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Arrebatado

Miércoles, febrero 24, 2010

Comencemos como comenzaba un antigua entrada del Maestro Ausente:

“Dime… ¿Cuánto tiempo te podrías llegar a pasar mirando este cromo? ¿Y este otro? Años. Siglos. Toda una mañana. Imposible saberlo. Estabas en plena fuga. Éxtasis. Colgado en plena pausa. Arrebatado.”

Cuando en Arrebato, Pedro -interpretado por ese actor-fantasma que fue Will More– le muestra a Jose el álbum de cromos de Las Minas del Rey Salomón, éste se arrebata con las imágenes estáticas de aventuras exóticas, queda atrapado en las figuras, en los contornos de la imagen, en las posturas definidas que sugieren continuaciones, otras aventuras por imaginar y redefinir. Ese es precisamente el poder de la literatura y el cine de aventuras. Su capacidad para llamarnos, secuestrarnos, para que formemos parte de ellas. La invitación a introducirnos dentro de esos cuatro márgenes a los que queremos pertenecer desesperadamente para así perpetuarlos y perpetuarnos dentro de ellos. Verbigracia, el último plano de LA Confidential:

Cuando ese coche desaparezca por la cuesta, no querremos que la película termine. Querremos que Bud White y Ed Exley continúen con otro caso, o querremos fantasear con una resolución diferente, porque querremos vivir en los 40 y ser policías buenos o policias que van con putas, putas buenas, putas convertidas en estrellas; querremos escaparnos, sumergirnos, ensimismarnos aunque la pantalla muestre The End.

Algo similar me ocurrió hace unas semanas cuando ojeando la Cahiers (sí, lo sé, pero me gusta) vi las primeras imágenes de The Hurt Locker. De sorpresa, en un bar, a bocajarro, con la guardia baja y las costillas flotando. En concreto esto:

El astronauta que desciende, literalmente, en otro mundo. Embelesado, mi vista se centró en esa figura de paso, adiviné, parsimonioso. Mis ojos recorrieron los escombros, los coches herrumbrosos, los cascotes abrasados, los edificios mordisqueados por la metralla, esa lona roja. El astronauta de otro mundo, de este mundo, el punto de fuga. Años, siglos, toda una mañana.

Podríamos atribuirlo a una mera Ley de Cierre. A nuestra pulsión de juntar elementos dispersos para otorgarles una significación, una relación, una narrativa; esa que se encuentra detrás de la seducción que ejercen sobre nosotros el cine y el cómic. Pero me da igual. No me importa. No por eso me arrebata menos el impulso de crear relatos alrededor de las imágenes. Leer, por ejemplo, esta foto tomada tras un asesinato en Tijuana,

como si fuera el comienzo o el final de una historia todavía por imaginar, por escribir. O como esta galería de fotos de Sandra Torralba titulada Estranged Sex que me tuvo durante horas enredando con fogonazos de sexo porque sí, de ese que se tiene sólo porque se puede. “Colgado en plena pausa”. Detenido por el oleaje automático de estampas de sexo desganado.

Por último. Seguro que conocen el cuadro La Muerte de Marat, de Jacques-Louis David. Seguro. Lo han visto innumerables veces. Es este:

Hace unas semanas, en el estupendo blog Maquinariadelanube se hablaba de las diferentes versiones pictóricas que se han hecho de la muerte del médico y diputado revolucionario, que aliviaba con repetidos baños en agua caliente la enfermedad cutánea que padecía. Años, lustros, encontrándome y reencontrándome con esta imagen, canon del neoclacisismo. Yo lo ignoraba, pero 67 años después, Paul Baudry, como si se tratara de un último plano o de un epilogo, levantó la vista de la bañera, se apartó hacia un lado de la estancia, y miró hacia la ventana que iluminaba el cadáver de Marat:

Y allí, en el rincón, encontró a su asesina. Con el cuchillo aún en la mano. Desafiante, demente, aún desconocida.

4 comentarios leave one →
  1. Miércoles, febrero 24, 2010 9:13 pm

    A mi lo que me ha arrebatado es este post. Podría ser un Repronto por lo bien traído que está todo, pero es más lírico. ¡Bravo!

  2. Miércoles, febrero 24, 2010 10:42 pm

    Oiga, esto casa de maravilla con su Elogio de la Sutileza. Quiero decir que la estaticidad alimenta mejor a la imaginación que la dinámica, o eso me ocurre. ¿Será que estamos empachados de ella? ¿Le he entendido bien? En cualquier caso le agradezco este relámpago visionario. Inspirador, como siempre.

    ¡Y dele más a la manipulación videográfica! Ya ve que siempre consigue tocarle el botón a la gente…

  3. Jueves, febrero 25, 2010 10:23 am

    Hace unas semanas estuve leyendo un cómic de Breccia en el que metía a su protagonista dentro del cuadro de Marat, ampliando aún más la historia de la muerte de Marat.

    De la capacidad de las imágenes estáticas que menciona Mario se aprovecharon muy bien los románticos, eliminando toda acción de sus cuadros, sin personajes, sin historias detrás.

  4. Martes, marzo 23, 2010 11:42 pm

    Hay un error de racord en los cuadros de Marat! En el primero el mango del cuchillo es blanco, y en el segundo cuadro, el mango del cuchillo en negro! ¿Estamos hablando de que fueron dos asesinos, tal vez!?

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