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Rascacielos

Miércoles, marzo 30, 2011

Me gusta la palabra “rascacielos” porque no tiene plural.

También me gusta porque Rascacielos es el título de una novela escrita por JG Ballard en 1975, una novela sobre un edificio de lujo de 45 pisos cuyos habitantes se van deslizando poco a poco hacia el légamo de lo primario, separándose primero por clases sociales, en castas después según la altura en la que viven, y que terminan atacándose por puro placer, matándose por comida o por mujeres, que dejan atrás el mundo exterior y sus profesiones burguesas, arquitectos, periodistas, azafatas, dentistas, para convertirse en miembros de un caverna vertical en la que se toma y se quita lo que se quiere por mera fuerza bruta, por voluntad de poder, en la que los hombres visten colores de guerras y muestran sus genitales como muestra de dominio, en la que sus esposas cocinan a sus caros perros en fogones hechos de lata, en la que los ascensores dejan de funcionar secuestrados como botín de guerra por las nuevas tribus y la piscina, el gimnasio, el restaurante caen en el abandono más absoluto y terminan convertidos en almacenes de basura y cadáveres.

Ballard siempre estuvo interesado por la idea bastante freudiana de que un estado primordial corre por debajo de nuestras estructuras sociales, un estado de naturaleza en el que no hay convenciones ni falsedades protocolarias y en el cual regresamos a lo que de verdad somos, a nuestra esencia terrible y ancestral. Ese estado que subyace en el mundo y en lo humano puja constantemente por reaparecer. El rascacielos ofrecía a Ballard un contexto idoneo para explorar esta obsesión suya porque el rascacielos es en cierto modo la expresion mayor de la sofisticacion humana y de su intento de alejarse de su condición animal. Es una construccion que se eleva sin freno, que se alambica en habitaciones, corredores, ventanales, que se alza desafiando las leyes de la naturaleza como ya dejaba clara la moraleja final de El coloso en llamas, que solo un año antes de la novela de Ballard advertía del peligro, tan antiguo como el mito de la Torre de Babel, que acecha al ser humano cuando abandona su hábitat, su lugar en la Creación, aquí en el suelo.

Sao Vito.
Marcas tribales en el Sao Vito.

Ese estado de anarquía y caos social, de vuelta a la jungla primitiva de la novela de Ballard es el que imperaba en Sao Vito, el edificio de 27 pisos construido en el centro de Sao Paulo en 1959 para albergar a más de 600 familias. Sao Vito era la respuesta a la urgencia demográfica de la época y pretendia dar vivienda barata a gentes de clase baja y media. Pero a medida que el mantenimiento de las instalaciones fue haciéndose cada vez más infrecuente aumentaron los problemas de violencia y desorden que acabaron convirtiendo al edificio en una favela vertical. El servicio de recogida de basura se interrumpió y los deshechos se acumulaban en los pasillos o se tiraban directamente por la ventana, cadáveres incluidos. Y es que a partir de los 80 los crímenes en Sao Vito se empezaron a suceder al mismo ritmo que los ascensores dejaban de funcionar para desmayo de los vecinos que debían hacer colas de hora y media en el hall para poder alcanzar la planta 15, la última a la que servía el único ascensor disponible a primeros del 2000.

Un caso similar es el de la Torre de David, el rascacielos en el centro financiero de la ciudad de Caracas, que nunca llegó a terminarse por la combinación de la muerte prematura de su promotor, David Brillembourg, y la crisis banquera que golpeó a Venezuela en 1994 y que e último termino ayudaría a la subida al poder de Hugo Chávez. La Torre de David es un gigante acristalado que permanece inacabado. Solo 28 de sus 45 pisos están completos. Los minimamente habitables han sido ocupados por gentes sin techo que a pesar de la falta de ascensores o de las más indispensables instalaciones sanitarias han creado en la torre su propio ecosistema del mismo modo en el que el Coliseo de Roma fue usado como bloque de viviendas en la Alta Edad Media. Al contrario que en el rascacielos ballardiano, un orden comunal y espontáneo ha surgido de esa nada y hay en el edificio un salón de belleza, un dentista y un servicio de seguridad improvisado por los vecinos. Personas que antes no tenían apenas nada, que viven de vender lo que pueden en la calle o de trabajar de sol a sol disfrutan en su nicho en la Torre de David de las vistas de la capital venezolana que en principio estaban destinadas para banqueros y plutócratas.

