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Terror ficción (I)

Martes, enero 11, 2011

Septiembre negro
6 de Septiembre de 1970 – 22 de Enero de 1979

I.

Todo empezó en Septiembre. Cinco aviones con destino a Nueva York son secuestrados en cinco aeropuertos distintos por activistas del Frente Popular para la Liberación de Palestina. Nadie se ha dado cuenta. Nadie les ha interceptado. No existen detectores de metales ni escáneres, no hay separación de liquidos, no hay cacheos ni busquedas en cavidades corporales. Son doce. Llevan pistolas en el cinto y dinamita en los bolsillos. Obligan a los pilotos de cuatro de los aviones a aterrizar en un aeródromo abandonado en medio del desierto jordano. El quinto avión no llega. Cuando apenas lleva treinta minutos en el aire Leila Khaled y su camarada nicaraguense sacan sus pistolas. Se han conocido en los campos de entrenamiento del FPLP. Allí se han hecho amantes. Les une su odio a Israel. Les une el deseo por una revolución eterna. Leila ya ha secuestrado aviones antes. Es famosa. Es el pop icon de los palestinos. Primera figura de cartel. Leila es vanidosa. Ha salido en portada de las revistas occidentales blandiendo un AK 47. La erótica de las mujeres con armas. Dice tener un mensaje para el mundo: Escuchad a Palestina. Se ha sometido a seis operaciones de cirugía plastica para poder entrar en ese avión sin ser reconocida. Pero Leila y su novio nicaraguense son unos chapuzas. No saben que hay un agente israelí entre el pasaje. El agente le dispara a él. Los pasajeron apalizan a Leila.
En el desierto mientras hay negociaciones, calor, sudor, arena. El 11 de septiembre los pasajeros de los cuatro aviones son liberados.

 

II.

El rey Hussein de Jordanía dice basta. El rey Hussein está furioso. Está harto de que el FPLP haga lo que quiera en su territorio. Está harto de tener un estado dentro de su propio estado. Como todo hombre pequeño se toma demasiado en serio. Hussein está envalentonado. Nixon le ha ofrecido un bombardeo a domicilio. Agarra los bulldozers y unos tanques. Quiere aplastar a los palestinos. Pasarles por encima. Hasta que no quede ninguno vivo dentro las fronteras rectilíneas de su reino. Miles mueren. Expulsa al resto. Los sirios dicen basta. Los sirios están furiosos. Están envalentonados. Los sovieticos les han ofrecido una brigada de paracaidistas a domicilio. Los sirios agarran unos tanques e invaden Jordania. Hussein llora. Hussein tiene pánico. Hussein pide ayuda a papaíto Nixon. Le llama a las 3 de la mañana. Papaíto no responde. Hussein llama a los británicos. Llama incluso a los judios. Llama a todos los números de la guía telefónica. Al final nadie se atreve a hacer nada y Hussein sale impune y en el Hola.

Muchos en la OLP están furiosos. Arafat es un traidor. Arafat es un cobarde. Los descontentos fundan Septiembre Negro en honor de sus camaradas muertos. Son padres de familia, traductores, maestros. Son grupos de mujeres y hombres, unos pocos, que apenas tienen contacto entre si.
Negación plausible.
Su primera acción es asesinar al primer ministro jordano, ese hijo de puta subido a los bulldozers. En su primer año sabotean una planta de gas en Alemania y secuestran un avión que despega de Viena. Lo llevan a Israel. Leen sus demandas. Esperan respuesta. Aquí torre de control, mandamos un equipo de técnicos para una revisión de rutina. Entre ellos están Ehud Barak y Benjamin Netanyahu vestidos con monos de trabajo. Disimulan. Miran aquí allá como si supieran lo que hacen. Hasta que se escucha un estruendo. Dieciseis comandos israelies entran en el avión. En tres minutos matan a los palestinos y liberan a los pasajeros.
Ehud Barak le toma gusto a los disfraces. Quién lo diría de un futuro primer ministro. Unos meses después se disfraza de mujer para burlar a los guardias del cuartel de la OLP en Beirut. Se arranca le peluca y les dispara en la frente. Los comandos israelíes entran en tropel y fríen a tiros todo lo que se mueve. Mujeres. Niños. En su mente están once atletas. En su mente están Septiembre y Munich. En su mente está Septiembre Negro. El comando lo lidera el hermano de Netanyahu. Yónatan.

