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Los buenos tiempos

Lunes, abril 11, 2011

Los buenos tiempos no son como el dinero. No se pueden ahorrar.

Uno no puede ahorrar las risas vertidas o los polvos disfrutados porque son para consumirlos en el acto. Uno no puede partir la felicidad en porciones y guardarse unas pocas en la despensa, o esconderlas bajo un colchón de muelles en previsión de que vendrán malos tiempos, de que vendrán mal dadas, del mismo modo en que cuando el abatimiento nos encoje no es posible aliviarlo rebuscando en la caja de caudales, poniendo sobre la mesa conchas de playa, piedras sonajero o canicas amarillas,  porque uno no puede endeudarse a cuenta del consuelo que traerá el futuro, porque no hay tenderos que fíen sosiego ni bancos que acepten como aval la certeza de que todo volverá a su lugar.

Uno puede buscar serenidades. Dicen que Philip K Dick echaba mano del I Ching para conocer su porvenir, que rebuscaba en sus hexagramas, en sus líneas gruesas y entrecortadas verdades que él sabía se escurrían por debajo de nuestra percepción del aquí y ahora. Andamiajes del universo, arcos argumentales cósmicos. En aquella filosofía tranquilizante y aniquiladora como todas las orientales, los buenos tiempos no son un oasis de alegría sino tránsitos inquietos y preocupantes porque traen con ellos la seguridad de que antes o después terminarán rompiéndose. Siguiendo esa misma lógica dualista del yin y el yan, del blanco y negro, los malos tiempos deberían confortarnos con la certidumbre de que el orden del universo dicta que la bonanza siempre vuelve, o eso que el refranero castellano, tan feo y pragmático, resumía en aquel “no hay mal que cien años dure (ni cuerpo que lo aguante)”.

Pero a mí estas serenidades solo me funcionan a medias.

En cambio veo a muchos de mis compatriotas esperanzados sin saberlo por los consejos del I Ching, confortados en estos tiempos crueles y atroces, aliviados porque han comprobado que el cosmos es mutable y que el Sr Zapatero dejará pronto de ser presidente del gobierno. Ellos miran en los hexagramas, rebuscan en las lineas grises y entrecortadas de los noticiarios y la prensa y encuentran en ellos los signos y señales que les convencen del augurio: Que no hay mal que tres legislaturas dure.

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2 comentarios leave one →
  1. Lunes, abril 11, 2011 5:09 pm

    Yo soy de los que tienden a pensar que las cosas suelen ir a mejor “por castigo” y que todo fluctua y oscila de un extremo a otro pero con esta crisis a veces a uno le asalta la idea de que no, de que nos hemos descarrilado irremisiblemente y justo por todos los buenos momentos que tuvimos que no se pueden ahorrar pero si que te los pueden reclamar. Y detrás nuestra tenemos a los cobradores del frac mundial dispuestos a laminarnos si no entregamos nuestra consabida libra de carne.

    Sí, hoy tengo uno de esos días… Podemos seguir hablando de OVNIs ???

  2. Viernes, abril 22, 2011 9:33 am

    Los buenos tiempos sólo quedan en la memoria, y a veces ni eso.
    Siempre que llovió escampó, pero hay que joderse con lo que dura la lluvia.

    Buen blog, seguiré leyendo.

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