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Dos experimentos con el baile

Miércoles, junio 12, 2013

Lo que llamamos baile es, en realidad, una versión lentificada de lo que los seres humanos hacen cuando se interrelacionan.

E. T. Hall.

A propósito de Get lucky, ha surgido una serie de memes que mezclan imágenes clásicas del mítico programa musical Soul Train (1971-2006) con el fulgurante single de cabecera del nuevo disco de Daft Punk. La sincronía exacta entre los ritmos es notable y asombrosa, pero el ritmo en realidad no es mas que matemática aplicada, así que la sorpresa no es tanta en cuanto nos damos cuenta de que Get lucky es un tema rotundamente setentero. Por eso es aún mas maravilloso ese desfilar de cuerpos procedentes de otras épocas -pelos afro, pantalones hasta la cintura, combinaciones tonales imposibles- que se contorsionan y doblan al son de la música, disfrutando, dejándose ver, mostrándose en un esplendor refulgente y sin embargo lejano. Personas que ahora tendrán sus vidas mondas y lirondas, inmortalizadas en ese punto de inflexión, durante esas coreografías de felicidad pura congeladas en la eternidad momentánea y digital del Youtube, en esas piruetas de gozo animal y a la vez tan humano, porque el baile (y sus formas, y su ausencia) es un modo de relacionarse y por tanto es esencia pura de una sociedad y de una cultura.

Este experimento afortunado con el baile me ha recordado a While the band played, un video de Adam Curtis en el que el documentalista británico mezclaba imágenes de archivo -su sello de identidad- con el Hallogallo de os alemanes Neu! En una segunda pieza, cambiaba la banda sonora porque su propósito era comprobar hasta que punto la música crea estados de ánimo y altera nuestra percepción de las escenas en una especie de prueba de un Efecto Kuleshov sinéstesico, merced al cual, a falta de otras piezas, cerramos una narración apoyándonos en los sonidos. Pero en ese proceso, Curtis ilustra de nuevo el disfrute universal que produce el baile, un disfrute que recorre las civilizaciones y las eras, ya sea en una sala de baile, un plató de televisión, la intimidad del hogar o con un kalashnikov en la mano. Un disfrute que nos hermana con todos nuestros ancestros.

Momentos extáticos, ojos cerrados, arpegios de risas y luces, contoneos improvisados o ensayados, atracción absoluta generada por la fricción de los cuerpos en movimiento, torsos y piernas sincopados que inflaman el aire en una liberación individual o en comunidad capaz de afianzar roles o de romper por unos minutos las cadenas de la rutina, la disciplina y los deberes.

Vencer resistencias, dejarse ir. Ponte de pie. Yo quiero verte bailar.

Epilogo: La contrapartida española a estos experimentos cn el baile, aunque en sentido inverso es, por supuesto, esta.

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