel general de la CNN, la cadena de noticias que narra el mundo en twentyfourseven y cuya sede es a la vez un edificio de oficinas, un centro comercial y un parque temático: Puedes comer una hamburguesa, comprar ropa o recuerdos en su atrio, recorrer sus estudios y hacerte allí una foto de familia vestido de presentador de noticias, taza de café incluida, o visitar una sala de proyección con forma de globo terráqueo. El mundo proyectado sobre si mismo.

Mientras tanto en la calle no puede verse a nadie. Hace demasiado frío.

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