 

III.

Septiembre Negro quiere venganza. En 1973 toman la embajada saudí en Sudán. Secuestran impunemente a diez diplomáticos. Sudán no le importa a nadie. Leen sus demandas. Piden que se libere a presos palestinos, a todos los presos del grupo Baader-Meinhof, a Sirhan Sirhan. Piden una puta amnistia. Esperan respuesta. Dick Nixon dice que nones. No negociamos con terroristas, responde. Dick El Tramposo cree que es un farol. Los palestinos sacan a tres rehenes por la ventana, los muestran al mundo y los ejecutan. Tres días después la primer ministra israelí Golda Meir visita Nueva York. Septiembre Negro planea asesinarla con un coche bomba. No es la primera vez que intentan acabar con ella. Pocos meses antes en Roma el Mosad ha impedido en el último segundo que Meir quedara carbonizada de un bazokazo. Debe de ser raro encontrarte con el Papa en tu propia capilla ardiente. Golda Meir no es precisamente la fan numero uno de la Causa Palestina. Es la primera en su lista de 40 asesinables. El termino Dama de Hierro se inventó para ella. Meir ha ordenado la operación Ira de Dios. Ha ordenado que el Mosad acabe con Septiembre Negro. Mátenlos a todos. Mátenlos de miedo. No es por venganza, no es por Munich. Es por nuestro futuro. Comandos secretos comienzan a rastrear a palestinos militantes en Europa. Todo el mundo sabe dónde están. Solo es cuestión de pagar suficiente dinero a las personas convenientes. Los comandos son tan secretos que la mayor parte del Mosad ni siquiera conoce su existencia.
Negación plausible.
Se hacen su propia lista. Cuarenta nombres temblando en un papel. La encabeza Ali Hassan Salameh. Los israelíes están obsesionados con él. Creen que Salameh es la cabeza pensante en Munich. Creen que Salameh es el demonio hecho carne. Pero Salameh es en realidad un playboy. Un hijo de papá. Conduce coches de carreras. Monta fiestas lujosas. Se casa con una Miss Universo. Es confidente de la CIA.

Los comandos secretos no son infalibles. Su obsesión les quema el juicio como el napalm quema las selvas de Camboya. Matan a tiros en Noruega a un camarero marroquí al que confunden con Salameh. Pero la mayor parte del tiempo tienen éxito. Son los pioneros de la bomba. Diez balas en el pecho no son suficientes. Diez balas no asustan, no son un mensaje. La bomba es el mensaje. Una bomba en tu teléfono, en tu cama, una bomba en tu libro favorito o debajo tu coche. Pronto todos adoptan la bomba. Septiembre Negro manda cartas bomba a diplomáticos israelíes. El Ejército Rojo revienta bases americanas con bombas y con una bomba ETA hace volar a Carrero Blanco.
Carrero Blanco que estás en los cielos.
Las calles de Europa se llenan de ventanas rotas y edificios carbonizados. Matar a Golda Meir con una bomba. Esa es la ironía. Pero el coche no estalla. Es Marzo de 1973. Un mes después se inauguran las Torres Gemelas.

 

IV.

