Skip to content

Rebeldes japoneses (II): El rostro de otro

Jueves, febrero 18, 2010

En el año 2005, una mujer francesa llamada Isabelle Dinoire recibía el primer transplante de cara de la historia. Dinoire, desfigurada por el ataque de unos perros, recibió el mentón, nariz y labios de una donante que se encontraba en muerte cerebral. Y aunque en el mundo real nunca antes se había llevado a cabo una operación similar, la ficción cinematográfica hacía tiempo que había venido recogiendo casos similares. Desde la clásica Ojos sin rostro (1960) de Georges Franju (de quien planeo hablarles pronto) y su inconfeso remake, Gritos en la noche (1961) de Jesús Franco, hasta Cara a cara (1997) de John Woo. Menos conocida es una película japonesa llamada Tanin no kao, una onírica exploración de la identidad individual, y también nacional, mesmérica y repleta de poderosísimas imágenes dirigida en 1966 por Hiroshi Teshigahara.

Durante los 60, Teshigahara trabajó codo a codo con el novelista Kobo Abe. En 1964 ambos alcanzaron cierta fama internacional con Sunna no onna, que se estrenó en España como La mujer en la arena, galardonada con el premio especial del jurado en el festival de Cannes y que constituía la segunda entrega de una implícita trilogía iniciada dos años antes con Otoshiana (algo así como “La trampa”), que culminaría con Tanin no kao, la película de la que les quiero hablar hoy. Todas ellas son exploraciones surrealistas de los paisajes interiores de sus protagonistas, mineros u hombres de negocios, pero también de la realidad social del Japón de la época. Sé que puede parecer imposible, pero si siguen leyendo descubrirán cómo Teshigahara consiguió aunar ambos objetivos.

Tanin no kao narra una historia que podría calificarse como de ciencia ficción existencial. Un empresario llamado Okuyama queda terriblemente desfigurado en un accidente industrial que jamás llega a detallarse. Cuando comienza el film le vemos con la cara vendada, a la forma de Darkman (Sam Raimi, 1990) o de Héctor en Los cronocrímenes (Nacho Vigalondo, 2007); es un hombre amargado, dictatorial, humillado por su desgracia, que desconfía de los cuidados de su mujer, a la que trata con desprecio, que es observado constantemente en la calle y que ruega a sus jefes le readmitan en su antiguo puesto de trabajo. Okuyama entra en contacto con un doctor que le asegura ser capaz de implantarle una cara nueva. Ambos sobornan a un hombre para que les preste su rostro, del que hacen un molde, y Okuyama adopta un nuevo aspecto gracias a ese procedimiento. Deseado, aceptado, volverá punto por punto por los lugares y personas que le despreciaron mientras estuvo vendado, y en el proceso irá dándose cuenta de la impunidad moral que su rostro -el de otro- le otorga. El doctor le advertirá del peligro de ser vampirizado por su máscara, pero el protagonista desoirá su aviso y acto seguido tratará de seducir a su propia esposa, en un ardid que recuerda al de Cosi fan tutte (1790), la opera de Mozart en la que tres jóvenes se disfrazan para poner a prueba la fidelidad de sus prometidas. Este viaje del protagonista hacia su aniquilación moral, hacia la desintegración de las últimas trazas de su identidad, se alterna con otra historia que el director Teshigahara solo esboza, en apariencia superpuesta y arbitraria, y que muestra a una chica con el rostro también desfigurado -se sugiere que en la explosión de una de las bomba atómicas de 1945- que vive con su hermano y que ha de sostener las humillaciones que su condición le depara en su vida diaria.

Coloco al protagonista de Tanin no kao como un rebelde porque su rostro, atractivo y ajeno, le otorga impunidad total. Le concede el poder de no ser nadie y de poder cometer todo acto. Su tránsito es inverso al de Griffin, el hombre invisible de Wells. Ambos comienzan sus andanzas vendados pero sus formas de invisibilidad son opuestas. Okuyama es visible pero su apariencia no es la que le corresponde. Por ello puede escapar a las directrices y castigos que la sociedad depara a los criminales. La relación con Plan Diabólico (1966) de John Frankenheimer es en este punto clara. En aquella, un banquero de mediana edad, hastiado de su mujer y de su vida suburbial entra en contacto con una misteriosa organización que le propone cambiar de fisonomía y de vida, mudarse a California y convertirse en un pintor bohemio (con el rostro de Rock Hudson). Los protagonistas de ambos films son rebeldes a su modo, pero al contrario que los jóvenes, son rebeldes porque han agotado el arco argumental que el sistema les tenía reservado. Ambos se niegan, sin demasiado éxito, a cumplir su ciclo. Para Okuyama no hay futuro una vez que no tiene apariencia. Vive bien, no le falta dinero, pero creo no poseer identidad porque ha perdido el trabajo y el respeto de su esposa. El protagonista de Plan Diabólico tampoco es joven. No se espera de él ya nada y la oportunidad de una vida nueva es la oportunidad de recargar esa energía vital perdida, de volver a poner el contador a cero y recorrer el camino que el sistema capitalista nos ofrece solo mientras somos jóvenes; su huida hacia atrás resultará no ser más que lubricante para el engranaje del sistema. Okuyama después de colocarse su máscara, y ahora verdaderamente desprovisto de identidad social, solo podrá recorrer la senda del nihilismo y la alienación, de la negación de si mismo y la separación total con su pasado, el doctor incluido.

