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La gran evasión veraniega (VII): El traidor está entre nosotros

Jueves, agosto 20, 2015

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El traidor está entre nosotros (Don Chaffey, 1959)

El traidor está entre nosotros puede verse como la respuesta británica a Traidor en el infierno, aunque la trama del informante traidor tiene una importancia tal que termina por hacer de ella un atractivo cruce entre cine de fugas y whodunit. Además de este punto, la película presente el punto original de estar ambientada en un campo de concentración italiano. El detalle no es irrelevante. En el verano de 1943 los campos en el norte de Italia, aún ocupada por el Eje, fueron entregados por los italianos a los alemanes para su gestion, lo cual significaba un trato mucho más duro. Los prisioneros británicos han de enfrentarse a ese plazo para terminar su plan de fuga y al mismo tiempo descubrir al soplón y evitar que este revele los planes al malvado Capitán Benucci.

Estamos de nuevo antes un estupendo entretenimiento sabiamente manejado por Don Chaffey, que ademas de dirigir bastantes episodios de Los Vengadores y El Prisionero fue el responsable de la mítica Jasón y los Argonautas. Comenzamos in medias res con Benucci saliendo del campo. Pronto nos damos cuenta de que se trata de un doble, de un prisionero vestido para imitarle. El plan saldrá mal y a partir de ahí partirán las sospechas. El primer infeliz acusado será un oficial de origen griego que terminará apareciendo muerto. Al mismo tiempo, y ante la inminente llegada de los alemanes, la comisión de fugas idea un plan. Aprovechar una representación de Hamlet (pocas cosas más inglesas hay) para hacer que todo el campo se fuge a plena luz del dia. Porque ¿quién sospecharía de un plan tan alocado?

Destacan los papeles de un joven Richard Attenborough como prisionero de gafas y pipa y como oficial al mando Bernard Lee antes de hacerse famoso como el M de la saga Bond. También llama la atención el retrato que se hace de los italianos, por otro lado habitual en la ficción británica de la época: Benucci se pasea como un gallo con su pelo engominado y su uniforme impoluto mientras su superior siestea. Es decir, italianos traidores o perezosos, crueles o incompetentes.

Por el buen saber hacer de Chaffey, unos secundarios variopintos y un guion con buenas dosis de emoción, Traidor en el infierno, pese a tener ya un buen número de referentes a sus espaldas, resulta muy atractiva y es en último término una película estupenda.

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