La Torre de David.

Otro rascacielos vacío hijo de las crisis financieras es el Sathorn Unique de Bangkok, uno de los megaedificios blancos y señoriales, incompletos y esqueléticos que pueblan el centro de la capital tailandesa y que llevan siendo pasto de las malas hierbas y los elementos desde que con el crash asiático de 1997-98 el modelo de crecimiento del país, basado como el español en el ladrillo, diera un parón completo. El Sathorn Unique iba a ser un edificio de lujo sumo como sus mudas balaustradas demuestran. Muchas de sus viviendas llegaron a tener baños perfectamente equipados y suelos de madera instalados que ahora se pudren a la intemperie. Su deterioro y su vacío está más cerca de lo post apocalíptico que de la decadencia inevitable de las empresas humanas.

Sathorn Unique.

Hablando de lo postapocalíptivo, es muy posible que esta crisis y la futura crisis medioambiental terminen exportando esta miseria vertical al mundo hasta ahora desarrollado. Cuando los refugiados procedentes de los países inundados o en los que el calor sofocante no permita una vida razonable emigren a los paises del Norte se dará una presión demográfica que convertirá a las ciudades occidentales en magalópolis y que demandará, como ocurrío en el Sao Paulo de los 50, que cada metro cuadrado de suelo disponible sea reconvertido en vivienda. Incluidos los rascacielos. Tal vez veremos los 40 pisos del famoso Gershkin, “El pepinillo” londinese diseñado por Norman Foster en el centro neurálgico de la City, convertido en una favela vertical de fachada sucia y ropa tendida asomando por entre las ventanas rotas.

Ver un rascacielos derelicto y podrido nos resulta fascinante porque fascinantes nos resulta la decadencia de las empresas fracasadas y los hitos malogrados. Pero hay que tener cuidado. Llevado al extremo esa fascinación pierde toda relación con la realidad y con las causas de esa decadencia y se convierte en puro ruin porn. Pero esa es otra cuestión de la que espero hablarles muy pronto.

Más detalles sobre el Sao Vito en el blog Cabovolo, sobre la Torre de David en el este artículo de The New York Times y sobre el Sathorn Unique en Riding out of the economy.

El pepinillo del futuro según Robert Graves.
16 comentarios leave one →
  1. Miércoles, marzo 30, 2011 9:42 am

    Me extraña que no mencione usted a Cronenberg, que es el primer nombre que a mí se me viene a la cabeza cuando pienso en “Rascacielos”, una de mis novelas favoritas de Ballard. “Vinieron de dentro de…” es casi una adaptación orgánica, infectada y lujuriosa de la novela.

  2. Miércoles, marzo 30, 2011 10:47 am

    Gran Post. Rascacielos es una palabra bella porque no tiene plural, pero la novela de Ballard es también muy bella (de la manera en la que puede ser bella el horror)

  3. Miércoles, marzo 30, 2011 10:49 am

    Interesantísimo DrZito y sobrecogedor… quiero más!🙂

  4. Miércoles, marzo 30, 2011 11:08 am

    Tones, no es extraño porque el Cronenberg primero apenas lo he visto, pero me pongo a ello. Al parecer tambien hay un serial del Doctor Who de los 80 que es casi una adaptacion literal de la novela. Pero sin lujuria, claro, que el doctor es casto.

    En el texto quería alejarme un poco de la ficción y hablar de casos reales. De todos modos, es una buena excusa para visitar esos referentes a los que la realidad imita.

