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Un Adán y ninguna Eva

Martes, febrero 25, 2014

UWOSF02-26

Me gustaría poder trazar de forma tan clara como lo hace Daniel Ausente en su espléndida Mentiré si es necesario la sucesión de tebéos e historias ilustradas que se cruzaron conmigo durante mi infancia y adolescencia. Aparte de los Mortadelos, los Don Miki o los Superlópez, los tebeos más adultos me llegaban con cuentagotas. De vez en cuando, nuestra vecina la Señora Matilde llamaba a la puerta para legarme una pila de cómics descancallados y húmedos que su hijo Daniel había desterrado de su cuarto. Otros procedían de los hermanos mayores de unos vecinos de la casa del pueblo. Otros eran comprados en una papelería de O’Grove unas vacaciones, otros aparecían porque sí, No recuerdo haber comprado ningún Vibora, ningún Creepy, ningún Cimoc, ni uno solo, y sin embargo recuerdo haberlos leído porque esos encuentros provocaron increíbles fogonazos en mi imaginación. Así llegué a conocer a Conan y las serpientes parlantes que poblaban sus viñetas en blanco y negro. Y fue así, imagínense, como me topé por primera vez con Lovecraft. Primero con la adaptación de El color surgido del espacio dibujada, como supe años después, por Alberto Breccia. Recuerdo los rostros esbozados de aquella familia de granjeros, recuerdo cómo sus rostros se iban convirtiendo en muecas munchianas a medida que la excrecencia cósmica e inmunda supura por su pozo, esterilizando sus tierras, conduciéndoles a la locura y el suicidio. Hace poco, la editorial Sinsentido reeditó esta y el resto de adaptaciones lovecraftianas de Breccia en un precioso volumen, pero confieso que me resisto a visitarlo por temor a perder aquel estremecimiento.

La segunda adaptación, esta en colores sombríos, era de La llamada de Cthulhu. No sé quién la dibujaba ni he sabido averiguarlo, pero si recuerdo que solo tenía en mi poder las últimas páginas, las que narraban la visita a R’yleh. Así, in media res, el encuentro de la tripulación del Emma con el Primigenio resultaba aún más arbitraria y pavorosa. No había cultos ni estatuillas ni construcción de la intriga. Tan solo una catedral negra erigida en una isla volcánica de la que surgía un ente verdoso y nauseabundo que perseguía de aquellos desafortunados marinerosa, devorando a unos, condenando a la demencia al resto, y que sin saberse muy bien cómo explotaba como una apestosa burbuja de fango. Recuerdo las últimas lineas en las que el narrador, ya a salvo, decía “No importa. Sé que no viviré mucho.”

Ahora, en nuestros días, leyendo una antología de relatos de Alfred Bester, comencé el titulado “Adam… and no Eve” (1941). A las pocas páginas me envolvió una sensación de familiaridad. Un hombre deambula por un mundo convertido en cenizas y mientras agota sus últimas vituallas rememora el pasado. Recuerda que su mejor amigo, un científico, trató de evitar el lanzamiento del cohete que él iba a pilotar porque su combustible podría iniciar una reacción en cadena y prender todos los átomos de hierro de la Tierra, incluídos los que llevamos en nuestra propia sangre. Una maravilla que anticipaba de forma clarividente el debate entre que tendrían Oppenheimer y Edward Teller durante el Proyecto Manhattan sobre el riesgo de que la primera bomba atómica pudiera incendiar la atmósfera terrestre. A medida que leía iba reconociendo los giros de la trama y cuando el final iba a desencadenarse una imagen volvió a mi mente desde algún lugar de mi niñez, una viñeta hasta entonces olvidada de una adaptación que ahora sé que hicieron Denny O’Neil, Frank RobbinsJim Mooney,  y publicada en una revista española de nombre desconocido: La imagen del destructor del mundo hundiéndose en las aguas para darle nueva vida.

bester

Postdata: Si tienen curiosidad, aquí pueden encontrar la adaptación al completo. “Adam… and no Eve” tiene además un parecido remarcable con la posterior “Padre fundador” (1965), una historia corta de Isaac Asimov.  Ambos, aunque el de Bester de forma más ancestral y subterránea, me inspiraron este relato.

Postdata 2: Y sí, esa última imágen del cómic se parece mucho a esta otra.

Weloid-

3 comentarios leave one →
  1. Miércoles, febrero 26, 2014 11:25 am

    La historieta se publicó en España en el Relatos Salvajes (Mundos desconocidos) número 4 http://www.tebeosfera.com/obras/numeros/relatos_salvajes_vertice_1974_4.html

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  1. El almanaque | Doctor Zito

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