El fracaso no les detiene. El fracaso no detiene a nadie. Dos hombres armados con rifles de asalto entran en el aeropuerto de Atenas. Sin mediar palabras abren fuego contra los viajeros que están facturando. Maletas rasgadas. Ropa por el suelo. Sangre sobre los mostradores. No es el primero de estos ataques. Meses antes unos comandos del Ejército Rojo Japonés han abierto fuego contra los viajeros en el aeropuerto Ben Gurion matando a treinta. Japoneses. Quién sospecharía. Vestidos de traje. Guardaban sus armas en estuches de violín. La escena se repetirá en el aeropuerto de Roma. Militantes palestinos sacan armas automáticas y granadas de sus equipajes de mano, se abren paso por seguridad, por la puerta de embarque, y atacan un vuelo de Pan Am. Matan a otros treinta.

Siempre hay más, siempre hay respuestos. No importan cuantos operativos del FPLP caigan. A Mahmoud Hamshari le sustituye Hussein Al Bashir. A Al Bashir le sustituye Zaiad Muchasi. Cuando Muchasi salta por los aires en una habitación de hotel de Atenas, un tal Carlos le sustituye. Carlos es venezolano. Carlos se ha entrenado en Jordania con los nicaraguenses y con los Baader-Meinhof. Los alemanes no duraron mucho allí. Eran demasiado guapos para vivir en el desierto. Las chicas de Baader tomaban el sol en bolas. A los palestinos aquello no terminaba de gustarles. Carlos se queda. Lucha durante Septiembre Negro. Se gana una reputación como buen soldado. Wadi Haddad le adopta bajo su ala. Wadi Haddad es rico. Es confidente del KGB. Carlos llega a París. Además de buen luchador es mujeriego. Una version pobre de Salameh. Tiene varias novias. Estudiantes latinoamericanas que quieren mejorar su praxis revolucionaria. Carlos viaja en misiones. Dispara a quemarropa y falla. Tira bombas que no explotan. Los servicios de seguridad le atribuyen atentados que no ha cometido. Se convierte en un monstruo, en el enemigo número uno. Las madres amenazan a sus hijos con que Carlos vendrá a por ellos si no se comen las verduras. Carlos es un miembro rebelde del FPLP con contactos en el Ejercito Rojo y las Celulas Revolucionarias. Carlos y su amigo Johannes Winrich han trabajado juntos. Atacan el aeropuerto de Orly con un lanzagranadas. Fallan, nada explota. Johannes le introduce en las Células. Hace nuevos camaradas, consigue nuevas amantes. Carlos se cree el nuevo Che. En 1975 ocupan la sede de la OPEP. Un secuestro de horas. Asedio policial. Agentes austriacos poco preparados para una operación así. Explosiones, humo, sangre. Lectura por radio de comunicados de apoyo a la Causa Palestina que a nadie importan. Negociaciones y traslado en avión. Ya en el aire todos fallan a Carlos. Ha matado a un delegado libio en el asalto. Gadafi está furioso. Gadafi agarra el telefóno y pone precio a la cabeza de quien le ayude. Acorrralado, Carlos no aprieta el gatillo. Prefiere los 30 millones que le ofrecen los saudíes ¿Cuánto bien puedo hacer a La Causa estando muerto? ¿Imaginas cuánto bien pueden hacer 30 millones a La Causa? La alianza con las Células Revolucionarias se rompe. Carlos es un traidor. Carlos es un cobarde. Su protector Wadi Haddad le abandona. Carlos se esconde. Haddad se lo juega todo a una carta. Lo que queda de las Células Revolucionarias secuestra un avion de Air France que aterriza en Entebbe, Uganda. Uganda es territorio amigo controlado por Idi Amin. A Idi Amin le gustan los palestinos, las medallas, las faldas escocesas y los MiGs que le mandan los soviets. Idi Amin era tan extravagante que si no asesinó a tus hermanos o a tus hijos pensarías que iba en broma. Los secuestradores separan a los rehenes en dos grupos, gentiles y judios. Un nuevo Auszwitch. Los israelíes mandan un comando. Mientras Idi Amin se jacta en público y ofrece su polla por telegrama a la Reina de Inglaterra los israelíes construyen una réplica de Entebbe. Ensayan el ataque mil veces hasta que el comando está listo. Cien paracaidistas liderados por Yónatan Netanyahu. Vuelan bajo hasta para evitar los radares de los egipcios, de los saudíes. Aterrizan en un pais extranjero. Atacan un pais soberano. En hora y media matan a todos los secuestradores y a cuarenta soldados ugandeses. Cuando estan a punto de salir de allí, un francotirador se carga a Netanyahu. Pero los israelíes se han salido con la suya. Idi Amin está furioso. Manda achicharrar un par de miles de refugiados keniatas esa misma noche. Haddad cae en desgracia. Sus amigos del KGB le abandonan. Haddad se esconde. Hasta que el Mosad le asesina con una tableta de chocolate envenenada. Carlos sale de su escondrijo para baila y mear sobre su tumba.