  5. Miércoles, marzo 30, 2011 1:45 pm

    Por otro lado, cualquiera que hay sido presidente de una escalera de vecinos o haya habitado en una urbanización de adosados sabe que lo que explica Ballard no es ficción sino la pura realidad.

  6. Miércoles, marzo 30, 2011 2:01 pm

    De hecho ayer hubo reunión de vecinos en mi edificio y los gritos se escuchaban desde el portal.

  7. citizenchase permalink
    Miércoles, marzo 30, 2011 2:28 pm

    Un post genial. El rascacielos siempre ha simbolizado el poder y el dinero en las ciudades y presentarlo de esta forma le aporta un matiz deprimente e inesperado. Como estudiante de Arquitectura me ha encantado y como cinéfilo también. Sinceramente creo que no hay figura más omnipresente y contundente en la ciencia ficción distópica/apocalíptica que los edificios de gran altura (Blade Runner, El Quinto Elemento, Metrópolis, Akira, Ghost in the Shell… se podría hacer un post con todas las referencias que existen!).

  8. Miércoles, marzo 30, 2011 2:53 pm

    Por cierto, ya que Tones hablaba de Cronenberg y su estupenda peli (coincido en la referencia), yo añadiría, desde el punto de vista de la ficción, los tebeos del Juez Dredd, en donde hubo una subtrama de guerra civil entre Rascacielos que sin duda se inspiraba en la novela de Ballard.

  9. Miércoles, marzo 30, 2011 3:09 pm

    el post me ha recordado a esto, supongo que ya habrás visto las fotos pero por si acaso… caos, jungla urbana, deterioro, ruin porn… y desoladora belleza

    http://www.marchandmeffre.com/detroit/index.html

  10. Miércoles, marzo 30, 2011 3:22 pm

    Muy cierto, Absence. El curioso lo puede encontrar recopilado aquí:

    La Guerra de los Edificios, se llama.

  11. Miércoles, marzo 30, 2011 3:30 pm

    Muchas gracias, Tones. Me ha leido el pensamiento.

    He evitado deliberadamente las fotos de los interiores para evitar ese “ruin porn”, que como fenomeno es muy interesante eso si. Las imagenes de Detroit son bellísimas a su modo. Otros ejemplos de ciudades pesadillescas salieron a la luz en este post del Focoforo.

    http://focoblog.com/focoforo/topic.php?id=7205

  12. n-n permalink
    Miércoles, marzo 30, 2011 3:40 pm

    Pocas novelas tienen una primera frase tan memorable como “Rascacielos”, fascinante desde el principio.

  13. Jueves, marzo 31, 2011 8:54 am

    Querido Zito, encuentro que éste que hace Vd. es un ensayo brillante sobre esta tipología arquitectónica: especialmente afortunada la foto del “pepinillo-favela” y la página de donde está tomada. Si tiene interés, y si aún no la conoce, le recomiendo la lectura de “Delirious NY” (http://ggili.com/es/tienda/productos/delirio-de-nueva-york), que es el mejor ensayo que se ha escrito sobre el rascacielos, ever. Y, si me lo permite, y ya que habla de simbolismos freudianos que subyacen tras las formas, ¿no es el rascacielos el símbolo fálico por excelencia? Que se lo pregunten sino a NFoster o a JNouvel. Un abrazo, A.-

  14. citizenchase permalink
    Jueves, marzo 31, 2011 10:20 am

    A proposito de lo de fálico, el escritor satírico Jonathan Ames hizo un concurso del edificio más fálico del mundo, en principio ganó éste (http://en.wikipedia.org/wiki/Williamsburgh_Savings_Bank_Tower) y más adelante éste (http://en.wikipedia.org/wiki/Ypsilanti_Water_Tower).
    Por cierto, de Ames son muy recomendables la serie Bored to Death y la novela gráfica El Alcohólico.

  15. Viernes, noviembre 14, 2014 10:13 am

    Debéis de ver si no lo conceis el proyecto Higrise, un documental transmedia de C. Zizeck

Trackbacks

  1. Justhat

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