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Cuando el diagnóstico era social (I): La cabeza contra la pared

Martes, octubre 27, 2015

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La cabeza contra el muro (Georges Franju, 1959)

Georges Franju, del que somos muy devotos en esta casa, fue un director extraño a su época, quizá situado en tierra de nadie -ni clásico ni nouvelle vague– y cuyos vectores principales -los seriales, el surrealismo- le llevaron por un camino personalísimo por el que nos legó una filmografía fascinante. Ahí está Los ojos sin rostro para atestiguarlo. Su pulsión fue siempre la de señalar el fantástico en lo cotidiano, ensalzar la poesía extraña allí donde se encuentre, sea un matadero, una fábrica o como, en este caso, un hospital psiquiátrico. Tras ensayar estas obsesiones en varios cortos estremecedores y sublimes, Franju rodó en 1959 este, su primer largometraje.

La cabeza contra la pared narra las vicisitudes de François, una especie de rebelde sin causa a la francesa al que vemos conducir su moto por descampados durante los créditos iniciales. Pronto sabemos que el muchacho es un calavera y que está metido en serios lios. Le gusta el juego y las mujeres. Se ha acostado con la novia del gángster local al que además debe un montón de dinero. Pronto le vemos robar a su padre una cuantiosa suma. Es descubierto in fraganti y entonces se nos expone su problema: El padre de François es autoritario, frío y desagradable. Según el chico, fue ese caracter el que acabó matando a su madre. Ambos se odian. Pero su progenitor es quien tiene el poder, y harto de los desmanes del muchacho y, sobre todo, de que este no se humille a pedir perdón y a arrepentirse del robo, decide internarle en un hospital psiquiátrico.

Con estas bases, ya vemos que Franju cimenta su película sobre la idea de que la locura esté socialmente definida. Se interna a los incómodos, a los que no conforman, a los delincuentes, porque el comportamiento anti-social se contempla como una enfermedad a erradicar, o al menos a alejar para evitar el contagio. El patriarcado condena al muchacho al ostracismo y delega su poder sobre un patriarcado médico, encarnado por el director del psiquiátrico, el Dr Varmont, que utiliza con François una combinación de paternalismo y crueldad, una benevolencia venenosa. Allí el chico conoce a un pobre y enternecedor epiléptico interpretado por Charles Aznavour junto con el que planeará escapar. Hasta aquí todo normal, todo social, si queremos. La critica está hecha. Hay hasta discusiones sobre las prácticas psiquiátricas. El Dr Varmont mantiene varias pugnas verbales con el Dr Emery, que defiende un tratamiento más humano de los pacientes, que cree en el poder de la terapia. Varmont en cambio cree que su labor es la de proteger a la sociedad de los locos, no curarlos ni aliviarlos de su sufrimiento. En el personaje vemos un anticipo del mad doctor que en Los ojos sin rostro también interpretó Pierre Brasseur, uno de los actores fetiche de Franju.

Con estos mimbres, parece que tenemos el perfecto manifiesto de la crítica a la psiquiatría tradicional como instrumento de control social, como práctica bárbara. Pero Franju no se queda ahí porque su intención verdadera, cubierta por este envoltorio social, es la de explorar la poesia de la locura, el lirismo de las formas extremas de pensamiento, unas formas que le fascinaban y le repelían al mismo tiempo pues él mismo temía estar desequilibrado. Esa poesía surge en puntos clave, en espasmos, como en el que domina al epiléptico en cuanto él y François consiguen escapar. Lejos de hacerlo realista, Aznavour interpreta el ataque como una posesión chamánica. Sus movimientos son lentos y acompasados, no frenéticos. Otro ejemplo lo sucede durante la escena de la iglesia. La cámara se detiene por unos minutos sobre el rostro de una mujer –Edith Scob, otra habitual de Franju– que está cantando un salmo sumida en éxtasis. Pero sobre todo, surge en el arrebatador final, el del trayecto en coche que atravesando la oscuridad y las sombras nocturnas devuelve a François al manicomio. Un momento de puro cine de terror.

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Otro punto interesante de La cabeza contra la pared es que retuerce uno de los tropos que iremos encontrando en este cine:  El amor como forma de cura. Ya nos detendremos en esta idea en dias sucesivos, pero baste decir por el momento que François encuentra su única esperanza en la muchacha interpretada por la bellísima, y aquí debutante, Anouk Aimee. Ella le irá a visitar varias veces al psiquiátrico y será a ella a quien recurra François cuando consuma su escapada. Finalmente tendrán sexo y con ella encontrará cierto solaz. Pero será un espejismo. El amor no le salvará. Al contrario.

La fimografía de Franju está siendo reivindicada y rescatada en los últimos años por sus insólitas cualidades. La cabeza contra la pared sin embargo no parece que esté recibiendo la misma atención. Pero la merece.

4 comentarios leave one →
  1. Martes, octubre 27, 2015 10:51 pm

    Hay alguna manera de conseguirla al menos con subtítulos en castellano? Gracias

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