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La batalla de la ficción

Martes, noviembre 30, 2010

(Se recomienda que lean el siguiente texto mientras escuchan esto)

En Agosto de 2003 una cuarentena de oficiales y expertos del Pentágono fueron invitados a un pase privado de La batalla de Argel (La battaglia d’Algeri, 1965), el film de Gillo Pontecorvo sobre la guerra de independencia de Argelia. La batalla de Argel narra la lucha del FLN y del pueblo argelino por sacarse de encima el dominio colonial francés mediante el uso de la violencia inmisericorde contra la policía, el ejército y los colonos europeos, una violencia que se ve respondida de inmediato con el envío de tropas paracaidistas que no dudan en emplear la tortura y las ejecuciones con el fin someter a los levantiscos argelinos. Esa disección, incluso vivisección podría decirse, de la violencia colonial creó oleadas de indignación y una enorme polémica alrededor de su estreno y la llevó a ser prohibida durante cinco años en Francia. Pero aparte de ser un ejemplo modélico de cine político gracia a su equilibrado retrato de la violencia ejercida por ambas partes, el film de Pontecorvo es una obra cinematográfica monumental, con un uso soberbio del montaje y del ritmo, en especial en la escena de tres bombazos simultáneos, una puesta en escena impresionante, con miles de extras y un realismo de una modernidad implacable, un uso del sonido estudiadísimo, con los tambores y los gritos tribales percutiendo de fondo en cada acción terrorista, y en especial con una granulosa fotografía en blanco y negro que corta el aliento, merced al trabajo de Pontecorvo y su asistente Marcello Gatti, quienes investigaron con diferentes tipos de negativo. Todo esto hace de La batalla de Argel una película electrizante, algo así como una obra de neorrealismo bélico, con la textura y las hechuras de un noticiero de aquellos que se proyectaban en los cines antaño, y que consigue derramarse fuera de la pantalla hasta parecer realidad pura.

Parte del legado mítico de La batalla de Argel proviene precisamente de esa virtud. Porque en medio de las convulsiones de los 60 y 70 la película sirvió de inspiración directa a varios grupos armados de adscripción izquierdista que por aquel entonces operaban en los países occidentales. El film de Pontecorvo era de visión obligada para los Panteras Negras que lo utilizaban como guía para sus operaciones de guerrilla urbana. Líderes de las Brigate Rosse como Mario Moretti o Valerio Morucci se vieron seducidos por ella hasta el punto de identificarse con el protagonista argelino, Ali. La batalla de Argel también era una de las películas favoritas de Andreas Baader, uno de los fundadores de la Fracción del Ejército Rojo. En resumen, la ficción creada por Pontecorvo y su guionista Franco Solinas era tan real que consiguió infiltrarse en la realidad misma.

Casi cuarenta años después de su estreno la realidad que mostraba La batalla de Argel fue mirada desde el otro lado de la barricada. Los expertos del Pentágono llenaron la sala donde se proyectó buscando entender los desafíos a los que el ejército estadounidense se iba a enfrentar durante la ocupación de Irak. Insurgencia, guerrilla, actos suicidas. Un enemigo que aparece de la nada, que ataca y vuelve a la mezclarse en la masa. Personas que abandonan por un momento su vida diaria para espiar, pasar un arma, colocar una bomba. El flyer que invitaba al pase ya lo anunciaba “Cómo ganar la batalla contra el terrorismo y perder la guerra de las ideas. Si quiere entender por qué, acuda al pase de este inusual film” Aprender de los fallos de los franceses, esa era la idea. Triunfar donde ellos fracasaron con la ayuda de una película. Finalmente, lo irónico del asunto es que mientras Pontecorvo quería denunciar con ella la tortura empleada por las fuerzas coloniales, pocos meses después de su proyección en el Pentágono comenzarían los abusos en Abu Ghraib. Quizá los nuevos colonizadores habían aprendido la lección demasiado bien.

Mirado con perspectiva, parece como si el 11-S hubiera roto los límites de nuestro orbe y hubiera abierto en él una brecha por la que el mundo de la ficción se ha ido colándo en nuestra realidad. No en vano el célebre compositor Karlheinz Stockhausen afirmó pocos días después que el atentado contra las Torres Gemelas había sido “la mayor obra de arte que ha existido,” una opinión compartida por Damien Hirst. Y es que como bien dijo Zizek, los atentados del 11-S no se planearon para causar el máximo daño físico sino para crear el impacto más espectacular posible. Y ese es precisamente el propósito de la ficción. Por eso, visto así, no sorprende que cuando Abu Zubaydah, jefe de operaciones de Al-Qaeda, fue detenido e interrogado por la CIA y el FBI a comienzos de 2002 este proporcionara a sus captores las ficciones que ellos querían escuchar. Probablemente un vanidoso enajenado, Zubaydah aseguró que Al-Qaeda planeaba atacar bloques de apartamentos y centros comerciales, la Estatua de la Libertad y “ese puente que sale en aquella película”. Intrigados por esa última declaración, sus captores insistieron hasta sonsacarle que Zubaydah se refería a Godzilla (Roland Emmerich, 1998) y en concreto a su escena final en la que el pobre bicho muere atrapado en el Puente de Brooklyn.

Cómo se utilizaron luego esas ficciones, bueno, esa es otra historia.

7 comentarios leave one →
  1. El Gótico permalink
    Miércoles, diciembre 1, 2010 4:24 pm

    ¡Bravo!

  2. Miércoles, diciembre 1, 2010 8:32 pm

    Muy buen artículo, te mantendré vigilado.

  3. Miércoles, diciembre 1, 2010 9:13 pm

    Bravo!

    Mientras tanto nos acaban de apagar Wikileaks (otra vez), y la Interpol quiere arrestar al fundador por “cargos sexuales”, consistentes aparentemente en no llamar el día después a dos ligues de una noche.

    Tiene guión para esto el Pentágono?

  4. Jueves, diciembre 2, 2010 11:31 pm

    No sé por qué, esta entrada me ha recordado a It Felt Like a Kiss, con esas extrañas conexiones entre Bin Laden, Bonznza y la Familia Manson. Especialmente lo de Zubaydah y Godzilla.

  5. Jueves, diciembre 2, 2010 11:40 pm

    Reven, gracias, yo tambien le tendre vigilado.

    ddaa, tiene ud muy buen ojo. Adam Curtis, el creador de It felt like a kiss, es muy querido en esta casa y la influencia se nota. Puede verlo aqui:

    https://drzito.wordpress.com/2010/05/27/dear-richard-nixon/

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