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A propósito de Millennium (y II): Lo nazi

Martes, febrero 21, 2012

Arde Grecia al sol de poniente. Y en el periódico griego Democracia, uno importante de aquel país, no un La Razón cualquiera, aparece la canciller Angela Merkel con una esvástica en el antebrazo. Viejos fantasmas de ocupación y dominio, viejos fantasmas que reemplazan a aquel que segun Marx recorría Europa y cuya muerte definitiva bajo los escombros del muro de Berlín, dicen, es precisamente la causa de que ahora suframos agresión tras agresión contra lo conseguido en los dos últimos siglos. El fantasma feo y correoso que ha reemplazado al viejo topo marxista es el que apareció por primera vez en Europa entre los vapores del incendio del Reichstag, el que por la Ley de Godwin invocan todos, tanto aquellos que desaprueban sistemas electorales mas representativos  (¡vuelve la República de Weimar!, advierten) como aquellos que ven recortada su existencia con impunidad día a día, sin tener derecho a réplica. Con ustedes, el fantasma nazi.

Que la marca incandescente de la esvástica queme aún la piel de nuestra Europa quizá sea una de las ideas más emocionantes del Millennium de Stieg Larsson. La idea de que bajo los Nokia, Eriksson, quien sabe, yace una fosa común rebosante de odio, huesos y orines.  De que bajo el Estado de Bienestar y las Buenas Costumbres  pervive una abominación inmemorial, como en aquel relato de Lovecraft titulado La casa maldita, en el que un monstruo gigante hibernaba bajo la mencionada vivienda, envenenando con efluvios ponzoñosos a sus desafortunados inquilinos. Aun hay mazmorras, sótanos del horror por toda Europa, faro de civilización, ejemplo modélico, Ilustracion renacida.

Una idea similar permeaba Film Socialisme, el hasta ahora último film de Jean Luc Goddard. En su brillante primer fragmento, un nazi huído y escondido aborda como un pasajero mas un crucero de vacaciones acompañado de su nieta. Durante la travesia, encima suyo, en las cubiertas y los camarotes, la vida vacacional prosigue su curso. Tragaperras, cursos de aerobic, natación, buffets de comida facil, cócteles de colores, misas. Una Europa que flota y fluye atravesando el Mediterraneo ignorante del horror que la sostiene, aún latente, aún pendiente. Oro maldito, oro de la Republica que viaja a Odessa, de Odessa a los nazis y de vuelta a Barcelona. Oro que Godard, más que como sustrato de thriller, usa como metáfora de un pasado que el vislumbra incompleto y supurante.

La metáfora godardiana alcanzó dimensiones absurdas cuando el pasado Enero el crucero en el que se filmó Film Socialisme, el Costa Concordia, naufragaba en aguas italianas a causa de la impericia, también se dice, de su capitán, el ya notorio Schettino, quien sirvió en bandeja a la Europa del Norte una nueva certificación del estereotipo que allí se tiene del hombre del Sur, ser holgazán e irresponsable. Sin embargo la metafora era otra y estaba bien clara.

Europa se hunde.

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  1. Sábado, febrero 25, 2012 4:51 pm

    Plas plas plas. A sus pies.

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