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Cuando el diagnóstico era social (VII): Lilith

Miércoles, noviembre 4, 2015

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Lilith (Robert Rossen, 1964)

¿Puede una película sostenerse sobre un rostro, sobre una mirada? Lilith podría ser un ejemplo. El rostro es el de la bellísima Jean Seberg, aquí en su segundo papel protagonista tras causar impresión internacional en la godardiana Al final de la escapada (1960).

Basada en el bestseller de JR Salamanca publicado en 1961, Lilith trata sobre las manipulaciones de una paciente ninfómana y bisexual internada en el exclusivo y liberal hospital psiquiátrico de Poplar Lodge. El nombre del personaje está tomado de la fígura del demonio femenino de las mitologias hebrea y mesopotámica. Un demonio tentador que lleva a la perdición a los varones, desde Adán en adelante. Lilith pertenece por tanto a la larga tradición de mujeres desequilibradas de la ficción que atraen a hombres normales e ingenuos -incluyendo en este caso a su propio hermano- para enredarlos en su tela de araña y después devorarlos. Lilith flirtea con pacientes de ambos sexos -lleva hasta la deseperación al tierno nerd interpretado por el debutante Peter Fonda-, flirtea con sus guardianes y hasta con un niño de la calle. En línea con esta idea, Rossen nos presenta al personaje empleando una pertinente simbología mítica: Lilith muestra apego a la naturaleza, besa la superficie de un riachuelo, se ensimisma con la luz de un prisma de cristal. Enfrente suyo, cayendo bajo su influjo, tenemos al personaje interpretado por Warren Beatty, también recien lanzado por entonces al estrellato gracias a Esplendor en la hierba (Elia Kazan, 1961), en la que también se enamoraba de una muchacha -la no menos bella Natalie Wood– que también terminaba siendo carne de psiquiátrico, aunque por razones bien disintas. Beatty interpreta a Vincent, un ex-soldado que acaba de reintegrarse en la vida civil y que se propone ayudar a los demás trabajando en Poplar Lodge. Los doctores, que van viendo su cercanía cada vez más carnal con Lilith, tratarán de avisarle del peligro, incluyendo el momento en que uno de ellos le muestra el efecto de los psicótropos sobre las arañas y la aberrante geometría de sus telas. Pero será en vano.

Debido a esta representación del personaje de Lilith como un demonio sensual, la película sufre bastante vista hoy en día. Mitad femme fatale mitad hada del bosque, Lilith representa a la mujer como la causa de perdición de un hombre bello, virtuoso y moral, como demuestra la culpa que siente Vincent por haber combatido y matado. La figura telúrica de Seberg, sus ojos volcánicos, resultan magnéticos, y por eso podemos comprender perfectamente la atracción ineludible que Vincent siente por ella. Pero no consiguen hacernos olvidar que la película reincide en una visión machista e interesada de la mujer y su sexualidad.

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Pero pese a esto, Lilith es un film rico en matices, lírico y desesperanzado, tanto por el descarrilamiento que sospechamos aguarda a Vincent como por el paisaje humano que se encuentra en su vuelta al hogar: Una madre con la que mantiene una relación distante, echada a perder para siempre. Una ex-novia (que interpreta una Jessica Walker, la Lucille Bluth de Arrested Development, tan joven que resulta irreconocible) casada ahora con un patán que la descuida y la maltrata (un debutante Gene Hackman). Todo ello junto con su estructura episódica, que la hace cercana a un sueño, y la fotografía de Eugen Schüfftan (que había trabajado con Rossen ya en El buscavidas y que fue el responsable de los efectos especiales de Metrópolis) hacen que Lilith resulte interesante en último término.

En 1961, se publicaba la obra póstuma del teórico del anticolonialismo Franz Fanon, Los condenados de la tierra. Menos recordada que la tesis de su primer capítulo -que la violencia puede tener un efecto positivo y transformador- es la que articula en su quinto capítulo, un compendio de casos clínicos que Fanon presenció como doctor en Argelia en plena guerra de descolonización. Allí trató a personas seriamente traumatizadas tanto por haber sido expuestas a la violencia como por haberla ejercido. Fanon incluía casos de torturadores, policías, militares, con serios problemas psíquicos y sentimientos de culpa en muchas ocasiones reprimidos. Vincent está claramente atormentado por su experiencia militar. En su personaje reside el principal aliciente de la película como representación del diagnóstico social de la enfermedad mental: En un momento dado Lilith le toma de la mano y le pregunta “¿has matado con estas manos?”. Colocándoles al mismo nivel, la escena subraya así la avenida de dos direcciones que discurre entre la guerra oficial y la enfermedad mental.

Lilith es un film complejo y contradictorio, bello por momentos, el último de su director, un film que inspira o repele.

2 comentarios leave one →
  1. Let'sPretend permalink
    Miércoles, noviembre 4, 2015 6:29 pm

    No he visto la película pero me gustaría aprovechar la oportunidad que me brinda la sección de comentarios de WordPress para reivindicar la presencia de Lilith en las clases de religión (y resto de asignaturas, ya que estamos) en las escuelas pues yo he crecido sin saber que Adán tuvo una esposa antes que Eva, llamada Lilith, que abandonó el Edén por sus santos ovarios y acabó instalada junto al mar Rojo, con un tal Samuel (su amante) y con un montón de demonios. Espero que esta Lilith se llame así por Lilith.

  2. Jueves, noviembre 5, 2015 12:55 am

    Hay varias Lilith. Una de ellas es la que mencionas, la hebrea. Todas ellas malas mujeres, demoniacas, es decir, libres.

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