Skip to content

La Lágrima

Martes, diciembre 20, 2011

El pasado 5 de Diciembre una imagen aparecía en las portadas de periódicos y noticieros de todo el mundo: La ministra italiana Elsa Fornero lloraba al anunciar en una rueda de prensa los draconianos recortes que el nuevo gobierno de Monti iba a adoptar en los próximos meses. Aquellas eran lágrimas de impotencia y de desolación cuando no queda más opción que “hacer los deberes”, lágrimas de tecnócrata-cocodrilo si quieren, que introdujeron un elemento de autenticidad y compasión en el debate político que nos cogió por sorpresa a todos, sumidos como estamos en una batalla sin cuartel en este supuesto juego de suma cero en el que se han convertido las democracias occidentales.

La Lágrima como fenómeno político. Tan solo diez días antes, la escena se había repetido a una escala más modesta cuando Mónica Terribas, la directora de la televisión autonómica catalana, comparecía ante el Parlament para responder a la decisión tomada desde la Generalitat de recortar el presupuesto del ente televisivo de manera sustancial. Terribas, firme entrevistadora capaz de aterrorizar hasta a ese cyborg político que es Artur Más, no pudo contener la emoción durante su intervención y sus ojos se humedecieron antes de amenazar con su renuncia  si los recortes anunciados se llevaban finalmente a cabo.

Pero si retrocedemos unos meses más, llegamos al momento en el que Carme Chacón anuncia que cede en su pugna por la candidatura del PSOE a el batacazo las elecciones del 20N, dejando paso franco a Rubalcaba. Aunque afirma hacerlo por el interés del partido y el sentido de responsabilidad, la decisión escondía las presiones por su doble minusvalía política como mujer y catalana y el hecho de que la cita electoral se estaba convirtiendo para el partido más bien en una cita con un dentista cabrón. Chacón se sacrificó en rueda de prensa con los ojos empañados, que se trocaron en sus ya característicos pucheros una vez, persuadida y vencida, bajó del estrado.

La Lágrima es parte ya aceptada de nuestra sociedad del espectáculo, usada como demostración de la autenticidad de elogios o frustraciones cuyo enunciado seco, sin más, ha quedado a estas alturas gastado por el uso. La Lágrima, nos parece, es siempre verdadera. Un ejemplo paradigmático de esto lo encontramos en el programa X Factor, exportado de la televisión británica a otros millones de hogares de todo el mundo, incluyendo los españoles. En él, la bella Cheryl Cole, cantante, compositora, presentadora y modelo, una especie de Mar Saura pero en inglesa y guapa, y que en el programa actua como juez, añadió a su persona mediática la capacidad de llorar a menudo y con casi todo, ya fuera con los abusos verbales que le inflingía el implacable Simon Cowell, otro de los jueces, o con una actuación particularmente brillante o, simplemente, cuando uno de los concursantes relataba ante las cámaras una historia de caída, desgracia y superación personal.

Recientemente, el documentalista Adam Curtis, del que ya hemos hablado antes en esta casa, comentaba sobre la proliferación de El Abrazo en televisión como expresión de la extendida creencia de que debemos ser auténticos, siempre y todo el rato, de que debemos permanecer en contacto con nuestros sentimientos y emociones más íntimas, porque el autocontrol solo puede resultar dañino. Curtis añadía que esa obsesión con la expresión genuína de los sentimientos se ha convertido en una convención opresiva porque nos impide fijarnos en la sociedad y en el mundo que nos rodea, y por tanto en lo que está mal en ella. Siguiendo el concepto acuñado por Herbert Marcuse, la socialización de El Abrazo y La Lágrima no son más son armas de la “desublimación represiva”, el grillete que nos imponemos cuando nos obligamos a no reprimirnos.

Y es ahí donde la imagen de dos mujeres fuertes y altivas derramando lágrimas en público adquiere su carácter más totalitario. Porque cuando nos detenemos en la “humanidad” de esas figuras antes lejanas y ajenas dejamos de percibir lo inhumano de las medidas que las provocan y del estado del mundo que las causa.

4 comentarios leave one →
  1. Miércoles, diciembre 21, 2011 11:01 am

    La ministra está muy triste
    La ministra está llorando
    ha quitado sin querer
    la pensión a un jubilado.
    Mira, mira cómo llora
    la ministra sollozando.
    ¡Ay! ¡Ay! para ver su pena
    dejan de volar los pájaros
    La ministra está muy triste
    La ministra está llorando
    ha quitado sin querer
    la subvención a un parado.
    Mira cómo llora y llora
    con ojos desconsolados
    la ministra del gobierno
    de ese gobierno italiano
    La ministra está muy triste
    La ministra está llorando
    ha quitado sin querer
    a un niño su abecedario.
    ¡Ay! ¡Ay qué dolor más grande
    dolor de tristeza y llanto.
    La ministra está muy triste
    La ministra está llorando
    ha quitado sin querer
    a un enfermo el cirujano
    ¡Ay! ¡Ay! que se muere el pobre
    en su camilla ¡ay! de raso
    La ministra está muy triste
    La ministra está llorando

    • Jueves, diciembre 22, 2011 1:44 pm

      Que bonitas coplillas, rojata.

      Baybon, los soñadores son Los Otros.

Trackbacks

  1. La política y el dolor ajeno. Mariano Rajoy, Tony Judt, Desmond Morris | Arqueología del punto de vista

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: