Skip to content

Carta de una ex-auxiliar de conciertos

Lunes, diciembre 23, 2013

Como ya sabrán los más veteranos de este blog, nuestra querida Minizita ha actuado como corresponsal en varias ocasiones narrándonos realidades diferentes y distantes como los sucesos en un McDonalds en vísperas de una huelga general o la vida cotidiana en Taiwan. Ahora residente en República Dominicana, Minizita rememora sus tiempos como auxilizar de producción en conciertos de música latina, que ya nos relató en su día, y nos ofrece un hilarante relato de un exiliado, muy lejos de la bochornosa perspectiva que ofrecen los navideños anuncios de Campofrío.

Carta de una ex-auxiliar de concierto

Cuando era auxiliar de producción de conciertos de “música latina”, de cierto tipo de “música latina”, es decir, de Bachata, entre mis labores estaba acompañar a los “cantantes” a las emisoras de radio, bregar con ellos cuando se ponían pesados pidiendo un carro de heno sobre el escenario y explicarles que de dónde cojones narices iba yo a sacar un carro tirado por un caballo, el caballo y tantos kilos de paja. También le proporcionaba botellas de ron, una tras otra, para que, según sus palabras, pudieran sentirse “inspirados” al cantar. Y a lo largo de esas horas conseguían sacar tiempo para decirme: “En nuestro país o naces con una pelota de baseball o con una guitarra bajo el brazo. No hay más opciones”. A mí todo aquello me parecía tan exagerado que les daba la razón como a los locos y me largaba en cuanto podía.

En estos días me pregunto por qué no se me ocurrió ir a una pitonisa para que me vaticinara el futuro. Por requiebros del destino vivo en este país llamado República Dominicana. Sé que esto no es una gran novedad. Llevo aquí cinco meses. Pero ha sido tiempo suficiente para constatar que lo que me contaban aquellos “artistas” era en parte cierto.

De todas maneras, sin alejarme mucho del tema, lo que quiero contar es lo más sugerente, divertido y tortuoso de vivir aquí, o más bien en mi casa: que está encima de un colmado, o lo que sea que sea, dominicano. Esto lo tengo que explicar. Voy a ello. Este colmado es una versión del pub entendido como pequeño antro donde se bebe, se habla, se baila e incluso se caza alguna que otra cucaracha. A todo esto le tenemos que añadir que venden comida y objetos de primera necesidad, que abren 18 horas al día de lunes a domingo y que como los locales suelen ser pequeños fomenta que a modo de terrazas improvisadas la gente saque sillas y mesas a la acera e incluso a la carretera. Los bailongos y beodos parroquianos del colmado comparten el asfalto con coches que pasan sin importarles un comino a quién pueden llevarse por delante, con chavales jugando al baloncesto callejero y con vigilantes de seguridad, o como dicen aquí guachimanes (versión dominicana del “watch it man”), sentados abrazados a sus escopetas, la mayoría de ellas, quiero creer, descargadas. Pues bien, en este colmado bajo mi casa, día y noche, noche y día, sin descanso, ponen, sí, eso mismo, Bachata. Hora tras hora sin parar en todas sus versiones y perversiones. Por supuesto, ninguno de aquellos “cantantes” a los que conocí en mi época de auxiliar de producción, puesto que acepté porque pensaba que estaría más cerca de trabajar en el cine (lo sé, lo sé, es una locura pero en aquel momento de desesperación, ante la mayúscula lejanía de mi sueño, tenía toda la lógica del mundo), siguen en activo. Todos aquellos cantantes están pasados de moda, ni dan conciertos ni cantan. Para ser más exactos la mayoría de ellos viven en la cárcel por llevar dentro de su cuerpo una cantidad ingente de cocaína. Una pena, porque por lo menos alguna letra de estas “canciones” me sabría. Ahora por ejemplo está de moda un “artista” que en aquellos años formaba parte de un grupo bachatero de “Nueva Yol”. Sus, digamos, canciones, me hacen pensar si el hecho de escucharlas tanto como lo hago me desgarrará el raciocinio, la ética, la moral, la cultura de la que provengo o yo que sé. A continuación voy a hacer un resumen de su “composición” más exitosa en el país y que no deja de sonar en todas las radios, colmados y karaokes: Entro en un palacio donde están dando una super fiesta y con mis pintas de mafioso latino del Bronx, es decir, gafas de sol (aunque sea de noche), pelo “topatrás” y ropa “ajustá”, busco una mujer, a ser posible guapa, aunque tampoco me importa que no lo sea porque en realidad nunca he sido quisquilloso con este asunto. Por fin encuentro una, trato de llevármela a una habitación pero se hace la dura así que me la llevo en mi super bólido deportivo y ¡cómo no! la seduzco porque, seamos claros, mola mucho y porque dentro de mis múltiples habilidades, está la de poder conducir, cantar, beber y hacer el amor todo a la vez y para colmo de los colmos me llamo Romeo. Y por si acaso, no te ofendas si estoy mamado, yo soy todo un macho. No te preocupes nena que ahora vamos a ir a 200 km/hora por una zona transitada y mientras voy a subir tu falda. Tu sentido común te puede decir lo contrario pero estás equivocada: desde el momento en que has entrado en mi carro me has dado el derecho. Y en resumen, todo me va a salir bien porque soy cantante de Bachata. Así que deja ya de resistirte y bebe.

Y esto es lo de menos, la verdad, no voy a venir ahora a ser una purista de la música y sus letras incluso cuando algunos días tenga que levantarme a las tres de la mañana para ir a trabajar una jornada de 15 horas después de haber estado escuchando toda la santa noche a este señor repitiéndome una y otra vez su “Propuesta indecente”. No, nada más lejos de mi intención censurarle (sería una labor tan magna como intentarles sacar de su fe ciega en el creacionismo) o ejercer de Santa Inquisición de sus letras (qué bien se lo habrían pasado los inquisidores con los habitantes de la isla, pero ese es otro tema), aunque he de reconocer que a veces desearía que la canción estuviese grabada en un cassette y que de tanto ponerlo se les estropease, o que por arte de magia cayese en mis manos y pudiera tirarla al océano Atlántico sin que nadie se diese cuenta. Pero siempre retrocedo ante este deseo: ¿Y si alguien la encuentra al otro lado? Es más ¿y si ese alguien la recoge, la recompone y, oh, la fatalidad, la escucha? No, no quiero eso sobre mi conciencia.

La cuestión real, el meollo de esta carta es “sólo” que me parece curioso haber terminado exiliada en este país y para más inri viviendo encima de una discoteca disfrazada de colmado. Como dice mi amiga María, debe ser cuestión de karma. Y es que como parte de mi contrato como auxiliar de producción en aquella época colaboraba en un programa de Bachata en el que yo era la voz exótica que los oyentes de allende los mares escuchaban dando las últimas noticias sobre este “género” musical. Lo cierto es que por entonces no tenía ni ganas de saber ni de prestar atención a qué coño eran y decían las canciones que poníamos una y otra vez los domingos por la tarde. Yo me limitaba a hacer preguntas inocentes e ingenuas o directamente ignorantes a los “artistas” que pasaban por el estudio. Tocaba con toda mi alegría y garbo un tambor que había comprado en una tienda de juguetes de mi barrio cuando llegaba la hora de comunicar la lista del “Top Ten”, lista que sin pudor mi jefe elaboraba según quien fuese a cantar en los conciertos que la productora tenía previsto organizar esa semana. Pero yo era feliz, sí, fui feliz. ¿Será por haber sido feliz en aquellos momentos o por justicia divina por lo que ahora vivo encima de un colmado en la primera ciudad fundada por Cristóbal Colón en 1492? ¿Será cierta la maldición que según los lugareños dejó este individuo tras de sí junto con la viruela y un montón de energúmenos y que trágicamente heredamos todos aquellos que hemos llegado a La Española en los siglos posteriores? En fin, no lo sé, prometo que no sé qué creer y mucho menos puedo decir que he llegado si quiera a un mínimo acercamiento al hecho de entenderlo.

Oh, oh, hay algo que no he dicho. Desde hace exactamente una semana, coincidiendo con el día en el que el gobierno permite con motivo de la navidad que los colmados y locales similares abran las 24 horas y puedan vender alcohol sin horario (siempre que traten de no vendérselo a los portadores de armas ya borrachos) han abierto un nuevo colmado-bar a 10 metros del “mío”. Si, la pura y dura competencia del capitalismo ha aterrizado en el barrio y, por supuesto, con ella ha empezado la guerra entre colmados que no sólo se ve reflejada en la lucha de precios sino en la lucha, encarnizada, por la supremacía musical. Ah, hay otra cosa que no he mencionado. Donde caben dos, caben tres o veinte, así que a 50 metros aproximadamente en dirección contraria al nuevo colmado-bar, hay media docena de Restaurantes-Karaoke donde los más aguerridos dominicanos pugnan noche tras noche por ser oídos. Si, lo sé, pero prometo que a día de hoy podemos jurar y perjurar que la música no existía cuando vinimos a ver esta casa. Veamos, lo del karaoke no tendría importancia, me da igual que canten a grito pelao mientras comen pollo frito; están lo suficientemente lejos como para que no les escuche pero como estas calles son de casas de una o dos plantas, el edificio que hay frente a mi habitación y que tiene tres, hace de muro amplificador.

Con esta carta a la desesperación ante el destino incierto que me ha traído hasta aquí solo quiero compartir como pasé de ser una auxiliar de producción de conciertos de música latina a ser diariamente parte de ella y sin cobrar un duro. Para ser más clara, antes trabajaba en conciertos de Bachata para acercarme a mi sueño, el cine, ahora trabajo en el cine y mi sueño es alejarme de la Bachata.

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: