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Leyendas y conspiraciones (II)

Jueves, marzo 10, 2011

(Viene de aquí).

“Esta es una lucha entre el poder y la verdad,”

Jim Garrison.

Atrás y a la izquierda. Atrás y a la izquierda. Dealey Plaza.

Cuando mis amigos y yo salimos de ver JFK nos miramos unos a otros con cara de no estar demasiado convencidos. Aquello nos había dado un poco igual. Recuerdo esa sensación de indiferencia, de “tres horas de película para esto”, mezclada con cierta curiosidad por cómo una patraña tan enorme, la teoría de la bala mágica, las fotos trucadas, el disparo que revienta el lado derecho de la cabeza del presidente, podían haber sido aceptadas sin problemas como parte de la explicación oficial. Y es que lo único que quedaba claro después de ver el tostón de Oliver Stone era que el asesino de JFK pudo ser cualquiera menos Lee Harvey Oswald.

Aquel no había sido mi primer contacto con la teoría conspirativa. Ya antes había leído con terror sobre el Majestic 12 y el acuerdo entre una raza alienígena y los gobiernos de las superpotencias para intercambiar tecnología a cambio de ganado y cobayas humanas. Más tarde escucharía decir que en realidad el hombre no llegó a la Luna. Que el SIDA se debía a un virus creado artificialmente. Luego vendría la muerte de Diana de Gales. Los atentados del 11-S. Las teorías sobre los Illuminati, el Club Bilderberg, los magnicidas programados, los experimentos de control mental de la CIA y el Proyecto HAARP. Después aparecería Expediente X y terminaría de liarla: La Teoría de la Conspiración se convirtió irremisiblemente en parte de nosotros. La conspiración como cosmovisión, como forma de vida.

Ciudadano Hearst nos declara la guerra.

Las teorías conspirativas se diferencian de las leyendas urbanas en dos puntos fundamentales. Primero en su desconfianza congénita hacia las estructuras de poder, lo que las sitúa hacia la izquierda del espectro político, aunque eso no impida la existencia de un buen número de teorías conspirativas en la derecha libertaria. En segundo lugar, que constituyen una forma de folklore bastante moderna. Un folklore mutante, como diría Mike Ibañez. Por supuesto existen conspiraciones históricas. Ahí están el caso de la explosión y hundimiento del acorazado Maine, que a causa de los rumores sin demostrar azuzados desde los periódicos controlados por William Randolph Heast terminó precipitando la guerra entre EEUU y España de 1898. O el incendio del Reichstag en 1933, atribuido a los comunistas, aunque probablemente fue causado por los mismos nazis, y que fue decisivo para consolidar a Hitler en el poder. En las modernas teorías conspirativas sobre el club Bilderberg -ese supuesto grupo de poderosos que maneja el mundo- los Illimunati, o la infiltración de los reptilianos en las altas esferas, resuenan las viejas historias teosóficas de finales del XIX y primeros del XX sobre El Rey del Mundo que desde su trono en el reino subterráneo de Agartha dirige en secreto los destinos de la humanidad.

Antisemitismo a la rusa.

Pero las conspiraciones clásicas más habituales casi siempre usaban al judío como chivo expiatorio. Historias sobre un contubernio mundial de hombres avariciosos de nariz aguileña que se frotan las manos mientras exprimen al país y lo llevan a la ruina. Así en la Rusia zarista de 1903 se publicó uno de los más célebres libros falsos de la historia, El Protocolo de los Sabios de Sión, que articulaba estas teorías en formato pseudohistórico, lo que lo convirtió en precedente de la ficción conspirativa moderna. La realidad sin embargo era (como acostumbra) mucho más prosaica. Debido a la prohibición cristiana, derivada de la ética escolástica, de practicar la usura, los judíos habían adoptado tradicionalmente el papel de banqueros y financieros. Eso les otorgaba un innegable poder que resultaba demasiado incómodo en ocasiones (es decir, cuando no podían pagar) a sus clientes más poderosos y manirrotos, que a su vez echaban mano de rumores, conspiraciones, masas enfurecidas o simplemente la deportación para saldar deudas con sus hebreos prestamistas.

Pero estos son solo los humildes precedentes de lo que estaba por venir. Un mundo donde la conspiración iba a convertirse en la forma de entender la Historia y hasta la vida cotidiana. La culpa de ello la tuvo la Guerra Fría.

Kenneth Arnold vigila los cielos.

El año 1947 resultó crucial. Fue entonces cuando Kenneth Arnold avistó nueve extraños objetos con forma de media luna que volaban en formación y que se movían “como platillos saltando sobre el agua”. Fue en 1947 cuando tuvo lugar el incidente de Roswell, el supuesto accidente de una nave alienígena en el desierto de Nuevo México. Fue en 1947 cuando los laboratorios Sandoz comercializaron por primera vez el LSD, creado por el Doctor Albert Hoffman. Y fue en 1947 cuando la Oficina de Estudios Estratégicos dejó de funcionar y traspasó todas sus funciones a la Agencia Central de Inteligencia, la CIA. OVNIs, drogas y servicios secretos. La Santísima Trinidad de las conspiraciones del siglo XX.

La Guerra Fría implicaba una nueva forma de ver el mundo y las relaciones internacionales, en la que el cálculo y la estrategia eran vitales y el secretismo era importantísimo. Se crearon aparatos burocráticos, como la corporación RAND o la NSA, cuya misión era la recopilación de información y la obtención de una ventaja sobre el enemigo, por mínima que fuera y en cualquier campo. Así lo avisaba Max Weber, el gran sociólogo de la burocracia:

“Siempre que las estructuras de dominación tengan en juego sus intereses de poder con respecto al exterior, ya sea un competidor económico o un gobierno extranjero potencialmente hostil, encontraremos secretismo.”

Y el secretismo es el abono de la conspiración.

Así el gobierno de EEUU experimentó en secreto con sus propios ciudadanos, negándoles por ejemplo tratamiento contra la sífilis para conocer cómo funcionaba la enfermedad, o financiando pruebas de control del comportamiento -el famoso proyecto MKULTRA- que durante los 50 fueron conducidas por la CIA bajo la supervisión del terrible Doctor Gottlieb. Y fue el gobierno del mismo  John Fitzgerald Kennedy quien en 1962, tras el fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos, propuso emprender la llamada Operación Northwoods, una serie de ataques en suelo americano a cargo de los mismos servicios secretos, organizados para parecer cometidos por fuerzas castristas infiltradas y que pudieran servir de nuevo casus belli. Todas estas fueron “conspiraciones” reales. Parte de la viciada y asfixiante atmósfera del mundo bajo la amenaza nuclear.

Casus belli.

Así llegamos al 22 de Noviembre de 1963. En Dealey Plaza JFK cae abatido a tiros mientras pasea en una limusina descubierta. Con ello se acaba la carrera de un político fulgurante. Termina la promesa glamurosa y ejemplar de un mundo mejor. Dealey Plaza es el ojo de la tormenta de la conspiración. Después caerían Martin Luther KingBobby Kennedy a manos de un lunático de imposible nombre Sirhan Sirhan. Encuestas realizadas pocos días después del asesinato de JFK, mostraban que dos tercios de los estadounidenses ya por entonces opinaban que el magnicidio había sido el resultado de un complot. Los rusos. Los cubanos. La Mafia. Incluso un golpe de estado (así lo creyó en un principio el vicepresidente, Lyndon B Johnson). El país y el mundo ya no volverían a ser los mismos. Las esperanzas truncadas y el cinismo se apoderaron de la realidad. El Watergate terminaría por hundir cualquier confianza en el sistema. El secreto, los intereses, las relaciones de poder, la corrupción hicieron la realidad aún más irrespirable.

Aunque pueda parecer lo contrario, cuando el mundo parece romperse en pedazos, la Teoría de la Conspiración lo hace un lugar más agradable. Resulta mucho más tranquilizador pensar que la Mafia o los cubanos asesinaron a tu presidente favorito que aceptar que el culpable fue un hombre severamente deprimido y con ansias de notoriedad armado con un fusil comprado por correo. Resulta más confortador convencerse de que un club de poderosos o que una secta iluminada rige los destinos de la humanidad que asumir que vivimos en medio de un caos informe y sin control. Si eres árabe, resulta mucho menos terrible creer que fueron los israelíes quienes volaron las Torres Gemelas que aceptar que otros árabes cometieron tal atrocidad, o si eres estadounidense pensar que el 11-S fue un ataque desde dentro que aceptar que tu gobierno fue un incompetente, que desoyó advertencias y recortó servicios esenciales de defensa, permitiendo así que diecinueve enajenados, sin demasiado entrenamiento ni capacidades, golpeara el corazón de tu país.