Plan Diabolico de Frankenheimer vs. Tanin no kao de Teshigahara.

Teshigahara quiere extender esta exploración de lo que nos hace ser nosotros mismos al nivel nacional. Porque en la historia de Okuyama también resuena la historia de un país desfigurado por la guerra y que trata de cambiar de rostro, de una dictadura militarista a una democracia capitalista, con las esquizofrenias y neurosis que semejante cambio acarrea. Esto queda patente en primer lugar con las frecuentes visitas del protagonista y el doctor a una cervecería alemana en la que el público japonés disfruta de las delicias culinarias y de actuaciones musicales en alemán. Y en segundo lugar, en la intercalación de la historia de la chica desfigurada que al contrario que Okuyama no opta por cambiar su rostro. Un contrafactual, quizá. Ella porta su cicatriz con vergüenza y se resistirá a ser amada por quien está dispuesta a aceptarla como es. Su terrible final no parece dar demasiada esperanza tampoco al Japón consumido y herido por la contienda.

Tanin no kao se articula también mediante la alternancia de la interacción entre el nuevo Okuyama y el mundo, y sus frecuentes visitas a la consulta del doctor, con el que tiene una contradictoria relación de confidencia y vampirismo. El doctor es su voz moral, pero al mismo tiempo mantiene un affaire con su enfermera; le aconseja sobre los peligros de la cara implantada pero al mismo tiempo quiere conocer al detalle las respuestas y sensaciones de su paciente porque planea extender el procedimiento a la sociedad entera. Este es uno de los muchos desdoblamientos que ocurren en este film sobre dobles y dopplegangers, y que recuerda poderosamente a Persona (1966) de Ingmar Bergman, no solo por sus temas comunes y las prolongadas conversaciones, en ocasiones demasiado teatrales que, como Elisabet y Alma ambos mantienen, sino también porque, como Bergman, Teshigahara se resiste al uso del plano/contra plano en los diálogos y con frecuencia mantiene a los dos personajes conversando en el mismo encuadre, sobreponiendo sus perfiles y usando abundantes primeros planos, algo que posee todo el sentido del mundo porque su objeto de interés primordial es el rostro.

Persona de Bergman vs. Tanin no kao de Teshigahara.

Y es que Tanin no kao, además de sugerente temáticamente, es también una maravilla formal. Teshigahara cuida con detalle la coreografía frente a la cámara y los personajes se mueven por la escenografía con delicadeza. En especial en la consulta del psiquiatra, un espacio mágico, lleno de líneas Langer, hombres de Vitruvio y reproducciones en bronce de órganos, en especial de orejas.  Un lugar onírico, irreal, fuera del tiempo, que recuerda al parque de Blow up (Michelangelo Antonioni, 1966), otro espacio incrustado en un entorno realista. Teshigahara trabaja también las composiciones, con la icónica figura de Okuyama vendado centrando la pantalla, y emplea varios planos especulares del protagonista sin y con su nuevo rostro –entrando en el apartamento que alquila, sus flirteos con la enfermera en la sala de espera de la consulta- , para subrayar los dobles y repeticiones.

Tanin no kao muestra infinidad de rostros. De los protagonistas y también rostros anónimos, personas difuntas probablemente hoy en día. Multitud de caras, primeros planos, vuelta una y otra vez a lo físico y a lo corpóreo, la carne nos conforme a todos por igual. La muchedumbre lo es todo y nosotros somos muchedumbre. La rebeldía, quizá, no puede ofrecer salidas.

Les dejo aquí el tráiler para la versión de Tanin no kao en DVD, publicada dentro de la colección Masters of Cinema.

One Comment leave one →
  1. Viernes, febrero 19, 2010 1:28 pm

    Tu post me ha traido de vuelta una película que adoro: Time, de Kim Ki Duk

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: