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Los ojos de Georges Franju

Martes, julio 26, 2011

Edith Scob, Aida Valli y Georges Franju.

Una de las “novedades” más interesantes en el mercado del DVD ha sido la reciente edición por parte de Versus de Los ojos sin rostro (1960) de Georges Franju. Entrecomillo la palabra porque con esta preciosa y cuidada edición que incorpora un librito y abundante e iluminador material extra que poco tienen que envidiar a la de Criterion se enmienda un agravio clamoroso hacia una de las obras cumbres del fantástico europeo, creación del por fin reivindicado Franju (como confirma la última película de Almodovar) y por quien  en esta casa se tiene especial devoción, algo que pueden comprobar en esta entrada sobre Nuits rouges (1974), su última película, y en esta otra sobre su sobrecogedor documental La sang des betes (1949).

Hasta aquí lo obvio.

Porque en realidad todo lo anterior era solo una excusa para hablarles de la mirada de Georges Franju, de su búsqueda de lo insólito y de cómo le salió al encuentro sin saberlo.

Confieso que no he visto todas sus películas. No las he visto por miedo a terminarlas, a agotarlas todas, a quedarme sin el gozo de ver alguna de sus obras por primera vez. Franju de joven leía folletines de Fantomas, a Freud y al Marqués de Sade, y por eso le siento muy cercano, no tanto porque yo hiciera lo mismo sino porque el resultado de aquello fue un interés por lo insólito que le acompañó siempre. Como Ballard, buscaba las grietas en nuestra realidad. Como Ballard tuvo una experiencia infantil que le puso en contacto con lo extraño y lo inusual: encontró un champiñón creciendo en un rincón de un armario abandonado. En sus películas hay momentos que son oblicuos a la trama, otros que son a la vez realistas y absurdos. Franju llevaba prendado el propósito de hacer natural lo fantástico, irreal lo mundano. Para él “la angustia crea el misterio, no al revés”. Lo bello y lo siniestro se aúnan en sus películas, en especial en esa obra maestra que es Los ojos sin rostro porque, como diría Freud en su ensayo Lo ominoso, sus obras tienen la cualidad de conectarnos con lo olvidado y lo reprimido, con ciertos estados del inconsciente o de la infancia que yacen latentes bajo nuestra existencia civilizadita y adulta.

Franju era una persona retirada, introvertida, ajena a las modas, que nunca quiso incluirse en ningún movimiento ni buscar notoriedad. Todos dicen que el mundo le llevaba varios cuerpos de ventaja, que vivir le daba miedo, que la realidad había avanzado demasiado rápido para él, para quien precisamente filmó hermosos documentales sobre obreros industriales, mataderos y hospitales. Pero hubo una ocasión en la que la realidad irrumpió en el ritmo pausado y obsesivo de la vida de Franju. En 1965 un productor llamado George Figon le contactó para encargarle un documental sobre el proceso de descolonización que se titularía ¡Basta! en referencia a la famosa exclamación del Che Guevara contra el imperialismo norteamericano. El guión, estaba acordado, lo escribiría Marguerite Duras. Como asesor histórico actuaría Mehdi Ben Barka, célebre activista marroquí, disidente del régimen de Hassan II, cabeza pensante del movimiento de los No Alineados e impulsor de la Conferencia Tricontinental que iba a tener lugar en La Habana a comienzos de 1966 y en cuya sesión de apertura se proyectaría ¡Basta!

Mehdi Ben Barka.

Pero aunque Franju, Duras y Ben Barka creían que el proyecto era genuino, la película no existía. Era un invento, un cebo, una trampa, preparada por los servicios secretos marroquíes en connivencia con algunos elementos de la Dirección General de la Seguridad para atrapar a Ben Barka. Al llegar al restaurante en el que se había citado con Franju para preparar el rodaje de la película, el marroquí fue interceptado por dos policías franceses y llevado hasta una casa en las afueras de donde es muy probable que no saliera vivo.  Nunca se encontró su cuerpo. Ningún resto. El asunto resultó tan incómodo al gobierno francés que el mismo De Gaulle hubo de comparecer públicamente para aclarar que no existía implicación alguna de ningún aparato oficial, algo que, como quedó claro poco después, no era cierto. Se perdieron las pistas. Muchos de los supuestos responsables del secuestro murieron asesinados en los años posteriores. Aún hoy el caso Ben Barka permanece repleto de incógnitas.

Y así es como me imagino a Franju aquel día en que se citó con Ben Barka. Sentado en la planta de arriba de aquel restaurante, en una mesa, solo, mirando por la ventana, escrutando con sus ojos la calle vacía, esperando a alguien que tarda, que no llega, que no llegará nunca. Sintiendo la angustia que antecede al misterio.

2 comentarios leave one →
  1. max estrella permalink
    Miércoles, julio 27, 2011 8:09 am

    Lo del champiñón me ha llegado al corazón. O a algún sitio parecido entre legañas.

Trackbacks

  1. Cuando el diagnóstico era social (I): La cabeza contra la pared | Doctor Zito

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