Es confortador creer que nuestro destino está en nuestras manos.

Con esa misma lógica aplicamos la Teoría de la Conspiración a nuestras vidas privadas. Tras una ruptura sentimental necesitamos explicaciones. Porque la sentimos dolorosa y arbitraria. Y nos resulta más tranquilizador creer que pudimos hacer algo, que podríamos haberla evitado si hubiéramos sido más cariñosos, más atentos, si nos hubiésemos cuidado más o hubiéramos sido menos celosos, que aceptar que nos enamoramos hasta las trancas de un(a) auténtico(a) hijo(a) de puta.

Zapruder, yo no puedo estar sin él.

(Concluye, esta vez sí, el próximo lunes).

12 comentarios leave one →
  1. Viernes, marzo 11, 2011 11:07 am

    Hola, buenas. Es la primera vez que comento en su blog, y me he decidido por la precisión de su idea del pensamiento conspiranoico como reconfortante. De hecho, es algo que tengo que experimentar periódicamente entre musulmanes españoles con respecto del 11S y el 11M. “No pueden haber sido los nuestros” acaba pareciéndose a “no podemos haber sido nosotros”. Un placer leerle.

  2. Viernes, marzo 11, 2011 1:07 pm

    Me he quedado sin palabras. Sólo añadiré, bravo. Y que salgo a la calle ahora a enamorarme de otro hijo de puta (con o sin excusas)

  3. Minizita permalink
    Viernes, marzo 11, 2011 2:37 pm

    Zito, nuevamente me ha dejado usted con la boca abierta. Gracias.

  4. Viernes, marzo 11, 2011 5:32 pm

    SBT, sea muy bienvenida y gracias a todos por sus parabienes.

  5. Viernes, marzo 11, 2011 8:44 pm

    “Primero en su desconfianza congénita hacia las estructuras de poder, lo que las sitúa hacia la izquierda del espectro político, aunque eso no impida la existencia de un buen número de teorías conspirativas en la derecha libertaria”

    Esto me chirría bastante. La mejor web que conozco sobre conspiranoia es claramente de izquierdas, y las principales teorías de la conspiración tienen su origen en los partidarios del Antiguo Régimen, en los ultranacionalistas, en los antisemitas, en los fanáticos religiosos y, en fin, en la extrema derecha. Sólo de unos años a esta parte -asesinato de Kennedy, 11-S-, determinados grupos de izquierdas han caído en la visión paranoica de la historia

    Conspiracism as a Flawed Worldview

  6. Sábado, marzo 12, 2011 8:51 pm

    A mi me parece que lo reconfortante de las conspiraciones es que te hacen sentir que todo tiene un sentido, como que hay algo importante entre tanto potmoderno, y lo reconfortante de los que creemos en ellas es creer que entendemos lo que pasa. (Por eso creemos que podemos evitar las cosas y /o cambiarlas)
    Menuda raza de engreidos somos!

    PD: Iban, te aplaudo la decisión!

  7. Domingo, marzo 13, 2011 7:33 pm

    ddaa, gracias por enlazar ese interesante texto. Tiene razón en el sentido de que la primera ola de conspiración moderna,de las revoluciones francesa y americana para acá, la que se centraba en masones, judíos e iluminados era sobre todo derechona, una reacción anti Ilustración. Y que es después de JFK que la conspiración se hace mas izquierdosa. Pero es que ese es precisamente el punto en el que la conspiración se convierte en algo del día a día.

    Ryoko, ahí precisamente es hacia donde irá la segunda parte del texto…

  8. davelooper permalink
    Martes, marzo 15, 2011 11:20 am

    Escribe, Zito. No pares. Y cobra.

  9. Martes, marzo 15, 2011 10:32 pm

    Gracias. Yo seguire. No cobro porque nadie quiere pagarme!

  10. Jueves, marzo 17, 2011 11:26 pm

    Alan Moore llega a las mismas conclusiones que usted en su documental “The mindscape of Alan Moore” y bueno igualmente lo deja meridianamente claro en su coda de “From hell”… Las conjuras de los necios y su torpe solapamiento simultaneo…

Trackbacks

  1. ESTRENOS: 11/03/11 « El Penúltimo Dodo
  2. Conspiraciones + ingleses / Y encima se llamaba Alabama

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