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Invasiones (II)

Jueves, junio 2, 2011

(Viene de aquí)

Que vienen los milicos

La respuesta social a la caída de las Torres Gemelas fue la de la unión sin resquicios, la del cerrar filas contra la amenaza exterior. Una situación en la que la menor divergencia o matiz eran interpretados como una traición, en la que los senadores de todo signo votaban al unísono y en la que incluso se llego a acusar de “canadiense” al célebre periodista de la ABC Peter Jennings por mostrar cierta disconformidad con las políticas de Bush El Joven. Aquel fue un momento de trazar líneas divisorias, de imponer definiciones, del estás con ellos o con nosotros, y de una efervescencia patriótica y militarista que arrancó con la invasión de Afganistán en el otoño de 2001 y que culminaría con la invasión de Irak en 2003 y la liquidación del régimen de Saddam Hussein en menos de dos meses. El cine de invasiones se unió a esa exaltación de lo militar como respuesta a la amenaza, en una glorificación del sacrificio, del espíritu de entrega y de la disciplina como virtudes que el ejército representaba y que debían extenderse a la sociedad. Y es en medio de ese légamo de pasiones y ensalzamientos nacionalistas donde surge una de las más importantes películas de invasiones alienígenas estrenadas durante los últimos años: 300 de Zack Snyder.

Basada en el cómic del muy beligerante Frank Miller, quien contaba entre sus proyectos un cómic en el que Batman se enfrentaría al mismísimo Osama Bin Laden, 300 reinterpretaba bajo códigos actuales la historia del puñado de espartanos que junto con otros regimientos griegos se enfrentaron en el 480 AC a la invasión de un abrumador ejército persa en el Paso de las Termópilas. Como dejaba claro el colectivo Wu Ming en su estupendo artículo titulado Alegoría y Guerra, el film de Snyder era una traslación a la Antigüedad del Estados Unidos amenazado tras el 11-S, encarnado en la brava y resistente Esparta, traicionada a su vez por la decadente y timorata Europa (la democrática Atenas) en su enfrentamiento con los invasores persas, representados como una caterva de desviados, deformes, extranjeros, lascivos y criminales liderados por el emperador Jerjes, retratado por Snyder como un negro bujarrón. Los persas, sin mucho disimulo, constituían así un trasunto de las fuerzas oscuras y medievales que procedentes de Oriente Medio habían atacado el suelo americano. Entre ralentís exagerados y recreaciones literales de las viñetas del original, aquella loa de la testosterona, del músculo y el honor, de la juventud y la vigorexia que era 300  sirvió para proporcionar la satisfacción necesaria a las pulsiones más básicas de una América en estado de guerra.

Ese esprit de corps surgiría en otros dos films garrulos y antintelectuales, aunque mucho más divertidos, como fueron GI Joe (Stephen Sommers, 2009) y Transformers 2: Revenge of the Fallen (Michael Bay, 2009), este último encajado dentro del género de invasiones que nos ocupa. En Transformers 2 el ejército se erigía como la única respuesta fiable y factible a la angustiosa invasión de los robots del espacio. Tras una primera hora en la que, insertos de comedia involuntaria aparte, Bay dibujaba muy bien el acoso que los invasores Decepticon ejercían sobre la raza humana, resultaba muy reveladora la aparición del personaje del burócrata venido de Washington que siembra la duda y la cizaña entre humanos y Transformers buenos. A aquellas alturas de la década el desastre en Irak era ya evidente y este había hecho perder la confianza del pueblo en su clase política. Por eso no sorprende que sea por culpa del mencionado burócrata que casi descalabre el plan de defensa que tejen los valientes militares y que este tenga que ser apartado de en medio por un grupo de milicos bondadosos del mismo modo en el que Hannibal se ocupaba de MA Barracus cuando este se negaba a volar. Y la referencia a Barracus no es casual. Porque, aunque sin ninguna relación con las invasiones extraterrestres, el remake de The A Team (Joe Carnahan, 2010) era otra muestra de la exaltación de la camaradería y el aparataje militar en medio de la manipulación y ofuscación que las agencias gubernamentales ejercían sobre los americanos de bien.

Todas estas tendencias, sin ninguna doblez, sonrisa o disimulo se verían coronadas con Battle of Los Angeles, una película que no ocultaba en ningún momento sus intenciones propagandísticas ni su ensalzamiento sin ambages de la clase militar y sus valores. Muestra de la plaga de la literalidad que impregna nuestra época, BoLA (la llamaremos así a partir de ahora) es una re-interpretación unidimensional de Starship Troopers y del cine bélico de la II Guerra Mundial; un conjunto de set pieces más o menos competentes engarzadas con no demasiada gracia y dotadas de una estética del Call of Duty rebozada en las texturas granulosas y el nerviosismo de la cámara en mano que ya se vieron en otro film sobre alienígenas, District 9 (Neill Blomkamp, 2009), una estupenda película de tono completamente opuesto a la que ni siquiera sus en ocasiones exasperantes ansías de relevancia llegaban a lastrar. El film de Blomkamp trataba de las secuelas de una invasión extraterrestre en este caso pacífica, más bien una crisis de refugiados intergaláctica. Su exploración de las consecuencias sobre la sociedad humana de un evento semejante, de la imposibilidad de comunicación y de los problemas de coexistencia colocaba la pregunta y la inquietud en nuestro campo, el de los humanos, porque retrataba no la crueldad o ferocidad de las “gambas” alien sino nuestra avaricia institucionalizada y el fascismo cotidiano que nos aqueja, representado por su protagonista, ese policía burócrata y petimetre que solo termina “humanizándose” (qué palabra más fea) cuando deja de ser humano.

Uno de los varios méritos de District 9 era su ausencia de coartadas para dibujar a la raza humana tal como es. Por el contrario, es frecuente en el cine de invasiones, como también en el de catástrofes, que el argumento sirva de trasfondo sobre el que emerge lo mejor de la raza humana, su deseo de superación, su esfuerzo por sobrevivir y sobreponerse a las dificultades, cualidades que los militares encarnan a la perfección. Pero al mismo tiempo subyace en el género una contradicción aún más sutil y destinada a hacernos sentir mejor como seres humanos, una contradicción que se basa en un mecanismo psicológico sencillo, el de la proyección en el otro de los defectos propios. Así por ejemplo, Independence Day o la misma BoLA retratan invasiones en las que alienígenas vienen a la Tierra con el fin de explotar nuestros recursos arrasando todo lo que encuentran cuando en realidad esa no es más que una proyección sobre el extraterreste invasor de lo que nosotros los humanos estamos haciendo con nuestro propio planeta. De ese mismo modo, BoLA invertía involuntariamente el papel de víctima y verdugo proyectando sobre los extraterrestres la fuerza coercitiva que los estadounidenses han ejercido sobre los países que han invadido y proyectaba sobre los estadounidenses mismos la  voluntad de resistencia al invasor que talibanes afganos e insurgentes iraquíes han ofrecido contra la ocupación de sus países.

Esas contradicciones imposibles, esa ambigüedad de posturas, alcanzaría su paroxismo con V (2009- ) remake de la serie ochentera creada por Kenneth Johnson que relataba la invasión de La Tierra por parte de una raza reptiliana que disfrazaba sus malévolas intenciones (usarnos como alimento) bajo el pretexto de ayudarnos en nuestro desarrollo científico y médico. Pero mientras que la serie original militaba en un antifascismo de pedigrí con raíces en textos de Sinclair Lewis o Bertolt Brecht, pedigrí que se mezclaba a la vez y de manera jocosa con el más puro delirio camp (esas dominatrix lagartonas que engullían roedores como Traci Lords engullía pollas), su remake ha resultado ser un híbrido extrañísimo al servicio casi constante de la desconfianza blanca y republicana contra el irresistible ascenso de Barack ObamaV – El remake ofrece un símil loquísimo e indisimulado entre Obama y la Reina Ana, la líder de los reptilianos invasores, un simil que llega a lo demencial cuando esta, en una conferencia de prensa a escala global, anuncia que quiere implantar un servicio de salud universal usando casi exactamente las mismas palabras que el plan de reforma sanitaria del plan Obama for America. Con ello la serie articula la sospecha que la derecha americana más recalcitrante profesa sobre del buenísimo promovido por el nuevo presidente. Por si esto fuera poco, V sugiere que todos nuestros desastres y guerras han sido provocados y fomentados por los alien, infiltrados en nuestra sociedad desde hace años. Pero como buena muestra de esas contradicciones que definen al género, de ese desdoblamiento casi lynchiano del verdugo en víctima, V también expresa la problemática heredada del maniqueísmo y la división fomentados durante ocho años por la administración Bush. Así los “buenos” de la función, los miembros de la resistencia (un analista de bolsa, una agente del FBI, un mercenario y un cura con crisis de fe, otro más) llamados Quinta Columna para enloquecer aún más el asunto, se ven perseguidos por el gobierno que les acusa de ser terroristas y en el proceso llegan a pronunciar frases que han pertenecido desde siempre a la tradición liberal-demócrata como por ejemplo que “lo que para unos son terroristas, para otros son luchadores por la libertad.” El cúmulo de paradojas, ambigüedades y de posturas incompatibles es tal que a medida que avanzan los episodios se hace cada vez más difícil discernir si esta esquizofrenia es una consecuencia de los tiempos confusos en los que vivimos o simplemente la prueba de que V es una serie más bien mediocre.

(Concluye la próxima semana)

4 comentarios leave one →
  1. Viernes, junio 3, 2011 9:21 am

    De lo del sistema de salud ya había tomando buena nota viendo el piloto de V. Luego lo dejé, porque coincido más en la teoría de la mediocridad.

    El artículo, el mejor desayuno para este viernes.

  2. Domingo, junio 12, 2011 6:54 pm

    Gran serie d posts. Por cierto q esa lógica paradógica e invertida d BoLA la ve Zyzek en la propia 300.

  3. Domingo, junio 12, 2011 7:10 pm

    Oh, creo que debe de referirse a este texto

    http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0176/articulo.php?art=1057&ed=0176

    Muchas gracias por el apunte. Es muy interesante!

  4. Lunes, junio 20, 2011 8:46 am

    Excelente serie, Dr. “V” se podría ver como un megamix de It Can’t Happen Here y To Serve Man.

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