 

V.

Secuestrar aviones. Más aviones. Ya no sirve de nada. En 1977 un vuelo de Lufthansa sale de Palma de Mallorca con destino Frankfurt y termina en Mogadiscio. Cuatro operativos del FPLP demandan que se libere al grupo Baader-Meinhof. Pero los alemanes han aprendido de los israelíes y un comando acaba con todos ellos. No negociamos con terroristas, dice el canciller. Esa misma noche, Andreas Baader y tres miembros fundadores del Ejercito Rojo aparecen muertos en sus celdas. Cuchilladas en el pecho. Colgados de una toalla. Con un disparo en la base del cráneo.

Es 1978 y todo parece haber pasado. Ali Hassan Salameh vive tranquilo en Beirut Oeste. La operación Ira de Dios ha terminado. Golda Meier la ha cancelado después del fiasco del camarero. Salameh viven entre los suyos. Comienza a vérsele en compañia de una joven inglesa. Erika Chambers. Chambers dirige una organización benéfica a favor de los presos palestinos. Es bohemia. Vive en un piso compartido, pintando cuadros, rodeada de gatos. Paga 20.000 dólares para conocer a Salameh. Juntos van al teatro, a restaurantes. Se hacen camaradas-amantes. El 22 de enero de 1979 el convoy de Salameh pasa debajo del balcón donde Erika está pintando. Erika Chambers aprieta un botón. Cien kilos de explosivos hacen temblar Beirut como una vela.

8 comentarios leave one →
  1. gatopeich permalink
    Miércoles, enero 12, 2011 11:45 am

    Ummm, quienes son “los Israel”?😉

  2. Miércoles, enero 12, 2011 11:56 am

    Jejeje. Gracias por el soplo. Corregido!

  3. gatopeich permalink
    Miércoles, enero 12, 2011 12:10 pm

    Gracias por otra gran historia, ya debo deberte el equivalente de unas cien cervezas (qué mejor moneda?) por los buenos ratos pasados leyendo tus historias.

    Ésta parece escrita de una vez, resulta vertiginosa… Los ‘tipos’ casi contribuyen la sensación, aunque quizás no sean intencionados (no los he apuntado por no interrumpir el momento, estos son los que veo ahora: los Israel – el agente mata a él – rectilineás).

    Bravo, Zito.

  4. Jueves, enero 13, 2011 11:36 am

    MOLA mucho.P PUro consipiranoico.

  5. Ikke Leonhardt permalink
    Jueves, enero 13, 2011 3:56 pm

    Eqascribof estto con digfdficultad pborque no puepdo parar de apflaudir . .. Brfavisimo!”!

  6. Martes, enero 18, 2011 9:50 am

    Ya ye están copiando por ahí:

    “Rafik Hariri’s convoy was attacked in Beirut on 14 February 2005. Twenty-three people were killed and one hundred injured. A preliminary report commissioned by the Security Council calls attention to the unprofessional conduct of the Lebanese magistrates and police.”

    http://www.globalresearch.ca/index.php?context=viewArticle&code=MEY20110117&articleId=22825

    Menudo culebrón has empezado, Zito.

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