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El problema del día después

Miércoles, octubre 31, 2012

Esta es la historia de cómo la “patada hacia adelante” se ha instaurado como el modus operandi de nuestra civilización. Una historia breve y triste sobre un estado de las cosas, que discurre paralela en varios niveles porque su origen está en una mentalidad que lo impregna todo y que nos encasquilla en un presente incierto e interminable, antesala de la tragedia, condenándonos a sufrir un problema: El problema del día después.

Empecemos si quieren por lo más grande. Por el cambio climático. Se sucedieron las discusiones, las presentaciones de evidencia, los debates, las negociaciones y las manipulaciones interesadas de lo que la ciencia es capaz o no de probar, hasta que finalmente convenimos que, antropogénico o no, el cambio climático es una realidad, está sucediendo. Pero el Protocolo de Kyoto convocado para tratar el problema termina siendo un fiasco: Reducir las emisiones de CO2 es muy costoso y dañino para la actividad económica en el corto plazo. Mejor que lo haga otro. En 2006, el Stern Report concluye que si se destinara un 1% del PIB mundial a combatir el cambio climático podría evitarse la reducción de un 20% de ese mismo PIB que un mundo cuatro o cinco grados más cálido nos acarreará. Pero los efectos de cualquier reducción sustancial de emisiones no se notarán de inmediato. Los disfrutarán las generaciones futuras. Y las generaciones futuras no votan. Los gobiernos tienen horizontes temporales de una o dos legislaturas. Año tras año, las conversaciones internacionales -Bali, Copenhague, Doha- terminan en decepción. En la capital danesa dos activistas de Greenpeace se cuelan en la cena de gala de la cumbre y despliegan carteles instando a los gobiernos a actuar sin dilación. Son detenidos sin clemencia. Pero los gobiernos no actúan. Pese a que los efectos económicos del cambio climático ya están aquí, comiéndose un 1.6% de nuestra riqueza. No actúan. Y no lo harán. Patada hacia adelante. Ya se empieza a hablar más de acomodarse a un mundo más caliente que de luchar para evitar que suceda. Y ya sabemos que la capacidad de acomodarse a las inclemencias naturales es directamente proporcional a la riqueza.

No hubo Ferrero Rocher en aquella cena del embajador.

Y ahora La Crisis. La nuestra. Retrocedamos para hasta ese Big Crunch financiero, ese momento en el que se rompe nuestra creencia en el paraíso sempiterno de la bonanza económica, en el que, como le pasaba al Coyote, caímos al vacío al ver que no ya había suelo bajo nosotros. Por aquel entonces los bancos dominaban o tenían buenos tratos con enormes inmobiliarias que alicataban de ladrillo el punto costero más recóndito o cualquier secarral manchego suficientemente llano. Cuando la burbuja se pincha, colapsa y se hunde Martinsa Fadesa como si fuera las Torres Gemelas, los bancos comprueban horrorizados que sus asientos contables rebosan urbanizaciones, chalets, apartamentos y bloques de pisos de valor ahora ínfimo. Para evitar asumir perdidas, y con ello que les corrieran a gorrazos, los consejos de administración de bancos y cajas se suben los pantalones hasta los sobacos, se arremangan y hacen lo imposible para refinanciar a las inmobiliarias como quien enchufa un comatoso o el mismísimo Franco a un respirador. Patada hacia adelante. Mientras tanto el Estado, hasta las cejas de deudas porque precisamente el presidente de las prominentes cejas se había embarcado como pollo sin cabeza en un desbocado programa de supuesto keynesianismo, ve como sus amistades peligrosas con la banca ruinosa han hecho que los potenciales inversores huyan despavoridos por miedo a la bancarrota. Los intereses se suben a la parra, aumentando aún más la deuda, acercando al Estado un poco más al precipicio de la insolvencia. Y entonces aparece el salvavidas del rescate bancario -esa “línea de crédito en condiciones muy ventajosas” como la llamo el opusino De Guindos- que no se usa para alimentar con el tan necesitado crédito a empresas y familias, sino para que los bancos compren deuda española, esta vez sí, en condiciones ventajosas. Patada hacia adelante. Y así  inmobiliarias, banca y Estado,  van prestándose entre ellos un dinero que no tienen, en un círculo infinito, como tres ciegos caminando a trompicones hacia el abismo. Europa ofrece el rescate definitivo, uno de esos tan necesarios como humillantes y que hacen caer gobiernos, pero Rajoy no se inmuta y le dice al destino que puede seguir esperándole sentado. Patada hacia adelante. Dale más fuerte, Mariano.

La economía española circa 2011.

En una de estas, en Cataluña las masas salen a la calle.  Es Junio de 2010. Protestan contra la sentencia del Constitucional que recorta sensiblemente el borrador del nuevo Estatut. Aquel proyecto de redefinición consistía en una operación sobre el capital simbólico: Los catalanes pedían un reconocimiento que tenía más bien poco de monetario y si bastante de cultural (o identitario, si quieren). Pero La Meseta, o mejor dicho, la CT se niega en redondo a la operación. Unos dicen que qué es eso de alterar La Constitución. Los otros, “es que ahora no me viene bien.” La manifestación se ningunea. Patada hacia adelante. La crisis se recrudece, los servicios básicos comienzan a resentirse y las banderas o las palabras ya no valen. Una transferencia de capital simbólico es mucho más barata que una de capital monetario. Le gente grita basta y llena de esteladas Barcelona la tarde del 11 de Septiembre de 2012. Artur Mas, más cauto que un gremlin al borde de una piscina, se reúne con Rajoy para hablar de lo suyo, pero Mariano dice que sobre eso del dinero y del autogobierno no puede/quiere/sabe hacer nada. Patada hacia adelante. Mas vuelve triunfante a casa y convoca elecciones para el 25 de Noviembre, en las que previsiblemente arrasará pese a haber impuesto recortes draconianos sobre su población. Las elecciones, dicen, aclararán la situación.

Entonces surge la pregunta. ¿Qué pasará el día después del 25N? ¿Se convocará una consulta sobre la independencia? Y si es así, ¿qué pasará el día después de ese referéndum? Que es lo mismo que preguntar: ¿Qué pasará el día después del rescate? ¿Qué pasará el día después de que nos demos cuenta de que ya es demasiado tarde para evitar un cambio climático catastrófico?

Los yayos si que saben.

El problema de las patadas hacia adelante es que suelen hacer los problemas aún más grandes.  El problema de los problemas grandes es que no pueden resolverse una vez pasas el punto de no retorno. El problema con los puntos de no retorno es que uno no suele darse cuenta de cuando los ha cruzado.

Y así estamos, en medio de una incertidumbre espesa como el cemento, en la que parece imposible planear nada o ilusionarse, esperando que pase algo. Que Mariano deje de usar la táctica del embudo y se decida antes de que el descalabro sea inevitable, mientras se suceden los desahucios, las regulaciones de empleo, y se protege las rentas de algunos, de los que cuentan, a costa del bienestar que ha costado poner en pie décadas. Así estamos. Esperando que Mas se decida, que se deje de la ambigüedad que él y los suyos parecen llevar en el ADN, que se decida a hacer algo o a no hacerlo,  lo que sea, pero que se decida, para que lo cotidiano deje de ser tan áspero, porque cada vez resulta más difícil mantener una postura matizada, cada vez resulta más difícil dudar o defender al contrario sin que eso sea visto como traición suma. Así estamos. Esperando a que los gobiernos se decidan a hacer algo por salvarnos de esta catástrofe medioambiental, que está discurriendo a cámara lenta, mientras el Polo Norte se deshiela como nunca antes, mientras Nueva York queda anegada por las aguas, mientras nuestro sustento futuro está en peligro, mientras nos acercamos a ese punto de inflexión que describen los climatólogos, ese punto a partir del cual será inútil ya hacer nada.

Así estamos. Hasta que una mañana nos despertemos y nos demos cuenta de que el día después ha llegado.

2 comentarios leave one →
  1. obaka permalink
    Martes, noviembre 6, 2012 9:00 pm

    plas plas plas, un gran articulo

    Puede ser que los mayas tuvieran razon, el fin del mundo se acerca, se hace evidente en cada vez mas aspectos del dia a dia. Aunque es mas dolorosa la incertidumbre en la que nos encontramos que la certidumbre del final anunciado.

Trackbacks

  1. El futuro y los bancos « Doctor Zito

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